sábado, 27 de noviembre de 2010

ERMITAS EN MONTE REAL Y LA VILLA: LA SOLEDAD DE CAMPORREDONDO


Una nueva advocación mariana a la Soledad se localiza en Camporredondo, como es habitual a la salida del pueblo, por el camino tradicional que conduce a la villa hoy carretera local Yanguas-Diustes.

Una vez más se describe en la ermita de la Soledad de Camporredondo la estructura sistemática de este tipo de construcción comarcal datable en los siglos XVII-XVIII, un conjunto de planta rectangular con capilla cuadrada precedida de porche comunicados mediante doble puerta gemela. La cabecera está en el noroeste y el acceso en el sudeste, de cara al camino.

Excepción a la norma es la caída de su cubierta, a dos aguas. Separando el interior de la techumbre respecto de la capilla y el porche se colocó el habitual entramado horizontal de cañizo y estuco, quizás producto de la última restauración. En la cabecera estaba el altar coronado por una hornacina presidida por la imagen de la Virgen, una Dolorosa que los curas se llevaron a Diustes, nos dice Josefa. Toda la capilla se recubrió de estuco y se enlució con cal; en su última época la parte inferior de las paredes estuvo pintada de azul, a modo de zócalo. El porche también se enlució con estuco y se pintó de amarillo, tapando incluso los sillares de piedra que enmarcan las puertas; en los laterales dispuso de sendos poyos de asiento.

Como decíamos arriba parece que estas características que se aprecian en la ermita proceden de la última reforma, hecha según Josefa por el Francisco hace unos 30 años. A pesar de los arreglos hacía tiempo que se había perdido la tradición de sacar en procesión a la Virgen, una procesión que sí llegó a conocer la madre de Josefa, aunque no recordaba el día del año que se celebraba. Hoy la ermita de la Soledad de Camporredondo es un poco reflejo del pueblo, una ermita abandonada, con el techo caído y comida por los matorrales y las zarzas, pero con el encanto que sugieren algunos de sus elementos constructivos más antiguos escondidos bajo el derrumbe y la maleza o solapados bajo el estuco.

Idoubeda oros 2010 etnografía: Nuria MM., Cristina AP., Manuel CD., Enrique BC., Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (texto y fotos)

domingo, 21 de noviembre de 2010

EL TRENZADO DE LA CINTA EN SANTA CRUZ DE YANGUAS


Idoubeda etno abre un camino nuevo en sus objetivos de recuperación, documentación y divulgación del patrimonio etnográfico serrano: el folclore. Son sobradamente conocidos los rituales conservados en San Pedro Manrique y su entorno por su excepcionalidad (paso del fuego, móndidas...) pero no son los únicos, hay un folclore común en toda la comarca, por lo general rituales festivos, que en cada pueblo tienen alguna particularidad propia: mayos, rondas, ramos, etc. Dentro de la tradición comarcal ciertas costumbres sobrepasan el listón de lo generalizado y, sin ser exclusivas, si cuentan con un importante grado de singularidad.

Publicamos hoy la noticia de uno de estos casos, la recuperación, medio siglo después de su última representación, de un baile/danza tradicional conservado en la memoria de un rincón de la Serranía Ibérica, Santa Cruz de Yanguas. El trenzado de la cinta no es exclusivo de Santa Cruz, sabemos que se hizo también en Oncala, donde parece que aún conservan en un rincón de la iglesia el mástil o, como denominan en La Rioja, el árbol en torno al que giran los trenzadores. También se representa en otras localidades de Soria, La Rioja -especialmente en Cameros-, Aragón, Cataluña... muchas veces fundidos con otros modos de hacer y bailar.

Estaba el trenzado de la cinta en Santa Cruz muy relacionado con los paloteos, eran los mismos mozos y mozas los que danzaban y ambos estaban vinculados directamente con la festividad de la Virgen de las Escobillas, el 8 de septiembre. Los paloteos parece que se bailaban en más ocasiones, a criterio de los mozos y solicitudes del ayuntamiento, los vecinos, etc., sin embargo la cinta era un baile más 'oficial', solo se trenzaba el día de la festividad de la Virgen de las Escobillas y no todos los años, nos cuenta Félix Jiménez.

