| Ermita de Santa Cecilia, año 2011 |
Una ermita sencilla pero singular, pues, aunque su estructura y características apuntaban a una construcción reciente (los siglos XVII y XVIII), algunos detalles sugieren un origen mucho más antiguo, tanto como la propia santa homónima: la estela discoide que coronaba hasta hace un par de décadas la puerta, los fragmentos de piedra toba reutilizada en la fábrica de sus paredes y, sobre todo, los restos altomedievales y romanos de su sector occidental, como decíamos tan antiguos como los de la santa y mártir romana Cecilia.
Viene a cuento volver a tratar diez años después Santa Cecilia por su afortunada restauración, que ha respetado en lo posible los elementos de la arquitectura tradicional conservados, y ha descubierto otros que estaban escondidos bajo los derrumbes de la cubierta. La techumbre se ha restaurado respetando las viejas caídas a cuatro aguas, soportada la teja por un elegante entramado de madera apoyado a su vez en vigas que, en su eje central, dejan colgar del techo un elegante bolardo ovalado. También se ha recubierto de teja el muro oeste y su proyección sur, especie de porche protector que cobija un poyo de asiento.
En el interior, bajo la broza y los derrumbes, ha salido un precioso suelo de ladrillo tradicional. La primera fila de ladrillos que se adosa a las paredes corre en paralelo a ellas, en cambio todo el relleno interior se ordena conformando ángulos en esquina a modo de zigzag o espiguillas.
En el suelo el altar estuvo precedido (y está tras aflorar durante la restauración) por dos grandes losas enfiladas y dispuestas en paralelo al mismo, sobreelevadas unos centímetros sobre el piso de ladrillo. A la pared norte se adosa el altar y sobre sobre él, a unos 20 cm la base de la hornacina. En el altar se ha dejado su frente de piedra; la hornacina y las cuatro paredes se han recubierto de un revoque encalado que deja a vista en la parte baja el alzado de piedra a modo de zócalo, algo rehundido respecto al revoque por el grosor de éste.
En definitiva, una restauración que, en nuestra opinión, resulta afortunada, y que debemos al buen hacer de Joaquín y Fermín, con décadas de trabajo y experiencia en las construcciones tradicionales de nuestra comarca, así como a la voluntad de un mecenas anónimo (a día de hoy y al menos para nosotros). Gracias por las cosas bien hechas.
Idoubeda oros 2020 etnografía: Maricruz GC, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (texto e imágenes)
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