sábado, 20 de marzo de 2010

ERMITAS EN EL NACIMIENTO DEL CIDACOS: SAN BARTOLOMÉ


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Hace unos meses nos contaba Isidoro, solo por edad memoria viva de Valloria, que no recordaba haber oído hablar nunca de la ermita de San Bartolomé aunque sí que con este nombre se conoce al paraje donde está hoy el cementerio que antes estuvo junto a la iglesia. Se localiza a unos 100m al oeste del pueblo y flanquea el camino tradicional que asciende y atraviesa los Montes Claros dirección Torrearévalo por un paso al que también da nombre el santo, el portillo de San Bartolomé.




No puede asegurarse que la ermita se emplazase exactamente sobre lo que es hoy cementerio, sin embargo es evidente que se reutiliza piedra labrada de una estructura anterior (pequeños sillares cúbicos o con formas semicirculares), casi con seguridad de la vieja ermita. Extraña del cementerio su forma irregular, con tres lados en ángulo y el cuarto semicircular; no sabemos la razón, aunque no sería extraño que estuviese aprovechando una posible forma absidiada de la cabecera pues curiosamente esta transición curva da al este. Estos datos (sillares, presunta forma absidiada, topónimo muy arraigado -lugar y paso natural-, patrono del pueblo) apuntan a que se trataría de una ermita de cronología más antigua de lo habitual en la comarca, quizás medieval.



Esta cronología es la que sugieren los restos de lo que parece fue una cruz de piedra que hemos localizado en las inmediaciones. Se trata de una cruz patada, trabajada en su frente con una especie de cordón y en paralelo una sucesión de nódulos; se suman otros motivos, quizás geométricos. Por desgracia la erosión ha hecho que el conjunto nos resulte indescifrable. Parece que esta presunta cruz ha perdido uno de los brazos.
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Además del topónimo y de su inclusión en el inventario de la Junta de Castilla y León, otro dato que suma evidencias sobre su existencia es el San Bartolomé que se conserva en la iglesia de Valloria, casi con seguridad la imagen de presidió la ermita. En la actualidad San Bartolomé es el patrono de Valloria, principal fiesta local que se celebra el 24 de agosto. Cuenta la tradición de este apóstol que predicó el evangelio desde la India hasta Armenia, donde fue martirizado; dicen que se negó a adorar a dioses paganos por lo que fue desollado. Su iconografía hace referencia a su vida y martirio; como predicador del evangelio suele aparecer con las Sagradas Escrituras en un brazo, como mártir sostiene en la otra mano el gran cuchillo con el que fue desollado (caso de la imagen de Valloria) o su propia piel.




Idoubeda oros 2009 etnografia: María LP., Nuria MM., Cristina AP., Manuel CD., Enrique BC., Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (texto y fotos)

sábado, 13 de marzo de 2010

ERMITAS EN EL NACIMIENTO DEL CIDACOS: EL SANTO



Hace muchas décadas que esta ermita, importante antaño en la vida de Valloria y Las Aldehuelas, está en ruinas. Los más mayores comentan que siempre la conocieron caída aunque con algo más de alzado en sus paredes. Recuerdan que de niños era uno de los sitios al que gustaban acudir y jugar intentando entre otras cosas tirar las piedras de sus muros, travesura que era difícil lograr -dicen- al estar fuertemente compactados con el tradicional mortero de cal.
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Está la ermita en una vaguada de la vertiente septentrional de los Montes Claros a la que da nombre, el barranco de El Santo, ruta natural entre el alto Cidacos y la cuenca del Duero que traspone el interfluvio a través del portillo de San Bartolomé. El lecho del arroyo sirve de linde entre los parcelarios de Las Aldehuelas (margen derecha) y Valloria (izquierda). La ermita se emplaza en la izquierda, a unos 100m del lecho del arroyo, perteneciendo por tanto a Valloria. Se trata de una dependencia jurisdiccional, que no posesión, pues de la documentación antigua se desprende su vínculo con la parroquia de Santa María de Yanguas y en última instancia de la desaparecida Comunidad de Villa y Tierra Yangüesa. Esta pertenencia parece que se pierde con las desamortizaciones del XIX, pasando entonces a manos de particulares.


