martes, 21 de mayo de 2019

LA VIRGEN DEL PILAR (ONCALA)



Para afrontar la urbana ermita de la Virgen del Pilar de Oncala tan imprescindible como las obligadas visitas de documentación in situ es haberse leído y  releído bien el libro de Pedro Iglesia, Oncala Ayer y Hoy. Este 2019 se cumplen veinte años de su publicación, un excelente trabajo en el que encontraremos buena parte de la información de que se dispone y que aquí reiteramos más o menos resumida, y que en algunas cosas, menores sin duda, intentaremos enriquecer. Como decíamos, el edificio de la Virgen del Pilar está integrado en el casco urbano del pueblo, concretamente en su Barrio de Abajo, vecino ya de la zona abierta y libre de viviendas de su sector norte, donde su trasera, su espadaña y un lateral del atrio encaran las eras y otros espacios suburbanos.


La ermita tiene forma rectangular con orientación este-oeste
algo desviada al norte. La cabecera está en el este con un presbiterio de planta cuadrada coronado por una cúpula. A poniente se desarrolla el oratorio, de planta rectangular algo más estrecha que el presbiterio, cubierto por una bóveda de cañón soportada por arcos fajones; a poniente está el acceso, una puerta dovelada con arco de medio punto con su perfil decorado por unas elegantes formas entrantes geométricas. Sobre la puerta el coro al que se accede por una empinada escalera adosada a la pared sur, protegido de cara al oratorio por una barandilla de madera. En esta fachada meridional entra la luz por dos vanos abocinados, uno en el presbiterio y otro en el oratorio, por la oeste ilumina el coro un pequeño rosetón bajo la espadaña. Marca la base del alzado final de la espadaña un pequeño resalte de sillares a partir del cual el frente asciende con formas circulares hasta rematar en el habitual marco para el vano que aloja el campanil. La pequeña campana que acoge parece que procede de la ermita de la Virgen del Espino. El sector superior, decorado con pequeños bolardos, es de sillares, como todas las esquineras y los marcos de accesos y vanos, el resto de piedra local trabada con mortero de cal. A nivel de suelo presbiterio y oratorio están diferenciados por una pequeña escalinata de piedra rematada en madera; el piso del conjunto es de ladrillo tradicional. La cubierta exterior de este núcleo central de la estructura es de un solo cuerpo de teja con caída a tres aguas, dando vuelo a los aleros el característico ladrillo tradicional, en este caso y a cara vista semicircular.

Más bajas están las cubiertas de las dos estructuras que complementan al cuerpo central de la ermita, una pequeña sacristía en el sudeste y un porche o atrio en el oeste, tejados que, como la estructura principal, también tienen el alero de ladrillo y se cubren con teja a tres aguas. El porche protege de las inclemencias el acceso oeste y tiene a su vez una amplia entrada enrejada de cara al sur precedida de varios escalones de piedra. En su interior un banco corrido se adosa a las paredes oeste y norte. El suelo está empedrado y en él se intercalan ladrillos colocados de canto conformando un dibujo de geométricos. El frente del atrio se levantó íntegramente de sillares, un acceso meridional rematado en arco de medio punto en cuyas dovelas superiores se grabó una fecha que remite a su construcción:
AÑO DE 1791


Una preciosa puerta pintada en tres colores, rojo, amarillo y negro, característica de los últimos tiempos de la Edad Moderna (siglo XVIII), da acceso desde el presbiterio a la sacristía.  El vano que enmarca la puerta es adintelado con sillares de piedra. Este pequeño cuarto recibe luz desde una ventana abocinada de su fachada este. Se habilitaron hornacinas en sus paredes norte (dos) y este (una). En la este se fijó una preciosa pila de alabastro en la que un angelote vierte el agua por la boca; remata la pila en un motivo floral coronado por lo que parece una tiara de obispo.

Preside la cabecera del presbiterio un retablo de gusto neoclásico, con la hornacina central ocupada por la titular de la ermita, una imagen de la Virgen de cerámica sobre un pilar de alabastro o su imitación. El manto que la viste fue donado por Luís Marín hace una década. En la pared norte cuelga un cuadro de la Virgen del Pilar en el que se puede leer el texto MATER ADMIRABILIS. La cúpula que corona el presbiterio está decorada con pintura: motivos florales, angelotes y el Espíritu Santo. Las pilastras y arcos fajones de oratorio y presbiterio están pintados en amarillo, blanco y marrón imitando sillares. A la izquierda de la entrada, bajo el coro, encontraremos una coqueta pila de agua benditera en piedra marrón.

