viernes, 24 de diciembre de 2010

ERMITAS EN MONTE REAL Y LA VILLA: SAN SEBASTIÁN (YANGUAS)



Según consta en archivos provinciales fue la actual ermita de San Sebastián la antigua iglesia del despoblado medieval de La Canal, y La Canal un barrio de la Villa cuya iglesia, hoy ermita, está situada a unos 300m a la salida de Yanguas dirección a Diustes. En el entorno nada hay que sugiera la existencia de un viejo pueblo, ni siquiera restos de cerámicas u otros materiales que confirmen sobre el terreno lo que las fuentes afirman. Sí que tienen fundamentos góticos algunos elementos de su estructura, aunque remozados con reformas y rehabilitaciones modernas y contemporáneas.


Se encuentra la ermita en la margen derecha de un arroyo con categoría de río, el Masas, próxima al lecho aunque elevada, separada del mismo por huertas en desuso. El camino tradicional a Diustes, actual carretera, corre en paralelo a la ermita por el sur, afrontando los viajeros que salen de Yanguas el porche de acceso, que da al este. Delante del mismo un enorme chopo, sin duda árbol singular por sus dimensiones, sirve de referencia visual desde la villa.

Es la ermita de una sola nave con cabecera en el oeste y acceso al este. Se estructura en capilla y pórtico, ambos de fábrica diferenciada, lo que apunta a que su construcción no es contemporánea. El conjunto tiene cubierta a cuatro aguas, en el porche soportada por una cúpula de cuatro nervios reforzados en las esquinas orientales por sendos contrafuertes; el estucado interior de la capilla impide saber las características interiores de su cubierta. En la pared sur se abrieron cuatro vanos, tres en la capilla, dos de los cuales están cegados, el cuarto, abocinado, en el pórtico. El suelo del pórtico y el anteporche están empedrados, en la capilla hay colocada tarima y ladrillo tradicional.
Tiene la capilla el presbiterio sobreelevado y separado del sector de fieles por sendas columnas laterales. En la cabecera un altar en madera policromada y sobre él una tabla, también policromada, con remate superior semicircular a modo de hornacina. Hasta hace unos meses flanqueaban la tabla dos tallas, Santa Lucía y San Antón (San Blas según otras fuentes). Dos altares menores se sitúan en el centro de las paredes laterales: en la norte con retablo preparado para un Cristo yacente en ataúd de cristal y otro en la sur ahora para una imagen femenina.



Además de todos estos elementos propios de la ermita, también se guardan en ella los tres pasos que en Semana Santa se sacan en procesión: un Cristo humillado, cargando con la cruz rodilla en tierra, un Cristo crucificado y una Dolorosa. Resulta curioso pensar que a pesar de conocerse nada menos que siete imágenes para la ermita ninguna sea la de su advocación, San Sebastián. Según nos decía Felipe, memoria viva de todas las tradiciones de la Villa, ni hay ni se recuerda que haya habido imagen suya en el lugar. Singular es otro elemento conservado en su interior: un carro fúnebre preparado para ser tirado por dos caballos. Según oí decir, hace unos años iba a ser vendido en subasta, pero un vecino igualó la oferta y dispuso que se quedase en la ermita de San Sebastián.

Es la de San Sebastián una ermita diferente, como la de San Benito (Villar de Maya), Santa Cristina (Bretún) o el Humilladero de Arriba (Villar del Río) tiene trazas de construcción medieval muy alejada de la normativa propia de los siglos XVII-XVIII que tanto prolifera en tierras del Cidacos soriano. Ciertos elementos arquitectónicos del pórtico apuntan a una cronología bajomedieval, otros como el alero de la capilla, con el habitual juego de ladrillo y teja tradicional a época moderna, no faltan los contemporáneos como el altar de piedra de cara a los fieles, hijo de las reformas del Concilio Vaticano II de 1963.


Idoubeda oros 2010 etnografía: Nuria MM., Cristina AP., Manuel CD., Enrique BC., Eduardo AP.
Para esta entrada: Carlos Valdecantos y Felipe Palacios (documentación), Nuria (dibujos autoCAD), Eduardo (texto y fotos)
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sábado, 18 de diciembre de 2010

ERMITAS EN MONTE REAL Y LA VILLA: SAN ROQUE (LA MATA)



El despoblado de La Mata, en el piedemonte de Monte Real y a poco más de un kilómetro de Yanguas, deja unos 200m al sur el camino tradicional que de la Villa asciende hacia el nacimiento del Ostaza y de ahí comunica con el Camero Viejo atravesando la Sierra. En la encrucijada que forma el camino tradicional con el que sube al pueblo se construyó una modesta pero coqueta ermita donde los caminantes pudieran descansar a la sombra o refugiarse del frío además de sentir el añadido del amparo religioso, en este caso de San Roque, santo protector de apestados y animales.


