sábado, 26 de febrero de 2011

ERMITAS DEL ALHAMA: LOS CASARES DE POBAR


Pasado el término de Suellacabras aguas abajo del Alhama entramos en el parcelario Pobar. En la margen izquierda, una vez superadas las barranqueras en las que se encajona el río, se extienden rellanos y cuestas cerealistas alternados con manchas de encinas; este entorno ha sido modelado por algunos arroyos que buscan el Alhama. En una acogedora solana inmediata a una de estas vaguadas hubo antaño un poblado de nombre original olvidado; el que la tradición nos ha legado, Los Casares, deja bien clara su relación con una vieja ocupación humana.


Entre los pedregales en que se han convertido lo que fueron sus calles y edificios, abundantes fragmentos de tejas y algunos trozos de cerámicas, sobre todo vidriadas, evocan la vida que tuvo el lugar en tiempos modernos y posiblemente bajomedievales. Hubo de tener este viejo pueblo su lugar sagrado, una pequeña iglesia o ermita de la que se ha perdido toda evidencia sobre el terreno.

Pero no todo es olvido. Antonio, buen amigo y vecino de Pobar, me decía que en el lugar llamado Sancho García, distante varios centenares de metros de Los Casares, tenían sus habitantes la fuente donde iban a por agua, un manantial que aún existe en el barranco del mismo nombre. También nos decía Antonio que hay quien quiere recordar donde dicen pudo localizarse la ermita. Él mismo se inclina a pensar que hubo de estar en una parcela situada en la otra margen de la vaguada, una pequeña finca de perímetro cerrado con muro de piedra que tiene en el centro un pequeño derrumbe de piedras, la Cerrada de Juan Pinilla. Parece claro que el derrumbe central pertenece a alguna pequeña estructura, si fue o no la de una ermita no lo hemos podido determinar.

Otras fuentes, en este caso toponímicas, apuntan a que otro lugar inmediato, El Calaverón, pudo ser donde estuvo el lugar sagrado. Cuentan que allí se localizaron restos humanos, lo que explicaría el topónimo. Según esto se trataría de una necrópolis, el cementerio de Los Casares, interpretación verosímil por distancia con el despoblado (no más de 200m) y la propia lógica de ubicación de los camposantos. Pero nada hemos visto en su entorno: ni huesos, ni derrumbes, ni siquiera piedras en los ribazos que sugieran la existencia de un cementerio con su ermita desmantelada.



Idoubeda oros 2011 etnografía: Nuria MM., Manuel CD., Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (texto y fotos)

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domingo, 20 de febrero de 2011

ERMITAS DEL ALHAMA: SAN CAPRASIO



Si se hace aguas abajo la recientemente señalizada ruta del río Alhama, tiene como primer hito en el que detenerse tranquilo una de las ermitas con más encanto de la serranía, un rincón en el que la realidad se confunde con la leyenda. La ermita de San Caprasio supone el primer golpe de profundidad en el camino: además de haber olvidado ya el asfalto, es el momento en el que uno se pierde también en las historias mágicas de otro tiempo.


Dicen que la ermita fue en su día la iglesia del pueblo viejo de Suellacabras, que toma nombre precisamente del santo; desplazada la población un kilómetro aguas arriba (actual Suellacabras) quedó despoblado el lugar, pasando la iglesia a ser primero santuario y después ermita. Se emplaza en la margen izquierda del río, en solana, inmediata al camino y asomada al Alhama sobre las primeras laderas en las que se abancala el terreno.



Se trata de un edificio con irregular planta rectangular de nave única que tiene la cabecera absidiada en el este y está precedido por un gran pórtico paralelo a la nave. La proyección este del porche es paralela al ábside y en los últimos tiempos parece que sirvió de sacristía, espacio contiguo al que se accedía desde el presbiterio. A pesar de que muchas de las estructuras apreciables tienen trazas modernas, son evidentes elementos mucho más antiguos, como el ábside, que por las características de sus canecillos puede remontarse al siglo XIII.

Por desgracia la estructura está en ruinas, un deterioro progresivo que va avanzando desde su abandono allá por la década de los sesenta. Tiene ábside semicircular con bóveda de horno al interior y alero con canecillos de cuarto de bocel. En el presbiterio bóveda de cañón apuntada. La nave se cubrió con techumbre de teja soportada por vigas de madera y tablizo, hoy derrumbadas. Delante de la nave un pórtico a modo de claustro y al este la sacristía. Porche, nave y presbiterio se empedraron con cantos menudos de río. El conjunto de la estructura se levantó con mampuesto que en los puntos clave son sillares: esquinas, arcos dovelados, canecillos, vanos...

