Las laderas orientales del alto de El Ayedo acogen en su sector alto una ermita-santuario que da nombre a un largo barranco de la margen izquierda del Linares, el de San Fructuoso. Ubicada como decimos en su parte alta, a más de 1.400 m de altura absoluta, el circo superior protege a la ermita de las inclemencias norte y oeste. Sus restos se esconden en el interior del gran bosque de coníferas repobladas que es hoy todo el sector de barranqueras al norte de la cubeta de San Pedro. Entre los pinos sólo se atisba su localización desde la lejanía por la presencia de algunos robles, recuerdo de la masa forestal dominante en el pasado que imaginamos también complementada con amplios espacios de pastos estivales.
Se trata de un santuario solitario que evoca una larga tradición sagrada vinculada a la naturaleza abrupta y escondida de la que forma parte. El pueblo más cercano, Buimanco, está a unos 4 km, y Taniñe, a cuyo parcelario pertenece dista 5 km. Para acceder es necesario recorrer unos cuantos kilómetros por pistas forestales. Se deja el asfalto en Taniñe, donde hay que tomar la pista que sale dirección norte hacia Buimanco. Recorridos unos 3 km, salvado el lecho del barranco de Valdeavellano y ascendida toda su margen izquierda, tomaremos la pista que se desvía hacia poniente, hacia el alto de El Ayedo. Recorridos 2 km más tomaremos otra que sale dirección norte. A 2 km, inmediatas por la derecha a la pista, devoradas por arbustos, zarzas y maleza, se localizan las ruinas de lo que queda de ermita y lo que pudo ser la casa del santero.
Dos son las estructuras visibles ordenadas entre ellas dibujando un codo. Una es cuadrada, tiene cabecera en el este y acceso por el oeste. la otra es rectangular y con la orientación contraria, es decir, lado largo norte-sur con entrada por el oeste. Esta estructura rectangular de 15,50 x 7,60 m conserva un máximo de 3 m de altura en sus muros de piedra, aparentemente trabada en seco o con barro, y ha perdido íntegramente la cubierta, que fue de teja.
La estructura nordeste es cuadrada con unos 7 m de lado y tiene un amplio acceso por el oeste de más de 2 m de ancho. Estuvo levantada en piedra trabada con mortero de cal y su interior se enlució con un revoque de barro. Sus muros conservan un máximo de 2 m de alzado y también ha perdido la cubierta, de teja por los fragmentos que ruedan dispersos en el entorno.
Respecto a la estructura sudoeste llama la atención su relación con el arroyo de San Fructuoso, que nace muy próximo por el sudoeste para desaparecer unos metros antes de esta estructura y reaparecer por debajo de los derrumbes del lado sur; parece evidente que se encauzó por debajo del edificio (o mejor, el edificio se superpuso al arroyo canalizado al efecto). En esta salida a modo de manantial que sale del edificio es donde más fragmentos cerámicos se han visto, lo que apunta a que debió usarse como fuente, si es que no lo fue.
G. Martínez, en su trabajo sobre las comunidades de villa y tierra castellana, indica que en el entorno de la ermita existió un despoblado denominado Sanchonoble. Por su parte Gervasio Manrique apunta que se hacía una romería en el mes de abril que salía a las 7 de la mañana de la parroquia de San Miguel de San Pedro Manrique en la que participaban las cuatro parroquias de la villa con sus insignias. La romería culminaba con una comida en la ermita costeada por el cabildo. La celebración de la romería en abril remite a San Fructuoso de Braga, noble godo berciano muerto en la segunda mitad del siglo VII un 16 de abril, su festividad, que fue obispo de Braga y también fundador de una regla para el retiro eremita en la que el cuidado del ganado tenía un papel sustancial. Retiro espiritual y austeridad con la vida pastoril como referencia evocan a un lugar sagrado que se quiso muy apartado y al que hay que presumir un origen muy remoto, tanto como el de la vigencia de la propia regla monástica de San Fructuoso.
Idoubeda oros 2017 etnografía: Maricruz GC, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eva GV (dibujos autocad), Eduardo (texto y fotos)
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