El Casalón de la Virgen para M. Martínez a finales del XVIII, Nuestra Señora de Oncala según Andrés y Postigo también en el XVIII, o la más popular y reconocida en el propio pueblo de El Caserón de la Virgen -según P. Iglesia-..., con todos estos nombres se ha conocido a las ruinas de esta singular ermita, por supuesto que además de La Virgen del Espino. La figura negra de esta virgen, localizada hoy en la parroquia local, es la imagen más venerada por los parroquianos de Oncala.
Pero volvamos a la ermita, otro de los elementos singulares de este rincón del alto Linares. Recomendamos acercarnos a ella con un poco de información... y mucha imaginación, para soñar unos tiempos no tan pasados en los que los viajantes y arrieros, tras pasar delante de su pórtico ascendían el último tramo del puerto; cuentan historias de una campana que en las duras tormentas de nieve que cerraban el camino eran la referencia para encontrar el refugio situado en el alto del puerto.
Se hacía una romería anual que partía de esta parroquia y el Ayuntamiento de Villa y Tierra de San Pedro daba a los clérigos, sacristanes y monaguillos el pan y vino necesarios para pasar el día. Cuentan que su imagen se sacaba en las rogativas para pedir lluvias. En una ocasión las gentes de San Pedro, encabezando una rogativa de los 25 pueblos de Villa y Tierra, intentaron llevarla hasta la Villa. Dicen que fue imposible hacerlo debido al peso de las andas, insoportable cuando se traspasaba el término de Oncala a la altura del Prado de San Mateo, en El Collado. También se dice que los ojos de la Virgen vertían lágrimas de aceite, que la santera utilizaba para alumbrar en el candil de la ermita. En una ocasión utilizó el aceite para freír algo en la cocina: desde ese momento dejó de llorar aceite y de sus ojos manaban sólo lágrimas, pero no saladas como las humanas. Otra versión de esta leyenda del aceite transformado en agua remite a una fuente cercana, la fuente del Espino. En este caso era la fuente la que manaba aceite (en vez de las lágrimas de la Virgen) hasta que el santero (aquí parece que varón) la utilizó para el consumo propio, manando desde entonces sólo agua.
Su festividad era y es la principal fiesta local, hace unas décadas el 8 de septiembre, la Natividad de la Virgen. Cuentan que hasta hace un siglo los hombres, vestidos de blanco, ese día danzaban ante la Virgen. Como en otros muchos pueblos serranos se pasó al primer fin de semana de septiembre para que pudieran acudir los hijos del pueblo residentes fuera. También hasta hace no muchos años hubo una cofradía del Espino, al frente de la cual había un mayordomo; aún subsiste dicha cofradía, aunque gestionada ahora por la alcaldía.
Idoubeda oros 2014 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP
Para esta entrada: Eduardo (texto e imágenes), Eva GV (dibujos AutoCAD)
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