Como decíamos arriba, los restos se encuentran unos 100m al norte del lecho, en el borde meridional de un pequeño rellano elevado unos 40m sobre el arroyo. Según cuentan tenía una vivienda inmediata. Lo que hoy se aprecia es un conjunto de derrumbes de muros con forma de trapecio y lados de unos 25m el este, 20 el sur, 15 el oeste y 19m el norte. En la esquina nordeste se localiza una estructura rectangular de 13'5 por 5'6m, de orientación norte-sur, casi con seguridad los derrumbes de la ermita en sí. Aún se ve el acceso en el sur, de poco más de un metro de anchura. En la cabecera, situada al este, el muro conserva en torno a 1'5m de altura. El resto del espacio está cerrado por un potente muro, recinto que viene a conformar una especie de corral y que tiene el acceso por el este. El tercio occidental está algo elevado y cerrado a su vez por otro muro; no está clara su función, quizás pueda tratarse de los restos de la vivienda aunque reacondicionados; sobre el terreno no puede asegurarse que se trate del antiguo solar doméstico.



El abandono y casi olvido de este lugar sagrado no mengua la importancia que tuvo en el pasado para las gentes del entorno. Pocas ermitas comarcales tuvieron vivienda anexa y además parece que se abasteció de agua -quizás regadío para las huertas inferiores- por medio de una canalización a la que aún se puede seguir el rastro; el pequeño embalse de recogida se adivina unos 300m lecho arriba y el canal muere justo al pie de la ermita. Interesante es también un gran bloque cuadrangular de piedra, clavado en tierra a modo de estela, aunque formando parte del muro de un 'cerrado' situado al oriente de la ermita. Es singular al tener grabada una cruz latina coronada por una inscripción de la que se pueden leer las tres primeras letras: AÑO. Proyección del muro, ya en el sector superior inmediato a la ermita, son los curiosos mojones tradicionales delimitadores de los quintos que se van sucediendo cada 15 ó 20 metros hasta perderse de la vista ascendiendo las peladas alturas de los Montes Claros. Entre la ermita y el lecho se construyeron dos chozos pastoriles, parece que tras su abandono por lo que más que probablemente se aprovecharon de su piedra.



Decíamos arriba que los restos de El Santo se encuentran en el término de Valloria y justo es clarificar ya que dicho santo es San Marcos, muy querido Valloria pero tanto o más en Las Aldehuelas, donde es además patrono local. Parece lógico pensar que antaño se celebrase una romería a la ermita, costumbre que se perdería con su abandono. Lo cierto es que la procesión de San Marcos existió hasta hace un par de décadas, aunque ajena a la ermita. Como contábamos al hablar de otra ermita, la de Santa María Caída, durante el último siglo la imagen de San Marcos estaba un año en Valloria y el otro en Las Aldehuelas, pasando de las manos de un pueblo a las del otro en una procesión que se celebraba el 25 de abril. Cuentan que, siempre dentro de la fraternidad propia del refrán que dice "lo bien repartido bien sabe", ambos pueblos rivalizaban entre sí con los choques de insignias y los cánticos, siendo siempre los más poderosos los que entonaban los vecinos del pueblo que dejaba ese año el santo cuando veían, desde el cruce de Santa María Caída, alejarse la imagen de San Marcos portada por los rivales.
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Mucho más puede hablarse sobre esta procesión, por ejemplo que las andas eran llevadas generalmente por mujeres pues buena parte de los hombres estaban con el ganado en Extremadura. Viene a cuento mencionar la visceral economía trashumante de la zona al hablar de lo que la tradición oral dice sobre el origen de la ermita; Juan, hijo de Las Aldehuelas, cuenta haber oído de niño que la ermita recuerda un milagro, la aparición de San Marcos a un pastor local. No es extraña la elección de un pastorcillo pues es común en la comarca reconocer que en torno a Valloria crecen los pastos más finos de toda Tierra de Yanguas.