Se trata, otra más, de una ermita construida con el gusto normativo para este tipo de edificio que prolifera entre los siglos XVII-XVIII: forma rectangular estructurada en dos espacios, una capilla cuadrada precedida de un porche abierto y con cubierta de teja a cuatro aguas soportada por vigas y tablizo de madera. Es más larga y rebajada la caída del acceso para cubrir el porche. La entrada a la capilla se hace mediante doble puerta gemela. La capilla tiene la cabecera en el norte y la entrada por el sur de cara al camino tradicional. La estructura de mampuesto de porche y capilla está diferenciada, lo que apunta a que su construcción no es sincrónica, siendo anterior lógicamente la de la capilla.

El sector central de la pared norte (cabecera) está retranqueado para poder cobijar la hornacina donde estaría colocada la figura del santo. Bajo la hornacina un altar que por sus características es fruto de una reforma reciente, como la propia hornacina. Dos pequeños huecos hay también, ahora mucho más pequeños, en las paredes laterales. Singular es el empedrado, donde además de los habituales geométricos con cantos rodados se ha añadido el color usando cantos blancos para realizar una afortunada figura con recuadros blancos centrales.

En el entorno de la ermita se han localizado las habituales cerámicas vidriadas contemporáneas y, singular, algunos fragmentos de antiquísimas cerámicas a mano. La exposición en solana y los rellanos cerealistas meridionales hacen del lugar un buen punto para que en el pasado prehistórico algún pequeño grupo humano hubiese elegido este entorno para levantar su cabaña estacional.

La ermita de San Roque está hoy perfectamente conservada y cuidada. Gracias al trabajo de los hijos de La Mata hace unos años se adecentó en su totalidad haciendo nueva la cabecera (altar y hornacina), además de la doble puerta gemela, por suerte respetando el gusto tradicional propio de estos lugares sagrados.

Idoubeda oros 2010 etnografía: Nuria MM., Cristina AP., Manuel CD., Enrique BC., Eduardo AP.
Para esta entrada: Cristina (dibujos autoCAD), Eduardo (texto y fotos)

sábado, 11 de diciembre de 2010

ERMITAS EN MONTE REAL Y LA VILLA: LA VIRGEN DE LOS DOLORES



Aunque en algunas referencias bibliográficas aparece San Sebastián como la advocación de esta ermita, parece que su titular fue la Virgen de los Dolores. Así nos lo confirmaron en Yanguas y así aparece en el censo de la provincia de Soria, donde se atribuye a San Sebastián la titularidad de la iglesia del pueblo, Vellosillo.

Guarda la ermita de la Virgen de los Dolores las constantes de estos lugares sagrados comarcales, a la salida del pueblo, en este caso unos 100m, y de cara al camino tradicional que conduce a la villa, Yanguas. Es de planta rectangular y se estructura en dos espacios, la consabida capilla cuadrada precedida de porche abierto al camino.

La cubierta se soporta con vigas de madera y tablizo, es a cuatro aguas con el frente sur más largo y rebajado para cubrir el porche. El alero se realizó con el habitual juego de teja y ladrillo. Tiene la cabecera en el norte con el altar coronado por una hornacina en la que aún se conserva en la base una pequeña peana sobre la que se colocó la imagen, según nos confirmó Josefa, vecina de Yanguas, una Virgen de los Dolores. Se accede a la capilla mediante dos puertas que, aun siendo similares, no tienen la misma medida de altura y anchura, caso excepcional. Ambas tienen arco de medio punto y entre ellas se situó una pequeña hornacina. Tanto porche como capilla se empedraron con cantos menudos de río que conforman figuras geométricas. La entrada tiene los correspondientes poyos laterales de asiento. Estos datos confirman una construcción original de los siglos XVII o XVIII, con evidencias de arreglos y remodelaciones posteriores, como los revoques, sucesivos encalados y, sobre todo, algún retejado.

Entre los materiales localizados, casi en su totalidad los habituales fragmentos cerámicos modernos / contemporáneos y de teja propios de los entornos de los pueblos, destaca una ficha de piedra colocada en la base oeste del umbral de entrada, umbral constituido por una gran viga de madera que tenía el hueco preciso para colocar la ficha. Parece tratarse de una posición original, hecha exprofeso para la ficha... ¿qué sentido tiene en un lugar sagrado...?. Estos porches de ermitas eran también lugares de encuentro y juegos, función que quizás habría que suponer a este curioso hallazgo en la ermita de la Virgen de los Dolores de Vellosillo.


