domingo, 23 de febrero de 2014

LA VIRGEN DEL ESPINO (ONCALA)

 

El Casalón de la Virgen para M. Martínez a finales del XVIII, Nuestra Señora de Oncala según Andrés y Postigo también en el XVIII, o la más popular y reconocida en el propio pueblo de El Caserón de la Virgen -según P. Iglesia-..., con todos estos nombres se ha conocido a las ruinas de esta singular ermita, por supuesto que además de La Virgen del Espino. La figura negra de esta virgen, localizada hoy en la parroquia local, es la imagen más venerada por los parroquianos de Oncala.

 
Está la ermita alejada del pueblo en torno a un kilómetro dirección oeste, sobre el ancestral camino que comunica con Soria por el puerto de Oncala, ruta natural que remonta el río Linares para conectar San Pedro Manrique con el altiplano adnamantino. Se trata de un entorno privilegiado de media montaña, mezcla de monte bajo de acebo, roble y algún arce con los más abundantes espacios de pastos estivales. Sólo por disfrutar del medio natural en el nacimiento del Linares merece la pena acercarse a estos parajes, no en vano están declarados lugar de interés comunitario (LIC Oncala-Valtageros). Recomendamos dejarse perder un poco por el acebal de Oncala y buscar sus dos arces de Montpelier singulares..., o un viejo castro olvidado entre los robles...

Pero volvamos a la ermita, otro de los elementos singulares de este rincón del alto Linares. Recomendamos acercarnos a ella con un poco de información... y mucha imaginación, para soñar unos tiempos no tan pasados en los que los viajantes y arrieros, tras pasar delante de su pórtico ascendían el último tramo del puerto; cuentan historias de una campana que en las duras tormentas de nieve que cerraban el camino eran la referencia para encontrar el refugio situado en el alto del puerto.

La ermita está en ruina: ha perdido íntegramente la cubierta y la mayor parte del alzado de sus muros, sólo en la cabecera (este) conservan entre 4 y 6 metros de altura, piedra trabada con duro mortero de cal. Tiene planta rectangular (15x7m) con cabecera en el este y acceso probablemente en la mitad occidental de la fachada sur, de cara a la vieja ruta que asciende el puerto. El testero es plano con contrafuertes en las esquinas; se les ha expoliado la piedra de los ángulos, más que probablemente porque se trataba de sillares. Tanto el testero como los contrafuertes se apoyan en un saliente zócalo de piedra. El campanil de la ermita del Pilar y una de las pilas bautismales de la iglesia de Oncala parece ser que proceden de este lugar. Según cuenta M. Martínez (1796), tenía aneja la vivienda para un fraile. La ermita ya estaba en ruina el año en que escribe y pertenecía a la parroquia de San Miguel de San Pedro Manrique.


Se hacía una romería anual que partía de esta parroquia y el Ayuntamiento de Villa y Tierra de San Pedro daba a los clérigos, sacristanes y monaguillos el pan y vino necesarios para pasar el día. Cuentan que su imagen se sacaba en las rogativas para pedir lluvias. En una ocasión las gentes de San Pedro, encabezando una rogativa de los 25 pueblos de Villa y Tierra, intentaron llevarla hasta la Villa. Dicen que fue imposible hacerlo debido al peso de las andas, insoportable cuando se traspasaba el término de Oncala a la altura del Prado de San Mateo, en El Collado. También se dice que los ojos de la Virgen vertían lágrimas de aceite, que la santera utilizaba para alumbrar en el candil de la ermita. En una ocasión utilizó el aceite para freír algo en la cocina: desde ese momento dejó de llorar aceite y de sus ojos manaban sólo lágrimas, pero no saladas como las humanas. Otra versión de esta leyenda del aceite transformado en agua remite a una fuente cercana, la fuente del Espino. En este caso era la fuente la que manaba aceite (en vez de las lágrimas de la Virgen) hasta que el santero (aquí parece que varón) la utilizó para el consumo propio, manando desde entonces sólo agua.


Su festividad era y es la principal fiesta local, hace unas décadas el 8 de septiembre, la Natividad de la Virgen. Cuentan que hasta hace un siglo los hombres, vestidos de blanco, ese día danzaban ante la Virgen. Como en otros muchos pueblos serranos se pasó al primer fin de semana de septiembre para que pudieran acudir los hijos del pueblo residentes fuera. También hasta hace no muchos años hubo una cofradía del Espino, al frente de la cual había un mayordomo; aún subsiste dicha cofradía, aunque gestionada ahora por la alcaldía.

 
Idoubeda oros 2014 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP
Para esta entrada: Eduardo (texto e imágenes), Eva GV (dibujos AutoCAD)
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