lunes, 8 de diciembre de 2014

LA ERMITA DE SAN BARTOLOMÉ (SAN ANDRÉS DE S.P.)

 

San Andrés de San Pedro es un pueblo tranquilo, humilde si se quiere, una aldea más de las que conformaron la vieja comunidad de Villa y Tierra de San Pedro Manrique. Está situado al pie de las laderas septentrionales de la Sierra del Rodadero, interfluvio Ebro-Duero, en concreto al oriente de la Sierra de San Miguel, uno de los dos pasos que tuvo la villa para trasponer la Sierra y alcanzar la meseta oriental soriana. El sistema de comunicaciones moderno ha concentrado el paso por el segundo, el puerto de Oncala, habiendo quedado éste de San Miguel y San Andrés olvidado en el desván de los trastos viejos del pasado. El abandono alcanza también a todas esas construcciones que salpicaron los caminos, algunas de las cuales jalonaron la sierra como hitos protectores del caminante, caso de la ermita que presentamos el mes pasado, la de San Miguel.


Ésta que tratamos ahora, la ermita de San Bartolomé, estuvo también al pie de la Sierra, a poco más de un kilómetro al sur del pueblo. Lo que queda hoy, a parte del topónimo de Los Cerrados de San Bartolomé, es una gran montonera de piedras en medio de una parcela labrada y un cerrado ubicado al nordeste de la pieza. Se llega tomando la pista que lleva a la subestación de los eólicos, pista que hay que dejar poco antes de alcanzarla y recorrer unos 200m hacia oriente por otra pista de parcelaria.


Según nos comentaron, buena parte de Los Cerrados de San Bartolomé fueron arrasados por la igualación del terreno consecuencia de la concentración parcelaria. Como decíamos más arriba, en un primer vistazo sólo llama la atención un gran amontonamiento de piedra que sobresale en medio de la pieza labrada, y de los que fueron los Cerrados sólo se conserva uno situado al nordeste. La prospección del entorno deparó la localización de abundantes fragmentos de teja alrededor de dicho amontonamiento de piedra, lo que evidencia en el lugar una estructura de piedra cubierta con teja. ¿La ermita?... es probable, muy probable.


Pero no sólo teja y piedra recuerdo de un viejo lugar sagrado encontramos: numerosos sílex, la mayoría lascas de descortezado, y algunos fragmentos de ancestral cerámica a mano aparecieron en torno a lo que fue el solar de la ermita. Estos restos remiten a una pequeña ocupación prehistórica anterior a la Edad del Hierro, es decir, de hace más de tres milenios.


A pesar de todo esta destrucción y (casi) olvido si que hemos reconocido en la iglesia el elemento central del culto en la ermita, la imagen de San Bartolomé. Aparece el apóstol con su iconografía más reconocible, sosteniendo un libro en su mano izquierda, un cuchillo en la derecha y se le aferra al pie una especie de demonio. Parece que el libro remite a su labor como predicador del Evangelio en oriente (Armenia, India), el cuchillo a su martirio, desollado vivo, y para la diablesa se remite tanto al relato de un evangelio apócrifo vinculado a la resurrección de Cristo como a un milagro/exorcismo del santo.


Nada más hemos conseguido saber de esta ermita de San Bartolomé, un pequeño santuario desaparecido como todos los de San Andrés de San Pedro, cinco si incluimos el de San Miguel, compartido con Oncala. Los cinco envueltos ya en las brumas que disuelven la memoria con el  marco de los altos que conforman el LIC (Lugar de Interés Comunitario) Oncala-Valtajeros.


Idoubeda oros 2014 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP
Para esta entrada: Manuel (análisis cerámicos), Eduardo (texto y fotos)
© idoubeda 2014

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