Idoubeda oros 2010 etnografía: Nuria MM., Cristina AP., Manuel CD., Enrique BC., Eduardo AP.
Para esta entrada: Cristina (dibujos AutoCAD), Eduardo (texto y fotos)

domingo, 5 de diciembre de 2010

ERMITAS EN MONTE REAL Y LA VILLA: CERRO SANTO



Nada hemos conseguido saber de forma oral de esta misteriosa ermita que según algunas fuentes se ubicó en el parcelario de Camporredondo y según otras en el de Vellosillo. La razón está seguramente en que ambos pueblos, a pesar de contar con alguna de sus casas rehabilitadas, se encuentran de hecho despoblados y la posibilidad de encontrar en nuestras visitas a gente mayor que nos informase de sus recuerdos ha sido prácticamente nula.

Esta diferente atribución se debe a que la ermita se localizaba en la cresta del serrijón de montaña que servía de frontera entre el monte de ambos pueblos y a que por todo él se trazó un ancho cortafuegos que arrasó el interfluvio y con él cualquier vestigio o ruina de la vieja ermita. En cualquier caso sí está localizado su espacio aproximado de ubicación, sobre el sector alto de un serrijón de Monte Real que de cara al oeste mira a un lugar con sugerente topónimo, Valdemoro, perteneciente a Vellosillo, y al oeste a El Valle, barranco que pertenece y muere en el Ostaza en torno a Camporredondo.

La prospección de dicho espacio en busca de estructuras o derrumbes que orientasen sobre el emplazamiento exacto de la ermita fue en la práctica infructuosa pues nada definitivo se apreció. Sí se vio algún chozo, evidente refugio de pastores de cara a El Valle y por tanto en Camporredondo. Lo más sugerente, ahora de cara a Valdemoro (Vellosillo), fue una estructura semirrupestre formada por un abrigo al pie de un corte rocoso protegido por un murete de piedra. Se trataba también de un lugar de abrigo, seguramente de pastores, aunque sus características como emplazamiento natural singular evocaban cierto valor añadido. Pero, en definitiva, nada que recordase ni sugiriese remotamente la estructura de una ermita.

Cuenta M. Toledo que en la ermita de Santa María del Espinar, que sitúa en Camporredondo, se reunían los representantes de la villa y tierra de Yanguas con los de tierra de Cameros en el siglo XVI para dirimir sus diferencias. Por antigüedad pudo ser esta ermita la que conocemos con el nombre de La Magdalena, aunque por situación geográfica, los altos de Monte Real, frontera tradicional entre tierra de Yanguas y los Cameros, hay que valorar que también pudo ser la que nos ocupa.

En el entorno de esta ermita, hace ya medio siglo, apareció un 'tesorillo' que ha estado en boca de las gentes de todo el valle del Cidacos a modo de moderna 'leyenda rural' que los más descreídos negaban. Durante el trazado de la pista forestal que recorre el sector superior de Monte Real, en el lugar denominado el Robledo de Avellanosa, próximo a nuestra ermita, apareció al romper unas rocas un gran número de monedas. Dicen que las 'gordas' se las quedó el ingeniero mientras que las 'menudas' se las repartieron entre los operarios del monte. Damos fe aquí de la certeza del caso, nuestro buen amigo Hilario Pascual, don Hilario, cura que en aquellos años lo era de Villar del Río, teniendo noticia del caso fue recogiendo las monedas de algunos de estos operarios y localizó alguna más en el lugar de los hechos. Así nos lo contó él hace unos meses en la residencia sacerdotal de Logroño y nos cedió las piezas por él recogidas para su análisis. El propio Hilario ha esbozado ya el estudio, del que se desprende su ocultación allá por el siglo XIV y que buena parte de las piezas fueron emitidas por la corona de Aragón.

La ermita del Cerro Santo, el 'tesorillo del Robledo de Avellanosa', el Cerro Castillo entre Diustes y Santa Cruz de Yanguas... evocan la vida serrana en unos tiempos pretéritos en los que Navarra, Castilla y Aragón confluían en nuestra serranía, unos tiempos oscuros, y por tanto con el atractivo del misterio que envolvía a estos territorios montaraces. Territorio de pastores desde tiempo ancestral, antes también de cazadores estivales como sugieren los talleres de sílex localizados y publicados por don Hilario; ejemplo de andanzas tan remotas son el hacha pulimentada localizada en la Cruz del Cerro y una punta de flecha en sílex aparecida en nuestra prospección del espacio supuesto a la ermita del Cerro Santo.