En el pasado las paredes de la ermita estuvieron vestidas con lujosos tapices como los que se pueden ver en la parroquia local de San Millán, obras de arte las de la ermita que fueron vendidas por el pueblo en torno a 1876 y que hoy decoran la Diputación de Pamplona. La localización en Oncala de todo este conjunto de tapices se debe al mecenazgo de Juan Francisco Jiménez del Río, Arzobispo de Valencia, que también reconstruye la parroquia y parece que la propia ermita; existía por tanto un edificio previo que es sustituido total o parcialmente por el actual, eligiéndose como nueva advocación la de la Virgen del Pilar por haber estudiado el mecenas en Zaragoza. Construye además una via sacra que comunica parroquia y ermita, o lo que es lo mismo los dos barrios de Oncala, separados por una vaguada que se salva con la construcción de un puente. El recorrido de esta vía sagrada se escalona con las 14 estaciones representadas por otras tantas cruces de hierro fijadas en un pedestal de piedra; este via crucis todavía se repite el día de Viernes Santo en viaje de la ermita a la iglesia y vuelta. Una de las cruces, la última si comenzamos el recorrido desde la parroquia, se fija en la entrada de la ermita junto a los escalones que dan acceso al atrio.

De cronología mucho más reciente parece ser la inscripción que se graba en uno de los sillares laterales que enmarcan el vano sur del presbiterio. Ocho letras, todas consonantes desarrolladas en cuatro líneas con dos letras en cada una excepto solo una en la última. Según nos comentó Amalio parece que es obra de hace poco más de medio siglo, remitiendo las superiores dobles a las iniciales de los operarios locales que retejaron la ermita: DL (Domicio Las Heras), HP (Hilario Pérez) y FH (Francisco Las Heras). La solitaria letra de la cuarta (D), de grabado menos incisivo, es una incógnita.



Idoubeda oros 2019 etnografía: Maricruz GC, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (texto e imágenes)


© idoubeda 2019

jueves, 9 de mayo de 2019

EL CEMENTERIO (VEA)



En el pie meridional del Castillo de Vea, cerca del lecho del Linares, en su margen izquierda, se localizan las ruinas de una gran estructura religiosa que sirvió de cementerio hasta el abandono del pueblo allá por la década de los sesenta. Según nos recordaba Felisa fue la iglesia de Vea hasta que se decide levantar una nueva dentro del núcleo urbano hace dos siglos, en 1802 según reza en la inscripción grabada en un dintel que corona un vano de la pared norte de la iglesia nueva.

Puente del Cementerio
Para encontrar el cementerio hay que bajar del pueblo siguiendo el GR que lleva a Peñazcurna y Villarijo. Veremos los restos de su espadaña a poco más de medio centenar de metros del puente habilitado hace una década para que la ruta de senderismo pudiese vadear el río con comodidad. A los culturalmente más exigentes les recomiendo, si el caudal del Linares lo permite, recrearse buscando el viejo puente (el puente Grande lo llamaban) situado algo más de un centenar de metros aguas arriba. De él quedan los dos grandes soportes laterales y el repunte del entramado de madera que lo sustentaba. Una vez en la orilla izquierda seguiremos aguas abajo pasando junto al lavadero y su puente, el puente del Lavadero, con el característico y rudo arco tradicional de piedra, aún en pie, y por fin, salvando el lecho del barranco Arrañuseca, un nuevo puente similar, el puente del Cementerio, que como su nombre indica nos da paso al edificio en cuestión.


Tiene el edificio planta rectangular de canónica orientación este-oeste con cabecera plana en el este. El espacio que hay ante la fachada sur tiene dos sectores. En la mitad occidental se encuentra la entrada principal; delante hay una especie de porche cerrado por paredes aunque a cielo abierto que tiene a su vez el acceso por el oeste. La mitad oriental, algo más amplia, tiene delante un espacio  llano y también abierto delimitado por un talud asentado con piedras al que se accedía desde el presbiterio; esta puerta en un momento indeterminado se ciega, quizás al reconvertir la iglesia en cementerio, dejando como única entrada la precedida por el porche sudoeste.


