Los tiempos pasados han dejado grabado en el parcelario de San Andrés un topónimo evocador de la religiosidad tradicional, el Ave María. Estos nombres de lugar pueden tener su origen en múltiples causas, aunque en buena parte de los casos son el recuerdo de un lugar sagrado al que sobreviven, que en el que nos ocupa podría ser el de una ermita consagrada a la Virgen. También es frecuente que remitan a posesiones eclesiásticas vinculadas a parroquias, conventos, iglesias o a las propias ermitas. En el caso del Ave María de San Andrés, según consta en el inventario del patrimonio arqueológico de la JCyL, parece ser el recuerdo de una ermita.
El lugar se encuentra relativamente cercano al pueblo aunque para llegar se requiere cierto esfuerzo. Es perfectamente visible desde San Andrés de San Pedro mirando hacia el este, lugar por donde baja desde oriente un corto y rápido barranco. En su sector central se localiza el Ave María. La mejor forma de llegar es tomar una pista que sale del cementerio local con la que pasaremos el río. Una vez atravesado ya estamos en el sector inferior del Ave María, solo queda ascender la barranquera. Se trata de una pronunciada pendiente con viejos cerrados abandonados y yermos, una ladera más de la vertiente meridional de la sierra del Rodadero. El terreno es hoy erial en el que crece vegetación arbustiva y unas decenas de metros al sur, al otro lado de la vaguada, se ha repoblado de coníferas.
Iniciando la observación desde arriba y asumiendo ya, visto el ascenso, que no veremos elementos clarificadores en el entorno, nos detendremos en el sector superior de la vaguada, donde se localiza una estructura rectangular… pero no tiene aspecto de viejo lugar sagrado, más bien parece un edificio agroganadero, tipo corral o tenada. Más interesante es el manantial que encontraremos unas decenas de metros aguas abajo, y bajando otros cien metros del torrente prestaremos atención a una estructura rectangular que recoge todo el agua del barranco, ...pero nada que recuerde las formas o algún detalle de una ermita.
Prácticamente no hay acuerdo entre las gentes de pueblo sobre el lugar exacto de su ubicación, incluso sobre la propia existencia de la ermita, sólo Sebastián, octogenario lugareño, quería recordar algo y se atrevió a apuntar que debió estar en el sector superior de la vaguada; otros, reconociendo no haber oído nunca hablar de ella, especulaban con su localización más abajo. En definitiva una ermita, la del Ave María, que durante un rato de animada conversación en la plaza del pueblo sacamos del olvido o, quién sabe si, simplemente, estamos ante una búsqueda imposible por tratarse de una ermita no real sino soñada.
Idoubeda oros 2015 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (texto y fotos)
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