Idoubeda oros 2010 etnografía: Nuria MM., Cristina AP., Manuel CD., Enrique BC., Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (texto y fotos)

sábado, 27 de noviembre de 2010

ERMITAS EN MONTE REAL Y LA VILLA: LA SOLEDAD DE CAMPORREDONDO


Una nueva advocación mariana a la Soledad se localiza en Camporredondo, como es habitual a la salida del pueblo, por el camino tradicional que conduce a la villa hoy carretera local Yanguas-Diustes.

Una vez más se describe en la ermita de la Soledad de Camporredondo la estructura sistemática de este tipo de construcción comarcal datable en los siglos XVII-XVIII, un conjunto de planta rectangular con capilla cuadrada precedida de porche comunicados mediante doble puerta gemela. La cabecera está en el noroeste y el acceso en el sudeste, de cara al camino.

Excepción a la norma es la caída de su cubierta, a dos aguas. Separando el interior de la techumbre respecto de la capilla y el porche se colocó el habitual entramado horizontal de cañizo y estuco, quizás producto de la última restauración. En la cabecera estaba el altar coronado por una hornacina presidida por la imagen de la Virgen, una Dolorosa que los curas se llevaron a Diustes, nos dice Josefa. Toda la capilla se recubrió de estuco y se enlució con cal; en su última época la parte inferior de las paredes estuvo pintada de azul, a modo de zócalo. El porche también se enlució con estuco y se pintó de amarillo, tapando incluso los sillares de piedra que enmarcan las puertas; en los laterales dispuso de sendos poyos de asiento.

Como decíamos arriba parece que estas características que se aprecian en la ermita proceden de la última reforma, hecha según Josefa por el Francisco hace unos 30 años. A pesar de los arreglos hacía tiempo que se había perdido la tradición de sacar en procesión a la Virgen, una procesión que sí llegó a conocer la madre de Josefa, aunque no recordaba el día del año que se celebraba. Hoy la ermita de la Soledad de Camporredondo es un poco reflejo del pueblo, una ermita abandonada, con el techo caído y comida por los matorrales y las zarzas, pero con el encanto que sugieren algunos de sus elementos constructivos más antiguos escondidos bajo el derrumbe y la maleza o solapados bajo el estuco.

Idoubeda oros 2010 etnografía: Nuria MM., Cristina AP., Manuel CD., Enrique BC., Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (texto y fotos)

domingo, 21 de noviembre de 2010

EL TRENZADO DE LA CINTA EN SANTA CRUZ DE YANGUAS


Idoubeda etno abre un camino nuevo en sus objetivos de recuperación, documentación y divulgación del patrimonio etnográfico serrano: el folclore. Son sobradamente conocidos los rituales conservados en San Pedro Manrique y su entorno por su excepcionalidad (paso del fuego, móndidas...) pero no son los únicos, hay un folclore común en toda la comarca, por lo general rituales festivos, que en cada pueblo tienen alguna particularidad propia: mayos, rondas, ramos, etc. Dentro de la tradición comarcal ciertas costumbres sobrepasan el listón de lo generalizado y, sin ser exclusivas, si cuentan con un importante grado de singularidad.

Publicamos hoy la noticia de uno de estos casos, la recuperación, medio siglo después de su última representación, de un baile/danza tradicional conservado en la memoria de un rincón de la Serranía Ibérica, Santa Cruz de Yanguas. El trenzado de la cinta no es exclusivo de Santa Cruz, sabemos que se hizo también en Oncala, donde parece que aún conservan en un rincón de la iglesia el mástil o, como denominan en La Rioja, el árbol en torno al que giran los trenzadores. También se representa en otras localidades de Soria, La Rioja -especialmente en Cameros-, Aragón, Cataluña... muchas veces fundidos con otros modos de hacer y bailar.

Estaba el trenzado de la cinta en Santa Cruz muy relacionado con los paloteos, eran los mismos mozos y mozas los que danzaban y ambos estaban vinculados directamente con la festividad de la Virgen de las Escobillas, el 8 de septiembre. Los paloteos parece que se bailaban en más ocasiones, a criterio de los mozos y solicitudes del ayuntamiento, los vecinos, etc., sin embargo la cinta era un baile más 'oficial', solo se trenzaba el día de la festividad de la Virgen de las Escobillas y no todos los años, nos cuenta Félix Jiménez.