El trenzado de la cinta de Santa Cruz consiste en ejecutar una danza en torno a un mástil de unos 3m de altura del que cuelgan 8 cintas de otros tantos colores. Cada cinta es sujetada por un mozo o moza que, dando vueltas en torno a mástil y cruzándose entre ellos, configuran en el tercio superior del árbol un colorido trenzado por el cruce de las cintas. Llegados a un punto, y al ritmo de la música se invierte el proceso, el destrenzado, hasta quedar como al principio, libre el árbol de las cintas. Cualquier fallo en los pasos de un solo trenzador supone una anomalía en la armonía del trenzado y, a veces, la imposibilidad del correcto destrenzado y por tanto de finalizar la danza.

Coincidiendo con la celebración en Santa Cruz de Yanguas del Otoño en Tierras Altas, se ha recreado este fin de semana la danza (20 de noviembre de 2010), ejecutada por primera vez desde que se dejara de hacerlo hace medio siglo. Una jornada festiva en la que el sol de invierno ha ayudado a una representación vistosa mezclada con una gastronomía tradicional acorde a la frescura serrana (caldereta de migas, choricillos, costilla y tocinillo). Se ha conseguido gracias al esfuerzo y empeño de todo el pueblo que ha creído en ello a pesar de las muchas dificultades que conlleva la documentación y los ensayos; hace falta poner mucha voluntad cuando los lugares de residencia de buena parte de quienes han participado en esta recuperación distan muchos kilómetros. No vamos a dar nombres de quienes han estado empujando día a día, sea desde el pueblo sea desde su casa lejos de Santa Cruz, sí el de quien representa a todos, el alcalde Claudio, que confió en su comisión de desarrollo y cultura. También el de Fernando, gaitero para el caso, y folklorista de la música soriana que ha recuperado el corazón de nuestras danzas, su música. Vital ha sido, por último, Concha, gerente del plan de dinamización del producto turístico de Tierras Altas, que apostó y sigue apostando por la revitalización comarcal plasmada en Santa Cruz en el potencial etnográfico-cultural que atesora la memoria de nuestros mayores.

Idoubeda oros 2010 folclore de SCY: Juanje, Espe, Isabel, Yoli B., Hugo, Divi, Cristina y Toño (trenzadores), Vicente (video), Claudio y muchos más (cocina), Cristina, Mamen, Juanje, Espe, Toño (intendencia, compras, etc.), Claudio, Javier SM., José Luis SM., Toño y Valeriano (diseño mástil)

Para esta entrada: José Antonio MM. (documentación y alma) Félix JJ. y Valeriano dO. (documentación), Eduardo (documentación, texto y fotos)

viernes, 12 de noviembre de 2010

ERMITAS EN MONTE REAL Y LA VILLA: LA MAGDALENA


Se llega a las ruinas de la Magdalena tomando la carretera que asciende hacia el alto Ostaza dirección Diustes; unos 200m después de pasado Camporredondo, atravesado el lecho de una vaguada que baja de Monte Real, tomaremos la pista que asciende dirección norte. Recorridos unos 100m alcanzamos una gran explanada; en el borde meridional y asomado al río Ostaza, entre zarzas y maleza se ve un esbelto muro solitario: es lo que a simple vista queda de la ermita.

Una observación un poco más atenta indica que tuvo planta rectangular con perfecta orientación norte-sur. La fábrica del muro es de sillarejo trabado con un potente mortero de cal. Este hecho más la apariencia de que se estructuró en una sola nave apunta a que estamos ante un edificio religioso más antiguo de lo usual en la comarca, la plena Edad Moderna.

No es mucho lo que se recuerda sobre esta ermita, que para los hijos más mayores de Camporredondo tuvo categoría de iglesia. Sí se conoció la pared citada en mejor estado, un muro que, por la descripción de Josefa, es sin duda el recuerdo de la espadaña: una torre grandísima coronada por el hueco para colocar la campana. Hoy los restos tienen forma triangular, una pared de unos 75 cms de grosor y que conserva más de 5m de altura.

Dato más que significativo para valorar la importancia de la ermita en Camporredondo es el hecho de que la parroquia del pueblo tiene por advocación a la Magdalena y que su festividad, el 22 de julio, era también la fiesta del pueblo. Parece que La Magdalena de la parroquia procede de esta iglesia, un dato que nadie llegó a conocer aunque sí es una tradición oral. Siempre es recomendable una visita al alto Ostaza; llegar a estas ruinas supone disfrutar de una panorámica excepcional del hayedo de Diustes-Camporredondo, en un entorno que cuenta con las dos figuras de protección medioambiental comunitaria: LIC y ZEPA.