Para concluir, una impresión que es también recomendación. Visitar y disfrutar entre mayo y julio esta naturaleza esplendida, inmersa además en el paisaje propio de un parcelario antiguo, es un viaje sencillo por la grandeza del pasado, un privilegio de nuestra Sierra que quizás pierda pronto parte de ese valor de recorrido por los ambientes rurales a los que dieron forma generaciones y generaciones de nuestros antepasados. En no muchos años, los que faltan para que se reordenen las propiedades derivadas de la moderna concentración parcelaria, puede pasar a ser lo que son otras muchísimas tradiciones y elementos detenidos en el tiempo, no una realidad en la que recrearse sino un grato recuerdo para los que estamos teniendo la suerte, hoy, de disfrutarlo.
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Idoubeda oros 2009 etnografía: María LP., Nuria MM., Cristina AP., Manuel CD., Enrique BC., Eduardo AP.
Para esta entrada: Cristina (dibujos autoCAD), Eduardo (texto y fotos)

sábado, 6 de marzo de 2010

ERMITAS EN EL NACIMIENTO DEL CIDACOS: SANTA MARÍA CAÍDA


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Ninguna de las personas con que hemos tratado en Las Aldehuelas reconoce saber algo de esta ermita que consta en el inventario arqueológico de la Junta de Castilla y León, aunque algunos sí comentan el recuerdo de su existencia, incluso nos indicaron el punto exacto de su emplazamiento. El paraje marco es singular, un pequeño testigo rocoso de la margen derecha del Cidacos tallado a modo de meandro en tres de sus lados, el cuarto se proyecta dirección nordeste hacia los altos de Alba. Unos 300 metros aguas arriba está el barrio bajero de Las Aldehuelas, conectado con la ermita por lo que fue el viejo camino de El Valle, hoy carretera del puerto a Santa Cruz de Yanguas. El lugar es también encrucijada; de la carretera sale un camino que salva el Cidacos por un puentecillo al pie de Santa María Caída y se dirige al barranco de El Santo desde donde asciende a los Montes Claros.
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No está totalmente concretado su emplazamiento pues hay quien dice que pudo estar en el abrigo sur de la roca; sería inusual para lo acostumbrado en la comarca y ningún indicio se aprecia sobre el terreno. Más verosímil es otro punto que nos han asegurado. Sobre el pasillo que conecta la carretera con el cogote rocoso se aprecia una pequeña plataforma rectangular, evidentemente artificial, donde pudimos ver algún fragmento de teja y un reducido número de trocitos cerámicos de aspecto moderno y contemporáneo. El uso de la piedra aterrazando los cerrados sobre el río y, sobre todo, su inusual abundancia delimitando el camino tradicional en torno al cogote evidencian su problable reutilización aprovechando los derrumbes de la ermita.
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Llama la atención el calificativo que enriquece la advocación mariana de la ermita, "Caída". Dos Posibilidades habría para explicarlo, una muy dudosa aunque atestiguada en la comarca, que se tratase de Santa María Magdalena (ermita de Camporredondo donde es además titular de la parroquia). Otra, más que probable, que sea la Virgen María y que haga referencia a alguna anécdota de esta Virgen o incluso que lo haga a la descripción del deterioro y pérdida de la propia ermita, como sabemos desaparecida con todo el proceso de ruina y 'caída' que conlleva.
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En este paraje, concretamente en el punto más próximo a la ermita del camino de Las Aldehuelas a Valloria, dicen que existia una cruz que desapareció al transformar el camino en carretera. Bajo la cruz y el día de San Marcos (25 de abril), se reunían en procesión procedentes de ambos pueblos, curas, santo y vecinos enarvolando y chocando sus estandartes e insignias. Aquí pasaba la imagen de San Marcos de un pueblo a las manos del otro pues se repartían su custodia alternativamente, un año en una aldea y al siguiente en la otra. El pueblo de los receptores del Santo era el encargado de costear la comida popular y como nos contaba El Marcelino dejaban un garrafón de vino para disfrute de los muchachos. Esta anécdota de Marcelino que nos contó jocoso pensando en ¡¡cómo han cambiado los tiempos!!, más allá de su obligada no justificación, es preciso contextualizarla en su tiempo y rogar a los posibles lectores que sean comprensivos y se liberen de los pre-juicios actuales.
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Volviendo a incidir en la advocación de Santa María Caída, y aún a sabiendas de que es más anécdota que argumento para apoyar la advocación más que probable de la Virgen, el paraje, como todo el entorno de Las Aldehuelas y Valloria es un territorio en el que en primavera y muy especialmente en mayo y junio la naturaleza se muestra fecunda y explosiva en belleza, unos meses, especialmente el primero, que para nuestra cultura de raíz greco-romana y judeo-cristiana es el mes de las flores, el mes de María.
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Idoubeda Oros 2009 etnografía: María LP., Nuria MM., Cristina AP., Manuel CD., Enrique BC., Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (Fotos y texto)