La vieja iglesia de Vea es de una sola nave, aparentemente
estructurada en origen por dos espacios, presbiterio y oratorio. En la cara oeste se levantó la espadaña en la que se adivinan dos vanos para otras tantas campanas. El edificio ha perdido íntegramente la cubierta, los muros en cambio se mantienen prácticamente hasta la cornisa del alero. En su plenitud como iglesia estuvo iluminada por tres puntos de luz, todos en la fachada sur, estrechos vanos abocinados delimitados por sillares en los que la jamba superior, adintelada, imita un pequeño arco de medio punto. También hubieron de dar luz los dos accesos; el principal, situado a poniente de la fachada sur, tiene hoy como travesera una potente viga de madera. En el pasado hubo de ser mayor e intuimos que delimitado por un arco de medio punto dovelado. A ello apunta lo que parece una dovela reutilizada que apoya, invertida boca arriba, sobre la travesera de madera. Está decorada con una inscripción en la que aparece gravada una cruz latina con una A a la izquierda y letras o signos indeterminados a su derecha. Las características estructurales remiten a un momento muy avanzado del medievo o a una incipiente modernidad.

En el interior se aprecian hasta tres capas de estucado, enlucido y pintado. El más somero y último es de tono rojizo, similar al que se conserva en algunos puntos de las paredes de la iglesia de El Castillo, localizada en la parte superior del cerro. En este último revoque de las paredes se grabaron y/o cortaron cruces, seguramente de un via crucis, la mayoría sobre el mortero de barro todavía fresco. Y numerosas son las cruces que, ya en el suelo, nos recuerdan que estamos en un camposanto. Cruces de mármol, cruces de hierro, cruces de morteros cementados... hijas cada cual de un tiempo, de una comarca, de una moda o forma de hacer... en las que no suele faltar un nombre, una fecha de principio y fin, y una foto en blanco y negro. Algunos fragmentos cerámicos castreños y romanos que ruedan por las laderas norte nos recuerdan que en estos parajes sagrados algunas de las ánimas y espíritus que lo habitan pueden transcender, con mucho, a las de las cruces de la cristiandad.


Idoubeda oros 2019 etnografía: Maricruz GC, Eduardo AP
Para esta entrada: Eva GV (dibujos autocad), Eduardo (texto e imágenes).

© idoubeda 2019

jueves, 2 de mayo de 2019

SANTA FILOMENA (VILLAR DEL RÍO)



Viva San Juan Degollado
viva Santa Filomena
viva la Virgen del Vado
viva un viva a los tres.

Esta jota de ronda que me recitó Jaime deja claro quienes encabezan el santoral devoto en Villar del Río, la patrona de la parroquia por un lado, y por otro San Juan y Santa Filomena que dan nombre a sus fiestas de la cosecha los últimos días de agosto. Tiene la particularidad Santa Filomena de contar con ermita propia situada dentro del casco urbano local. Salvo en el frente oeste, que da a la alargada plaza del Villar y en la que destaca por su porche cubierto sobre el que sobresale una sencilla espadaña, en el resto de los flancos pasa desapercibida, como una estructura urbana más, delimitada por callejones en el sur y este o adosada a otro edificio (el Ayuntamiento) en el norte.

Esta ermita urbana tiene planta rectangular con orientación este-oeste algo desviada al norte. La cabecera se dispuso en el este, estructurándose el conjunto del edificio en presbiterio y oratorio con coro elevado sobre la entrada, situada al oeste, encarando la plaza. En el nordeste tiene adosada una pequeña habitación, la sacristía, a la que se accede por una puerta desde el presbiterio; está totalmente solapada al exterior por el edificio del Ayuntamiento que se le superpone. 


El alzado de los muros es de piedra local mediana y pequeña con los mayores bloques utilizados como esquineras y su superficie exterior revocada con un mortero que deja ver en parte la superficie exterior de las piedras. Solo en el frente oeste, la fachada principal, se revocó y enlució con cal la mitad que se eleva por encima de la cubierta del porche dejando a los lados sendos vanos abocinados que iluminan desde el coro. Otro vano mayor da luz a oratorio y presbiterio desde el sur y otro menor a la sacristía desde el este. Parece que originalmente tuvo cubierta de teja a tres aguas, hoy todo vierte al sur y este, adaptada y adecuada la antigua caída norte a la cubierta del Ayuntamiento que se le adosa por este lado.


