sábado, 5 de marzo de 2022

EL HUMILLADERO DE ABAJO (II) (VILLAR DEL RÍO)


Hace unos años describíamos las ruinas y el contexto del Humilladero de Abajo, una ermita de características y cronología modernas de la que eran visibles las paredes de su pequeño recinto, estructurado en capilla y porche de acceso. De su tejado sólo quedaban indicios de que tuvo caída a cuatro aguas y fragmentos de teja esparcidos por el entorno. Este conjunto de restos se escondían entre un marasmo de zarzas y maleza en el borde mismo del arcén de la carretera de Soria a Calahorra, a poco más de cien metros de los últimos edificios de Villar del Río. Unos restos, en definitiva, abandonados y, en cierto modo, olvidados.

Humilladero de Abajo escondido en el arcén. Marzo de 2010
El Humilladero escondido en la maleza (año 2009)

A principios del pasado año 2021 vimos cómo se había limpiado el entorno y habían comenzado obras de rehabilitación de su estructura. Un año después, este pequeño humilladero ha recuperado visibilidad y cierta sensación nostálgica de lo que fue, refugio y descanso junto al camino, a la entrada del pueblo, que recordaba al transeúnte que en el Villar vivía gente de bien y temerosa de Dios, un Dios al que se debía encomendar y humillarse (es decir, persignarse al pasar delante de la ermita), antes de entrar al pueblo, de ahí su nombre: Humilladero.


El hecho de localizarse junto a una carretera, con los progresivos ensanchamientos de la calzada para facilitar el tránsito de los vehículos, ha hecho que, ya cuando la conocimos hace más de una década, el arcén se hubiese comido parte del porche de acceso, solo quedaban de él los repuntes salientes de las paredes laterales que lo acogían. Era obvio que recuperar la planta original, porche incluido, era imposible; ha sido sustituido por una amplia visera, proyección del tejado, que protege la puerta; también se ha sustituido el viejo acceso geminado por una entrada de vano único coronada por un arco de medio punto. 

La planta de la capilla se ha mantenido intacta, con la hornacina para la imagen que presidía el humilladero en el norte, probablemente la de Cristo, hornacina de la que se ha enlucido el fondo con una mano de cal. Solo se ha alterado el acceso meridional, sustituida la tradicional doble puerta por una única. La reconstrucción de la cubierta muestra un sencillo pero elegante interior de madera con caída exterior a dos aguas que se proyecta hacia el sur en un amplísimo (por saliente) alero, que resguarda la  entrada.

El Humilladero escondido, sector norte (año 2009)

La maleza del entorno inmediato también se ha limpiado y se ha consolidado parte del muro tradicional que separaba el camino del parcelario, muro que por el este llega hasta cerca del puente que salva el Ostaza; para bajar se han habilitando unos básicos y eficaces escalones para alcanzar la base del arcén. Por el oeste la limpieza deja visible la parcela, hoy de cereal, situada allende el muro, una parcela a la que llegan los restos cerámicos celtibéricos de Las Gimenas, núcleo urbano de época celtibérica tardía y romana altoimperial, que se proyectan por la margen izquierda de El Vallejo. En definitiva, una recuperación más de nuestro patrimonio etnográfico, en este caso adaptado y condicionado  por las circunstancias que exigía el compartir frente con la carretera.

 

Idoubeda oros 2022 etnografía: Maricruz GC, Eduardo AP.

Para esta entrada: Eduardo (texto y fotos). 

© idoubeda 2022


martes, 11 de enero de 2022

SANTO TOMÁS (SAN PEDRO MANRIQUE)


Cuando se habla del orden religioso-administrativo de San Pedro Manrique durante el Antiguo Régimen suele repetirse que se organizaba en cuatro parroquias, Santa María, San Miguel, San Juan y San Martín, que a su vez se repartían las ermitas y las parroquias de las aldeas de su Comunidad de Villa y Tierra. Estas cuatro parroquias aparecen como iglesias a finales del siglo XVIII en Miguel A. Martínez, y como tales sobrevivirán hasta entrado el siglo XIX.


Hace un lustro (2016)  C. Munilla publicó un trabajo sobre San Pedro Manrique y su tierra; en él aparece la mención, a finales del siglo XV, de una quinta iglesia o parroquia, la de Santo Tomás, obviamente desaparecida hasta del recuerdo en el XVIII. Remitiendo a notas de Saturio Barrero, Munilla habla del culto en esta iglesia a su titular, Santo Tomás Apóstol y a Santa Catalina.

Nos decía Antonio Arroyo, amigo además de párroco, que ninguna imagen de Santo Tomás se conserva en la actual parroquia, ni dato o referencia alguna a propósito del culto a este apóstol. Sí que queda un topónimo que puede orientar sobre dónde pudo estar su emplazamiento (gracias Dolores): "las huertas de Santo Tomás", un lugar éste en el que según consta en la documentación municipal existió un antiguo cementerio (en este caso, gracias Tito). No son datos definitivos, ni mucho menos, pero sí lo suficientemente válidos como para plantear la hipótesis de que pudo localizarse en este entorno la antigua iglesia de Santo Tomás.

El lugar, confluencia del arroyo del Regajo con el Linares, es espacio suburbano de San Pedro, tiene muy cercana la actual depuradora y está rodeado por naves-granja. Más inmediato es un bonito camino o calleja que recorre el sureste, limitado al sur por una alta pared de piedra que aterraza la parcela superior. Inmediato al camino por el norte está el solar del viejo cementerio y en el entorno hemos de imaginar que hubo algo más que el hoy espacio vacío si estuvo aquí la antigua iglesia. El terreno conforma un triángulo dividido por un murete en el que se oxidan lo que en su día fueron aperos agrícolas, ladrillos y maderos de viejas estructuras domésticas.  En definitiva, nada que recuerde a esta ancestral parroquia perdida en el tiempo pero viva en las notas de Saturio Barrero.


Idoubeda oros 2022 etnografía: Maricruz GC, Eduardo AP.

Para esta entrada: Eduardo (texto y fotos).

 

© idoubeda 2022