jueves, 9 de mayo de 2019

EL CEMENTERIO (VEA)



En el pie meridional del Castillo de Vea, cerca del lecho del Linares, en su margen izquierda, se localizan las ruinas de una gran estructura religiosa que sirvió de cementerio hasta el abandono del pueblo allá por la década de los sesenta. Según nos recordaba Felisa fue la iglesia de Vea hasta que se decide levantar una nueva dentro del núcleo urbano hace dos siglos, en 1802 según reza en la inscripción grabada en un dintel que corona un vano de la pared norte de la iglesia nueva.

Puente del Cementerio
Para encontrar el cementerio hay que bajar del pueblo siguiendo el GR que lleva a Peñazcurna y Villarijo. Veremos los restos de su espadaña a poco más de medio centenar de metros del puente habilitado hace una década para que la ruta de senderismo pudiese vadear el río con comodidad. A los culturalmente más exigentes les recomiendo, si el caudal del Linares lo permite, recrearse buscando el viejo puente (el puente Grande lo llamaban) situado algo más de un centenar de metros aguas arriba. De él quedan los dos grandes soportes laterales y el repunte del entramado de madera que lo sustentaba. Una vez en la orilla izquierda seguiremos aguas abajo pasando junto al lavadero y su puente, el puente del Lavadero, con el característico y rudo arco tradicional de piedra, aún en pie, y por fin, salvando el lecho del barranco Arrañuseca, un nuevo puente similar, el puente del Cementerio, que como su nombre indica nos da paso al edificio en cuestión.


Tiene el edificio planta rectangular de canónica orientación este-oeste con cabecera plana en el este. El espacio que hay ante la fachada sur tiene dos sectores. En la mitad occidental se encuentra la entrada principal; delante hay una especie de porche cerrado por paredes aunque a cielo abierto que tiene a su vez el acceso por el oeste. La mitad oriental, algo más amplia, tiene delante un espacio  llano y también abierto delimitado por un talud asentado con piedras al que se accedía desde el presbiterio; esta puerta en un momento indeterminado se ciega, quizás al reconvertir la iglesia en cementerio, dejando como única entrada la precedida por el porche sudoeste.


La vieja iglesia de Vea es de una sola nave, aparentemente
estructurada en origen por dos espacios, presbiterio y oratorio. En la cara oeste se levantó la espadaña en la que se adivinan dos vanos para otras tantas campanas. El edificio ha perdido íntegramente la cubierta, los muros en cambio se mantienen prácticamente hasta la cornisa del alero. En su plenitud como iglesia estuvo iluminada por tres puntos de luz, todos en la fachada sur, estrechos vanos abocinados delimitados por sillares en los que la jamba superior, adintelada, imita un pequeño arco de medio punto. También hubieron de dar luz los dos accesos; el principal, situado a poniente de la fachada sur, tiene hoy como travesera una potente viga de madera. En el pasado hubo de ser mayor e intuimos que delimitado por un arco de medio punto dovelado. A ello apunta lo que parece una dovela reutilizada que apoya, invertida boca arriba, sobre la travesera de madera. Está decorada con una inscripción en la que aparece gravada una cruz latina con una A a la izquierda y letras o signos indeterminados a su derecha. Las características estructurales remiten a un momento muy avanzado del medievo o a una incipiente modernidad.

En el interior se aprecian hasta tres capas de estucado, enlucido y pintado. El más somero y último es de tono rojizo, similar al que se conserva en algunos puntos de las paredes de la iglesia de El Castillo, localizada en la parte superior del cerro. En este último revoque de las paredes se grabaron y/o cortaron cruces, seguramente de un via crucis, la mayoría sobre el mortero de barro todavía fresco. Y numerosas son las cruces que, ya en el suelo, nos recuerdan que estamos en un camposanto. Cruces de mármol, cruces de hierro, cruces de morteros cementados... hijas cada cual de un tiempo, de una comarca, de una moda o forma de hacer... en las que no suele faltar un nombre, una fecha de principio y fin, y una foto en blanco y negro. Algunos fragmentos cerámicos castreños y romanos que ruedan por las laderas norte nos recuerdan que en estos parajes sagrados algunas de las ánimas y espíritus que lo habitan pueden transcender, con mucho, a las de las cruces de la cristiandad.


Idoubeda oros 2019 etnografía: Maricruz GC, Eduardo AP
Para esta entrada: Eva GV (dibujos autocad), Eduardo (texto e imágenes).

© idoubeda 2019

No hay comentarios:

Publicar un comentario