El interior está muy bien cuidado, asomando a cara vista la piedra en todo el sector central de la cabecera y en el sector bajo de las paredes a modo de zócalo, con el resto de la superficie encalada, al igual que el techo. El suelo está cubierto por baldosa moderna. Un pequeño escalón de piedra realzado en madera separa presbiterio y oratorio.

El presbiterio tiene desde hace algunos lustros el altar exento, de cara a los fieles. Recuerda Mª Jesús que la cabecera, hoy limpia, con la piedra a cara vista sobre la que se ve un cristo crucificado, el sagrario y la imagen de Santa Filomena, estaba ocupada hasta hace unas décadas por un cuadro de San Jorge y debajo la imagen de Santa Filomena dentro de un pequeño retablo-hornacina de gusto neoclásico con su frente protegido por un cristal. El cuadro está colgado hoy en la pared sur, algunos estandartes de procesión flanquean la cabecera y la pared norte y, discreta en un lateral, dentro de una especie de custodia de madera, se guardan las reliquias de la mártir y santa Filomena.


En el lateral oeste del presbiterio se localiza el coro, elevado por encima de la puerta de entrada y protegido por la habitual barandilla de madera. Se sube por una escalera adosada a pared norte. Coronando el frente oeste de la ermita hay una sencilla espadaña con un vano ocupado por una pequeña campana. En la base el acceso, una puerta enmarcada por arco de medio punto dovelado que da a la plaza.


La entrada está protegida al exterior por dos paredes laterales, la sur ligeramente retranqueada hacia dentro. Sendos poyos de asiento acodados flanquean la puerta. La casualidad (¿o no lo es?) ha querido que en el frente del poyo más meridional aparezca el positivo de una huella de saurio, una icnita. Una gran cubierta de madera a dos aguas protege el exterior de la entrada, y por tanto de las inclemencias del tiempo.

Tres cosas tiene El Villar
que no las tienen las Cortes,
el Solterrero y la Plaza
y los postes de San Jorge.


Los postes de San Jorge a los que se refiere esta alegre -como todas- segunda jota de ronda son las columnas que soportan la cubierta del porche de acceso y que tienen por fundamento dos alargadas basas de piedra en las que se grabó la fecha de su construcción, apareciendo AÑO en el frente de la basa norte y 1865 en la sur.

Es la segunda mención al santo vencedor del dragón y no es casualidad. Como decíamos arriba un cuadro de San Jorge presidió hasta hace no mucho la cabecera de la ermita junto con Santa Filomena, y hasta mediados del siglo XIX fue su advocación principal y única, momento en el que se rehabilita la ermita y se refunda con la santa como nueva referencia. El cuadro hubo de ser encargado y adquirido no mucho antes pues lo firma Ysidoro Villespín, discípulo de Vicente López, pintor y retratista oficial de la corte de Isabel II, tal y como se describe en la parte inferior del cuadro, donde además se indica el coste del encargo.

Una tercera referencia nos recuerda al viejo titular de la ermita, la pequeña campana que cobija el remate del hastial. En la parte inferior del bronce, bajo una cruz sobre peana, puede leerse desde la plaza un texto que remite a la llamada a la oración por parte del santo:

SAN XORGE ORA PRO [NOBIS].

En el suelo del porche, delante de la puerta, hay una inscripción de mediados del siglo pasado realizada cuando se arregla la entrada y el porche.  En ella se recuerdan las fechas de cuando se trae a la santa, dicen que de Portugal (1847) y de la reforma en cuestión (1955). Sobre ambas fechas el nombre de Santa Filomena entre formas geométricas y encima los atributos de la santa: el ancla que según me dijeron en el pueblo remite a su tierra, el Nilo (según otras fuentes la isla griega de Corfú), la palma y el hacha en los laterales y debajo una flecha. A ambos lados del conjunto hasta alcanzar los poyos de asiento laterales se llena el piso con una sucesión de círculos concéntricos, me aseguran que realizados mediante la impresión sobre el cemento fresco de la base de una lata de tomate, dentro cada uno del cuadro de un  enrejillado.


A pesar de que la leyenda de Filomena habla de una mártir de los primeros tiempos del cristianismo, su culto es muy reciente. Esta jovencísima mártir fue elevada a los altares en 1837, de ahí el florecimiento y propagación de su culto a mediados del XIX que alcanzó hasta El Villar. Sus atributos son el ancla, la palma -símbolo del martirio-, las tres flechas con las que fue atravesada y una flor, símbolo de su virginidad.