Idoubeda oros 2010 etnografía: Nuria MM., Cristina AP., Manuel CD., Enrique BC., Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (texto y fotos)

viernes, 5 de noviembre de 2010

ERMITAS EN MONTE REAL Y LA VILLA: LA SOLEDAD DE DIUSTES


La advocación mariana a la Virgen de la Soledad es la más abundante en el Cidacos soriano, vimos hace unas semanas la de La Cuesta, toca hoy la ermita de la Soledad de Diustes. Decían Andrés y Postigo a propósito de estas soledades que se ubicaban en el borde de un camino o paseo, incluso en lugares apartados, donde la Virgen llora en soledad la muerte de su hijo.


La Soledad de Diustes está a la salida del pueblo, siguiendo la llamada Calle Real que se proyecta allende la última casa en lo que es su principal vía de comunicación, la que lleva a la Villa, Yanguas. Situada en la margen izquierda del Ostaza, se eleva unas decenas de metros sobre el lecho, del que dista poco más de 100m. En la otra margen, la derecha, el Hayedo de Diustes-Camporredondo muestra un paisaje de excepcional colorido en otoño y frescura en primavera o verano; no en vano junto con la otra vertiente de Pinoso (Santa Cruz de Yanguas) estamos en un espacio de la red natura 2000, los únicos lugares de Tierras Altas que cuentan con las dos figuras comunitarias de protección medioambiental , LIC (lugar de interés comunitario) y ZEPA (zona de especial protección para las aves).

Tiene la ermita casi perfecta orientación norte-sur, con cabecera en el norte. La planta del conjunto es rectangular y se estructura en una capilla también rectangular a la que se accede por dos puertas gemelas precedidas de un porche abierto al sur. Tuvo cubierta a cuatro aguas, más rebajada y larga al sur para cubrir el porche, y alero con el tradicional juego de teja y ladrillo. Se trata por tanto del orden habitual de las ermitas comarcales, que parece proliferan entre los siglos XVII y XVIII, con diversas remodelaciones y arreglos posteriores.

La fábrica de capilla y porche es de piedra, que se recubre y enluce con cal. Ambas tuvieron el suelo empedrado con pequeños cantos rodados. La capilla tiene sobre el altar de la cabecera una hornacina adintelada en la que estaba la Virgen. Excepcional es la existencia de una hornacina lateral en la pared oeste de las mismas características que la de la cabecera. Comunicando capilla y porche dos robustas puertas gemelas rematadas en arco de medio punto dovelado. Arriba entre ambas un pequeño rosetón con eje y radios de hierro. Excepcional es también el trabajo en madera que decora el acceso al porche: una estructura adintelada con madera recubierta de estuco que deja caer y ver un elegante artesonado central.

Según nos contaban en el pueblo, esta ermita cobraba protagonismo durante Semana Santa y en su festividad, el 3 de octubre. En Semana Santa se iba en procesión con dos pasos por la noche, el 'Cirineo' y la Cruz. Dicen que acudían los pastores y se iluminaban con antorchas. En su festividad del 3 de octubre también se sacaba en procesión, subastándose las andas al salir de la ermita. Se proseguía en procesión hasta la iglesia de Diustes donde se repetía la subasta para entrar. Una semana después volvía a haber procesión para devolverla a la ermita. Cuentan Andrés y Postigo que en paralelo a esta procesión de la Virgen se hacía otra más 'profana' con una oveja y los mozos del pueblo como protagonistas; finalizaba la 'procesión' de mozos llegados al barrio de arriba donde se recitaba un sermón jocoso tras lo cual la oveja les servía de banquete.

Hoy es esta soledad una de las ermitas comarcales mejor cuidadas, perfectamente encalada y limpia, con la capilla cerrada bajo llave aunque con el porche abierto desde donde se puede disfrutar sentado en los poyos laterales de madera de una sobrebia visión del hayedo.

Idoubeda oros 2010 etnografía: Nuria MM., Cristina AP., Manuel CD., Enrique BC., Eduardo AP.
Para esta entrada: Nuria (dibujos autoCAD), Eduardo (texto y fotos)