Las paredes internas del ábside y el presbiterio se cubrieron con una elegante pintura mural, hoy a la intemperie, decoración que ha sido datada en el siglo XVIII. Con el abandono de la ermita 'huyeron' también San Caprasio, Santa Lucía y otros santos que, para evitar el robo, fueron alojados en la ermita de la Virgen de la Blanca, donde se conservan. Estaba San Caprasio en el altar mayor, y en los laterales la Virgen, San Bárbara y Santa Lucía.


Quiere la tradición que el conjunto fuera en su día monasterio de templarios y parece que la ermita en sus años de apogeo contó con un abad y un santero que podían vivir de las limosnas de los devotos sin excesivas estrecheces. Existe la tradición de que el apóstol Santiago, huyendo de una especie de dragón, serpiente o lamia consiguió cobijo en San Cabrás al abrirse de forma milagrosa la puerta del Santuario. Aún muestran los vecinos del pueblo la huella que el caballo del apóstol dejó a la entrada.

En sus últimos años de vida se bajaba a decir misa en la ermita en dos fechas, el 20 de octubre, la festividad con propiedad de San Caprasio Abad, y el 13 de diciembre, Santa Lucía. Es en los años sesenta cuando se viene abajo el tejado y se trasladan a la Blanca las imágenes. Nadie baja ya a misa a San Cabrás pero, medio de tapadillo, bajando la voz escondida la boca tras la mano, aún se rumorea que hay quien baja a cumplir con otra tradición; dicen que hay una piedra misteriosa en el entorno, una piedra que buscan los solteros aspirantes al matrimonio, una piedra que debe ser pisada con fe. Una fe que seguro no faltará a los aventureros que desde Suellacabras o Magaña busquen los restos del pasado soñado entre los recodos del río Alhama.

Idoubeda oros 2011 etnografía: Nuria MM., Manuel CD., Eduardo AP.
Para esta entrada: Nuria (dibujos autoCAD), Eduardo (texto y fotos)

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domingo, 13 de febrero de 2011

ERMITAS DEL ALHAMA: SAN MARTÍN (SUELLACABRAS)


Según información oral recogida hace tres lustros había una ermita de cronología posiblemente moderna en el entorno de lo que hoy se conoce como las Cerradas de San Martín, lugar próximo a Suellacabras. Según esa misma información se desmanteló para dedicar el terreno al cultivo; parece que tenía una sola nave, que su cubierta era a dos aguas y que en su entorno había un cementerio. E. Lafuente en su libro Suellacabras (2005) también reconoce su existencia, incluso sugiere que sus ruinas estaban en el despoblado de San Martín, que él se inclina por situar en El Castillejo.

Las Cerradas de San Martín, que centran la atención por el propio topónimo y aparecen como la referencia más fiable para situar la ermita, tienen inmediata por el norte la necrópolis tardorromana de Suellacabras y un poco más al este el conocido poblado fortificado de época celtibérica y romana de Los Castellares. El conjunto arqueológico de las Cerradas y Los Castellares se localiza al norte de Suellacabras, pasada la vaguada que por este lado limita al pueblo.

Ya hemos visto cómo las últimas atribuciones localizan la ermita de San Martín en dos lugares, las Cerradas y El Castillejo. Existe además la tradición de fijar en el entorno de Suellacabras dos despoblados medievales, uno llamado Alhama y otro, precisamente, San Martín. Esta tradición es recogida por diferentes autores que intentarán situarlos espacialmente y, obviamente, las ruinas de pasado olvidado han orientado las hipotéticas localizaciones. En Los Castellares, emplazados en el nacimiento del río Alhama, ha sido el lugar donde se ha situado a la llamada ciudad de Alhama y en las Cerradas a San Martín.

Madoz, Loperráez, Calvo, López, Aguirre y últimamente Martínez Díez, Andrés y Postigo citan estos lugares en los que se mezcla una más que probable base histórica y la evidencia de unas ruinas, con la distorsión de la leyenda medieval y la imaginación popular. La investigación arqueológica ha dejado claros algunos aspectos cronológicos y culturales, como la tradición celtibérica, romana o medieval de cada uno de los sitios citados, pero hay elementos que se escapan a la posibilidad coherente de interpretación... con el añadido de la nebulosa que rodea a las citas medievales interpretadas desde la lejanía por los autores que primero se cuestionaron estas incógnitas.

Las noticias que recogen y las lecturas que se hacen complican el enrevesado ovillo en el que se ha convertido el enigma de San Martín y Alhama. Una leyenda recogida por B. Calvo relata un hecho milagroso en el que una rica mora cae a los pies de la madre de Dios ante el santuario de la Virgen de Alhama, legendario lugar que Loperráez se inclina a situar en la ermita de San Martín, que dice fue la antigua iglesia del despoblado inmediato a la ciudad del Alhama y que contaba con una hermosa pila bautismal... El Cronicón de Don García de Navarra habla de un oratorio junto a Suellacabras que igualmente Loperráez identifica con San Martín... Pero dejamos aquí el enigma. Por si algunas otras manos quieren retomar el desconcertante misterio de San Martín y Alhama, dos nuevos datos que pueden servir de punto de partida: primero, que nadie de quienes hemos entrevistado en Suellacabras conocía la existencia de una ermita con este nombre ni con otro en las Cerradas u otro lugar del término (nuestro agradecimiento a Feli y Pablo por abrirnos todas las puertas y darnos toda la información). Segundo y principal, la iglesia/ermita de San Martín parece que existió y que según cita coetánea a los hechos recogida por T. López fue mandada derribar por los obispos de Osma en el siglo XVIII.