La refundación de la ermita se debe a un personaje ilustre
originario de El Villar, don Manuel Cillero, clérigo devoto de Santa Filomena que fue chantre de la Catedral de Menorca. Don Manuel reedificó a sus expensas la vieja ermita de San Jorge adquiriendo también de su pecunio la imagen de la santa. A su muerte en 1845 fue llevada a El Villar reinaugurándose la ermita poco después según consta en una preciosa estampita conmemorativa reimpresa en 2017.

Aunque su festividad oficial siguiendo el santoral es el 10 de agosto, en El Villar se celebra el 30 del mismo mes. Según afirman en el pueblo había y hay mucha devoción a Santa Filomena a la que se ofrecían y depositaban en la ermita muchos presentes fruto de las promesas que se le hacían. El 29 de agosto, día de San Juan Degollado, sale la santa en procesión desde su ermita hasta la parroquia, donde pasará esa noche. El día 30 saldrá de la iglesia para volver a su ermita; en el trayecto cuatro paradas con otras tantas subastas de las andas por parte del alguacil; la última y la más cotizada la de la entrada a la ermita a cobijo de la cubierta de su porche.


Idoubeda oros 2019 etnografía: Maricruz GC, Eduardo AP
Para esta entrada: Eduardo (texto, dibujos e imágenes).
Imagen de la estampita cortesía de Mª Jesús Martínez y Soledad Gómez.

© idoubeda 2019



jueves, 11 de abril de 2019

LA IGLESIA DE 'EL CASTILLO' (VEA)



De una década a esta parte la revolución digital y la divulgación en las atractivas a la vez que controvertidas redes, han alimentado con sus imágenes esa poderosa curiosidad por descubrir las reliquias de otros tiempos que la despoblación y el acelerado abandono rural de los cincuenta y sesenta han dejado como fósiles del pasado en numerosos rincones de la sierra. Qué duda cabe que visitar y ver estos retazos de lo que fueron pueblos, hoy sencillas y a la vez impresionantes ruinas devoradas por la naturaleza, activan en los amantes de nuestra sierra esa emotiva aventura que es reencontrarse con un pasado con el que te identificas y al que quieres. Un viaje en el tiempo a unas formas de vida que milagrosamente aún se pueden palpar y sentir los latidos entre sus piedras.


Pionero en poetizar el drama de la descomposición despobladora serrana fue Avelino Hernández. Este 2019 se cumplen 30 años de la publicación de su entrañable trabajo “La Sierra del Alba”, pequeños relatos que tienen como marco-ficción el último aliento de algunos de nuestros pueblos y despoblados: El Vallejo, Vellosillo, Acrijos, Navabellida… y el que es aquí nuestro destino, Vea. Otro de los relatos de Avelino narra precisamente su aventura para llegar al pueblo de su madre, “Y por fin llegamos a Vea” es el título, de lectura obligada para todos aquellos de mis amigos que, años después, querían venir a descubrir los vacíos de mi tierra.



Mi primera llegada a Vea, allá por los noventa, no fue tan accidentada como la que narra Avelino, que alcanza el pueblo remontando el Linares partiendo de Villarijo. Yo tomé el camino tradicional desde San Pedro, rio abajo, hoy ruta de senderismo que aquellos años sólo era ollado por algún sampedrano que quería perderse entre sus nostálgicas soledades. Recorridos poco más de seis kilómetros descubriremos Vea al retomar el Linares tras salvar el barranco del Fuentepino. Siendo rigurosos, de Vea no es el pueblo en sí lo primero que llama la atención y se ve, antes nos capturan la mirada unas ruinas, aparentemente solitarias, las de un edificio situado en un cerro inmediato de la margen contraria: El cerro es el denominado Castillo, el edificio lo que parecen restos de una iglesia. Cuentan que en las laderas del Castillo estaba el pueblo viejo de Bea ‒con B aparece en el Madoz‒ y que las ruinas eran las de su iglesia, siempre conocida caída y, como el cerro, también denominada “El Castillo”. Esta misma fuente nos contó que el viejo Vea fue abandonado reinstalándose sus gentes en el moderno de la margen derecha “huyendo” de la abundancia de culebras y “bichas” que se escondían entre las piedras del Castillo.


