jueves, 25 de diciembre de 2014

EL SANTO (SAN ANDRÉS DE SAN PEDRO)

 
Sector oriental abierto y caída occidental sobre el arroyo
 
Hace unos días Cándido Heras, natural de San Andrés de San Pedro y conocedor de nuestro trabajo, nos mandaba un correo remitiéndonos a otra ermita del pueblo, la que hoy presentamos, El Santo. A Cándido debemos alguna de la información que aquí reproducimos y también a Justo Jiménez, quién hace tres años nos orientó ya sobre su existencia y ubicación, además de hablarnos sobre los recuerdos que de ella tenía. Seguimos por tanto en San Andrés y seguimos con una nueva ermita desaparecida, casi olvidada, de la que casi nada puede verse ya. El entorno está ocupado por el lecho embarrancado de un arroyo y tierras yermas en las que los arbustos y la maleza se han adueñado de lo que antaño fueron seguramente huertas.


Se localizan sus restos en el espacio suburbano del pueblo, al otro lado del arroyo que le limita por el sur. Para llegar hay que pasar el río recorriendo unos 200m por la pista que sale hacia el sur; en una curva cerrada tomaremos dirección este en paralelo al río, siguiendo por una vereda los 30 o 40m que separan a la pista del lugar donde estuvo El Santo.


Situada en la margen derecha del arroyo llamado del Molinillo o los Molinillos, sobre el primer talud que salva el lecho del arroyo y a escasos metros del mismo, resulta evidente la relación entre la ermita, el arroyo y sus aguas. Unas decenas de metros a oriente baja otro arroyo; allí hay una pocita donde los monaguillos lavaban las vinajeras (como el propio Justo Jiménez hizo cuando era niño según nos dijo), es por eso que a este arroyo se le conoce como el arroyo las Vinajeras.


Arroyo del Molinillo
Según nos contaban era un pequeño edificio de una sola nave de planta rectangular y cabecera cuadrangular. Según nos ha orientado Cándido Heras la ermita se situaba sobre un pequeño cortado de la roca, perfectamente vertical, elevado unos 4 metros sobre el arroyo; parece que los cimientos aún pueden adivinarse: se ven piedras medianas y pequeñas rodar por su sector sur, el que da al sendero, y en el este se levanta un pequeño resalte alargado que puede ser de un muro.  Nos contaba Justo Jiménez que antaño era costumbre oficiar aquí una misa los domingos. Esta noticia de la misa dominical quizás pueda relacionarse con lo que nos comentaba Cándido Heras, que el santo innominado de la ermita sea San Andrés pues Madoz, a mediados del siglo XIX, menciona una ermita en las inmediaciones del pueblo que tenía como advocación a este santo. Hay que tener en cuenta que en tiempos de Madoz la iglesia local estaba bajo la advocación de la Asunción Nuestra Señora y no de San Andrés Apóstol como hoy.


Tiene el entorno del solar de la ermita algunos atractivos añadidos para los temas que solemos tocar, así el topónimo de San Miguel, un cercado inmediato por el sur. Es muy probable que tenga relación con la ermita de San Miguel, ubicada en los altos de la sierra, en la linde con el término de Oncala. Era frecuente en el pasado que santuarios y ermitas tuviesen propiedades que les proporcionaban rentas para su mantenimiento. El otro lugar, situado unos 100m al sudoeste, es el Prado de la Cuesta, yacimiento en el que se han localizado fragmentos de cerámica de tipo celtibérico y algún molino circular, material arqueológico que probablemente ha dado nombre al arroyo Molinillos.


Idoubeda oros 2014 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP
Para esta entrada: Eduardo (texto y fotos)
© idoubeda 2014




lunes, 8 de diciembre de 2014

LA ERMITA DE SAN BARTOLOMÉ (SAN ANDRÉS DE S.P.)

 

San Andrés de San Pedro es un pueblo tranquilo, humilde si se quiere, una aldea más de las que conformaron la vieja comunidad de Villa y Tierra de San Pedro Manrique. Está situado al pie de las laderas septentrionales de la Sierra del Rodadero, interfluvio Ebro-Duero, en concreto al oriente de la Sierra de San Miguel, uno de los dos pasos que tuvo la villa para trasponer la Sierra y alcanzar la meseta oriental soriana. El sistema de comunicaciones moderno ha concentrado el paso por el segundo, el puerto de Oncala, habiendo quedado éste de San Miguel y San Andrés olvidado en el desván de los trastos viejos del pasado. El abandono alcanza también a todas esas construcciones que salpicaron los caminos, algunas de las cuales jalonaron la sierra como hitos protectores del caminante, caso de la ermita que presentamos el mes pasado, la de San Miguel.


Ésta que tratamos ahora, la ermita de San Bartolomé, estuvo también al pie de la Sierra, a poco más de un kilómetro al sur del pueblo. Lo que queda hoy, a parte del topónimo de Los Cerrados de San Bartolomé, es una gran montonera de piedras en medio de una parcela labrada y un cerrado ubicado al nordeste de la pieza. Se llega tomando la pista que lleva a la subestación de los eólicos, pista que hay que dejar poco antes de alcanzarla y recorrer unos 200m hacia oriente por otra pista de parcelaria.


Según nos comentaron, buena parte de Los Cerrados de San Bartolomé fueron arrasados por la igualación del terreno consecuencia de la concentración parcelaria. Como decíamos más arriba, en un primer vistazo sólo llama la atención un gran amontonamiento de piedra que sobresale en medio de la pieza labrada, y de los que fueron los Cerrados sólo se conserva uno situado al nordeste. La prospección del entorno deparó la localización de abundantes fragmentos de teja alrededor de dicho amontonamiento de piedra, lo que evidencia en el lugar una estructura de piedra cubierta con teja. ¿La ermita?... es probable, muy probable.


Pero no sólo teja y piedra recuerdo de un viejo lugar sagrado encontramos: numerosos sílex, la mayoría lascas de descortezado, y algunos fragmentos de ancestral cerámica a mano aparecieron en torno a lo que fue el solar de la ermita. Estos restos remiten a una pequeña ocupación prehistórica anterior a la Edad del Hierro, es decir, de hace más de tres milenios.


A pesar de todo esta destrucción y (casi) olvido si que hemos reconocido en la iglesia el elemento central del culto en la ermita, la imagen de San Bartolomé. Aparece el apóstol con su iconografía más reconocible, sosteniendo un libro en su mano izquierda, un cuchillo en la derecha y se le aferra al pie una especie de demonio. Parece que el libro remite a su labor como predicador del Evangelio en oriente (Armenia, India), el cuchillo a su martirio, desollado vivo, y para la diablesa se remite tanto al relato de un evangelio apócrifo vinculado a la resurrección de Cristo como a un milagro/exorcismo del santo.


Nada más hemos conseguido saber de esta ermita de San Bartolomé, un pequeño santuario desaparecido como todos los de San Andrés de San Pedro, cinco si incluimos el de San Miguel, compartido con Oncala. Los cinco envueltos ya en las brumas que disuelven la memoria con el  marco de los altos que conforman el LIC (Lugar de Interés Comunitario) Oncala-Valtajeros.


Idoubeda oros 2014 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP
Para esta entrada: Manuel (análisis cerámicos), Eduardo (texto y fotos)
© idoubeda 2014