El trenzado de la cinta de Santa Cruz consiste en ejecutar una danza en torno a un mástil de unos 3m de altura del que cuelgan 8 cintas de otros tantos colores. Cada cinta es sujetada por un mozo o moza que, dando vueltas en torno a mástil y cruzándose entre ellos, configuran en el tercio superior del árbol un colorido trenzado por el cruce de las cintas. Llegados a un punto, y al ritmo de la música se invierte el proceso, el destrenzado, hasta quedar como al principio, libre el árbol de las cintas. Cualquier fallo en los pasos de un solo trenzador supone una anomalía en la armonía del trenzado y, a veces, la imposibilidad del correcto destrenzado y por tanto de finalizar la danza.

Coincidiendo con la celebración en Santa Cruz de Yanguas del Otoño en Tierras Altas, se ha recreado este fin de semana la danza (20 de noviembre de 2010), ejecutada por primera vez desde que se dejara de hacerlo hace medio siglo. Una jornada festiva en la que el sol de invierno ha ayudado a una representación vistosa mezclada con una gastronomía tradicional acorde a la frescura serrana (caldereta de migas, choricillos, costilla y tocinillo). Se ha conseguido gracias al esfuerzo y empeño de todo el pueblo que ha creído en ello a pesar de las muchas dificultades que conlleva la documentación y los ensayos; hace falta poner mucha voluntad cuando los lugares de residencia de buena parte de quienes han participado en esta recuperación distan muchos kilómetros. No vamos a dar nombres de quienes han estado empujando día a día, sea desde el pueblo sea desde su casa lejos de Santa Cruz, sí el de quien representa a todos, el alcalde Claudio, que confió en su comisión de desarrollo y cultura. También el de Fernando, gaitero para el caso, y folklorista de la música soriana que ha recuperado el corazón de nuestras danzas, su música. Vital ha sido, por último, Concha, gerente del plan de dinamización del producto turístico de Tierras Altas, que apostó y sigue apostando por la revitalización comarcal plasmada en Santa Cruz en el potencial etnográfico-cultural que atesora la memoria de nuestros mayores.

Idoubeda oros 2010 folclore de SCY: Juanje, Espe, Isabel, Yoli B., Hugo, Divi, Cristina y Toño (trenzadores), Vicente (video), Claudio y muchos más (cocina), Cristina, Mamen, Juanje, Espe, Toño (intendencia, compras, etc.), Claudio, Javier SM., José Luis SM., Toño y Valeriano (diseño mástil)

Para esta entrada: José Antonio MM. (documentación y alma) Félix JJ. y Valeriano dO. (documentación), Eduardo (documentación, texto y fotos)

viernes, 12 de noviembre de 2010

ERMITAS EN MONTE REAL Y LA VILLA: LA MAGDALENA


Se llega a las ruinas de la Magdalena tomando la carretera que asciende hacia el alto Ostaza dirección Diustes; unos 200m después de pasado Camporredondo, atravesado el lecho de una vaguada que baja de Monte Real, tomaremos la pista que asciende dirección norte. Recorridos unos 100m alcanzamos una gran explanada; en el borde meridional y asomado al río Ostaza, entre zarzas y maleza se ve un esbelto muro solitario: es lo que a simple vista queda de la ermita.

Una observación un poco más atenta indica que tuvo planta rectangular con perfecta orientación norte-sur. La fábrica del muro es de sillarejo trabado con un potente mortero de cal. Este hecho más la apariencia de que se estructuró en una sola nave apunta a que estamos ante un edificio religioso más antiguo de lo usual en la comarca, la plena Edad Moderna.

No es mucho lo que se recuerda sobre esta ermita, que para los hijos más mayores de Camporredondo tuvo categoría de iglesia. Sí se conoció la pared citada en mejor estado, un muro que, por la descripción de Josefa, es sin duda el recuerdo de la espadaña: una torre grandísima coronada por el hueco para colocar la campana. Hoy los restos tienen forma triangular, una pared de unos 75 cms de grosor y que conserva más de 5m de altura.

Dato más que significativo para valorar la importancia de la ermita en Camporredondo es el hecho de que la parroquia del pueblo tiene por advocación a la Magdalena y que su festividad, el 22 de julio, era también la fiesta del pueblo. Parece que La Magdalena de la parroquia procede de esta iglesia, un dato que nadie llegó a conocer aunque sí es una tradición oral. Siempre es recomendable una visita al alto Ostaza; llegar a estas ruinas supone disfrutar de una panorámica excepcional del hayedo de Diustes-Camporredondo, en un entorno que cuenta con las dos figuras de protección medioambiental comunitaria: LIC y ZEPA.

Idoubeda oros 2010 etnografía: Nuria MM., Cristina AP., Manuel CD., Enrique BC., Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (texto y fotos)