Las visitas a Rabanera y su entorno han resultado y resultan siempre estimulantes, nunca faltan las expectativas de descubrir algún nuevo misterio solapado entre las piedras de su importante patrimonio arquitectónico, o entre los surcos de la reja del arado que desvelan un pasado arqueológico de amplio recorrido temporal. Más recientes, lo que fueron las calles del despoblado, dicen que empedradas, evocan leyendas con querencias sentimentales vinculadas a viejas historias de trashumantes y no tan viejas tragedias de nuestra historia reciente. Se trata sin duda de un rincón serrano que no deja indiferente.
Aunque el edificio es visible desde la carretera que de Huérteles va a San Pedro Manrique, para llegar a las ruinas del edificio lo mejor es tomar un camino rodado que sale dirección poniente desde el ramal de acceso de dicha carretera a La Ventosa. Recorridos unos 300 metros llegamos a la antigua iglesia. Antes, la abundancia de piedra al norte del camino y los derrumbes al sur apuntan a que lo que hoy son ruinas de una ermita fue antaño iglesia de una aldea despoblada.
Las ruinas del edificio mantienen ese empaque que transmiten las construcciones sólidas a pesar de ser evidente el deterioro debido, entre otras cosas, al expolio de la piedra. Una parte importante de la estructura ha desaparecido: todo el muro de cierre sur y la cubierta, además de muchas de las piedras talladas y escuadradas de lo que fueron arcos, esquineras y pilastras. El edificio tiene planta rectangular con cabecera absidiada semicircular en el este y espadaña en el oeste, es decir, mantiene una canónica orientación este-oeste. Dicha espadaña contó con tres ojos, el superior hoy cegado, los tres con arco de medio punto ligeramente apuntado parece que obra del siglo XVI. El acceso principal lo tuvo en el sur, hoy desaparecido, y contó con una pequeña puerta en el norte coronada por un arco de medio punto del que faltan las dovelas, como toda la buena piedra expoliadas.
Son numerosas las leyendas que tienen como referencia el despoblado de Rabanera. Dicen que se abandonó por un incendio, apareciendo ya como despoblado en la obra de Madoz a mediados del siglo XIX. Por los restos cerámicos (tejas, cerámicas vidriadas, etc.) y los derrumbes, las casas debieron concentrarse en torno a la vaguada situada al este de la ermita.Una antigua historia que recoge M. Martínez (1796) dice que junto a la ermita se le enganchó una campana en la reja del arado a un labrador, y que dentro había escondida una fiera serpiente, conociéndose desde entonces la pieza como Los Lugares de La Campana. También cuenta que la titular de la iglesia era Santa María de la Blanca y que en su retablo se leía en letras góticas: La Villa de Rabanera. Parece que en tiempos muy remotos los vecinos de La Ventosa, aún sin iglesia, iban a oír misa a Rabanera, y más recientemente había una romería el día de San Marcos que congregaba a las gentes de La Ventosa, Palacio de San Pedro y Montaves.
Unas decenas de metros al sur de la ermita se levanta el bastión de un poblado fortificado de tiempos celtibéricos, El Castillo de Rabanera, poderosa fortaleza de extraordinario valor arqueológico en la que aún puede adivinarse el foso que parece se salvaba mediante un pasillo o puente. En época romana se amplía el espacio ocupado alcanzando el sector norte de la ermita, por donde pasa el camino tradicional empedrado que de Huérteles y Palacio de San Pedro conduce a San Pedro Manrique.
Castillo de época celtibérica del que se sabe procede una fíbula de caballito, lujoso imperdible que dicen era símbolo privilegiado con el que fijaban su capa a los hombros las élites ecuestres arévacas. Tranquila aldea en época romana, también poblado de supervivientes tras la crisis del mundo antiguo, vivo en los difíciles siglos oscuros de la Alta Edad Media y, por fin, aldea plenomedieval con iglesia en la que es evidente su estructura románica que se enriquece en los primeros tiempos de la Edad Moderna con una esbelta espadaña. Un paraje en definitiva en el que es fácil dejarse llevar por el ensueño de generaciones y generaciones de gentes de la tierra que dejaron entre las piedras de Rabanera el aliento intenso de una parte de la vida y de la historia de nuestra sierra.
Idoubeda oros 2016 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eva GV (dibujos autocad), Eduardo (texto y fotos).
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