Idoubeda oros 2011 etnografía: Nuria MM., Manuel CD., Eduardo AP.
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domingo, 6 de febrero de 2011

ERMITAS DEL ALHAMA: LA VIRGEN DE LA BLANCA


Comienza Idoubeda su periplo por las ermitas del Alhama desde su mismo nacimiento, en la vertiente septentrional de la sierra del Almuerzo en torno a Suellacabras. El Alhama se nutre en sus primeros andares de varias vaguadas que una vez sumadas pasado Suellacabras tienen ya la entidad de río y el nombre de Alhama. En el origen de una de ellas hay una fuente de aguas sulfurosas que tuvo en tiempos una cuidada estructura de piedra con dos caños y que fue usada en el pueblo con fines medicinales. Hoy se encuentra descuidada y en ruina.
Inmediata y con seguridad relacionada con ella hay una cuidada ermita que cobija buena parte del año a la patrona de Suellacabras, Nuestra Señora de la Virgen de la Blanca. Se accede desde Suellacabras, recorriendo dirección sur un camino exclusivo de poco más de 200m.

Es la Virgen de la Blanca una esbelta ermita de empaque más que notable, mayor de lo que es habitual en Tierras Altas. Supera en porte y volumen a muchas de las iglesias de las aldeas comarcales. Es un edificio que tiene planta de cruz latina con cabecera abocinada en el este. Se le adosan tres estructuras: una sacristía en el sector sur, lógicamente junto al presbiterio desde el que se accede, una torre de tres plantas en la cabecera y el cementerio local al norte. El pórtico de entrada está en el sur, un acceso cerrado arriba con arco de medio punto dovelado sobre el que se colocó una hornacina que acoge una inmaculada -por blanca- imagen de la Virgen. La pared oeste se cerró arriba con una espadaña en la que aún está en uso una pequeña campana. Numerosos son los vanos en todos los frentes, cabe destacar los de la torre, especialmente los de las plantas superiores; en uno de ellos, cara al sur, se labró un texto que parece datar la construcción del conjunto: año de 1791. La evidencia de algunos sillares reutilizados apunta a que hubo un edificio previo.

En el interior oeste, bajo la espadaña, se situó el coro, limitado por un arco fajón que al exterior soportan sendos contrafuertes. La nave tiene al norte y sur dos capillas, cada una con su correspondiente retablo. Son retablos idénticos por lo que es evidente que salieron de la misma mano o, al menos, del mismo taller. En el este el presbiterio, abocinado, presidido por el retablo mayor de la Virgen.

Muy interesante es la torre, adosada a la cabecera por el oeste. El primer y segundo pisos son singulares y privilegiados desde el punto de vista de la jerarquía de los espacios. Desde el primero se accede al punto central del retablo mayor, la gran hornacina en la que se entroniza la patrona de ermita y pueblo, la Virgen de la Blanca. Una inscripción repartida en cada una de las paredes de este espacio de la torre no deja duda de quien preside el conjunto: AVE MAR(ía) / PURISSIMA / SIN PECADO / CONCEBIDA. En la pared, a media altura, llaman la atención numerosos ramos de flores blancas: como nos contaba Feli, es tradición en Suellacabras que las recién casadas entreguen a la Virgen su ramo de bodas; antaño se acumulaban al pie del altar, hoy están ordenados en esta íntima sala de la Blanca.

Muchos son los datos que se quedan en el 'tintero': imágenes y figuras, detalles sobre el estuco, algunos trabajos en alabastro, las tallas en madera de las barandillas, el color de cornisas, fajas y cenefas... en definitiva un lugar sagrado muy cuidado que transpira el cariño y la devoción de las gentes e hijos de Suellacabras. Un reconocimiento que se celebró antaño el 5 de agosto, con propiedad la festividad de la Blanca, pero que los requerimientos de los nuevos tiempos han llevado al 22 del mismo mes. El día de la Pascua de Pentecostés (mayo), la Virgen había viajado en procesión de la ermita a la parroquia, donde permanece hasta agosto, momento en el que se devuelve a la ermita tras pasar el verano en la iglesia del pueblo.

Idoubeda oros 2011 etnografía: Nuria MM, Manuel CD., Eduardo AP.
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