La iglesia del Castillo es un hito visual evidente, situada en el tercio superior de la ladera sudeste del cerro, la más acogedora, centraliza todas las barranqueras del Linares entre Soria y La Rioja, en la confluencia del Linares con su principal afluente de este sector de Alcarama, el barranco del Ambriguela. Está en perfecta incardinación visual con el pueblo, del que le separan unos 400 metros con el Linares entre ambos.


Tiene la iglesia del Castillo planta rectangular con cabecera absidiada semicircular de rigurosa orientación este y acceso por poniente. La cabecera/presbiterio es de menor tamaño en anchura que el oratorio, seguramente por ser obra más antigua al igual que toda la pared norte. El ábside es románico y toda la ampliación sur no sobrepasaría una cronología moderna temprana.




En el ábside se utilizó abundante piedra toba para conformar la cubierta y en los muros de presbiterio y oratorio se trabó la piedra con duro mortero de cal. A poniente se levantó una espadaña con dos vanos rematados en arco de medio punto. Otro vano abocinado hay en la misma pared algo más bajo y otro en el ábside. El muro sur, el más alto y que aterraza el terreno, se aseguró con contrafuertes. En el interior del edificio quedan restos de revoque de barro y enlucido con pintura roja. En la actualidad conserva el repunte de la cubierta abovedada del ábside, sus muros están parcialmente caídos y de la espadaña se ha perdido totalmente el tercio meridional y parte de los dos campanarios.

Los restos cerámicos que aparecen en el Castillo inciden en una ocupación de larguísimo recorrido que habría que remontar como mínimo a la Prehistoria reciente. Las impresionantes defensas naturales del cerro y su óptima situación estratégica en el valle no podían pasar desapercibidos, de ahí que sus vestigios, especialmente en la ladera este, la más acogedora, abarquen desde un momento temprano de la Edad del Hierro, incluso algo anterior, hasta tiempos medievales. En época moderna, cuando el viejo Vea estaba ya deshabitado, el trasiego humano debió ser importante pues según nos comentó Felisa, nacida en Vea y donde vivió hasta los 26 años, las huertas, corrales y parcelas meridionales y orientales eran muy valorados por los vecinos. 

Los restos cerámicos en este sector sudeste del cerro en el que se asienta la iglesia inciden en una ocupación romano-tardía, cronología a la que también apuntan un par de fragmentos de tegula romana reutilizados como ripio de asiento en la fábrica de la propia iglesia. En esta zona con restos romanos inmediata por el sur a la iglesia es probable que estuviese el cementerio como delata su topónimo, los Arrañes del Camposanto. En prospección, como arqueólogo, me estimularon especialmente la curiosidad una gran plataforma-afloramiento rocoso que hay inmediato por el noroeste a la iglesia, así como los enormes bloques pétreos que se utilizaron para abancalar toda esta zona oriental que se extiende bajo el lugar sagrado; pero nada tan desconcertante a la vez que atractivo como la gran roca, sin duda colocada artificialmente, que soporta la estructura del ábside; bajo ella se esconde y abre una misteriosa e inquietante gruta… Recursos literarios aparte estamos ante una estructura de cronología ante quem respecto al edificio románico.



Gracias a Felisa sabemos la advocación de la iglesia de El Castillo, que es también el patrono de Vea, San Lucas. El 18 de octubre, su festividad, se celebraba en el pueblo con tres días de fiesta, del 17 al 19. En los últimos años de vida antes del abandono, las décadas de los 50 y 60, venían gaiteros de Garranzo. El último día de las fiestas de San Lucas los mozos iban de casa en casa recogiendo donativos en especie.



Cerrada esta entrada a propósito de una iglesia-ermita ubicada en el desierto humano que son las Tierras Altas de Soria, a los pocos días de celebrarse una importante manifestación en la capital del reino que abogaba por medidas que contribuyan a paliar la despoblación, solo una reflexión, que es también un deseo... que las medidas que se tomen que algunas se van a tomar, no me cabe duda, no se queden en autovías y polígonos industriales en la capital o en las cabeceras de comarca, en los núcleos urbanos en definitiva, que alcancen a lo que realmente se ha despoblado, nuestros pequeños pueblos: servicios, servicios y servicios que permitan vivir con dignidad en ellos y que no resulten económicamente más gravosos que hacerlo en la capital.



Idoubeda oros 2019 etnografía: Maricruz GC, Eduardo AP
Para esta entrada: Eduardo (texto e imágenes), Eva GV (dibujos AutoCAD)


© idoubeda 2019