lunes, 25 de noviembre de 2013

LA IGLESIA DE TORRETARRANCHO

 

Nos decía Amador, alcalde de Valtajeros, que es Torretarrancho (con ch) y también La Torre como se conoce en el pueblo al despoblado de su ayuntamiento que en muchos escritos aparece con cl, Torretarranclo. Desde nuestra posición de estudiosos de la Historia, especialmente la Protohistoria serrana, está meridianamente claro que la raíz del topónimo remite a El Castellar, El Castillo de don Blas Taracena, enorme bastión de tiempos celtibéricos situado al noroeste de las ruinas de Torretarrancho. La torre celtibérica, emplazada en un repunte de ladera, se proyectó en muralla hacia el este, ladera abajo, hasta crear un recinto que cerró todo el poblado protohistórico. Arruinado el castillo celtibérico y su muralla, en tiempos romanos el poblado siguió vivo, ajeno ya a preocupaciones defensivas, ocupando las casas el sector sudeste, de cara al rellano cerealista. Es ese mismo lugar, climáticamente el más apacible y acogedor, en el que se levantarán las viviendas de Torretarrancho, adosadas buena parte de ellas a lo que hoy es un enorme talud que, en realidad, son las ruinas de la antiquísima muralla celtibérica.

Bastión celtibérico, poblado amurallado, acogedor vicus en tiempos romanos... todas estas notables raíces históricas no alcanzan a tener correspondencia con el modestísimo poblado medieval y moderno. Reflejo de esa humildad de los últimos tiempos es su iglesia, la iglesia de Torretarrancho, que en características y dimensiones (un máximo de 12'95 x 9'20 metros en planta) es superada por muchas ermitas de Tierras Altas.


Encontraremos las ruinas de la iglesia en el límite sur del pueblo. Se estructura en tres cuerpos, la nave central rectangular de orientación este-oeste con cabecera a oriente, una sacristía adosada en este lado y un porche de acceso que protege la entrada en el sudoeste. La pared oeste de la nave central se remató en una pequeña espadaña con vano para una única y pequeña campana. Su cubierta, aparentemente de teja soportada por vigas de madera, tuvo caída a tres aguas, como la sacristía, y el porche a dos. En algunos puntos se ve el vuelo del alero decorado con el habitual juego de teja, en otros sobresalen las vigas de madera. La nave tuvo una ventana abocinada que iluminaba el presbiterio desde el sur y otra hubo en el mismo lado de la sacristía. En la base de la pared este de la sacristía, por el exterior, se aprecia cómo se asienta firme sobre una especie de pedestal o bajo zócalo.


Al interior la nave principal se divide a su vez en los normativos presbiterio y oratorio. Marcan la separación entre ambos sendas impostas en las paredes norte y sur que estuvieron enlucidas con estuco. Es posible que fuesen la base de un arco, aunque ninguna pista más hay para confirmarlo. Todo el interior se cubrió con al menos dos capas del citado revestimiento. En algunos puntos, por ejemplo en la entrada, el revoque interior es de un tono rojizo intenso, sin duda elaborado con teja o ladrillo machacados; en todos los casos el exterior es blanquecino, como las impostas. Otra pequeña imposta hay en la pared oeste, que habría que relacionar con un posible coro, o mejor, con alguna estructura relacionada con la espadaña y el campanil. En la cabecera (este) hay una gran hornacina abocinada sobre el altar y otras dos, mucho menores, en la pared sur, casi superpuestas, cerca de la entrada. Junto a la puerta, a mano derecha, quedan los restos del enlucido en el que se incrustó la pila de agua bendita.


Hornacina sobre el altar
Un pequeño campanil, colocado hoy al sur de la torre de la iglesia-fortaleza de Valtajeros, estuvo en la espadaña de Torretarrancho hasta el despoblamiento del pueblo, a finales de los años 60. Recuerdo de esos años es la inscripción tallada en el soporte de madera, AÑO 1964. Parece ser que el campanil, muy viajero, antes lo había sido de la desaparecida ermita de San Miguel. También se conserva en la iglesia de Valtajeros un retablo con la imagen de una virgen, la Virgen de El Castellar. No hay que ser muy perspicaz para asociar nombres, vírgenes, lugares e, incluso, podemos dejarnos llevar, un poco, por la imaginación con una pregunta...  ¿es casualidad con estos datos que la iglesia de Valtajeros sea una iglesia-fortaleza, un castillo?


Idoubeda oros 2013 etnografía: Maricruz GC, Estefanía TM, Manuel CD, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (texto e imágenes)
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lunes, 21 de octubre de 2013

ERMITAS DEL ALHAMA: SAN JUAN DE LAS CANALEJAS (MAGAÑA)

 
 
La primera vez que supimos de la existencia en Magaña de una ermita dedicada a San Juan fue leyendo el artículo de Andrés y Postigo sobre las ermitas de Tierras Altas, San Juan de las Canalejas la apodaban. Fue Pili, hace algunos años alcaldesa, la que nos supo situar el paraje donde se levantó... y hablamos en pasado de esta ermita porque nada se ve en el lugar que sugiera la existencia de lo que fue un edificio sagrado.


Saliendo de Magaña por el camino que remonta el Alhama dirección Suellacabras pronto la ruta cambia de orilla, aún cerca y a la vista del pueblo, para ascender por la margen derecha. Un firme y robusto puente de piedra de dos ojos salva el río. Su estructura es tradicional, dos arcos de medio punto con tajamar en el pie central.


Parece que fue aquí donde se situaba la ermita de San Juan, poco antes de atravesar el puente que lleva la ruta a la margen derecha del río. No está claro su emplazamiento exacto, aunque en el entorno laten las constantes que gustaban en Época Moderna para localizar estos pequeños edificios religiosos que tanto proliferaron en los siglos XVII y XVIII: sobre un camino o encrucijada a la salida del pueblo. Es posible que estuviese en una plataforma aterrazada situada a la derecha del camino, poco más de 50m antes de alcanzar el puente. En este lugar vimos un par de pequeños sillares y abundantes fragmentos de ladrillo tradicional y teja, teja que también calza como ripio unos muros inmediatos derruidos, sin duda de un edificio que pudo ser el de la ermita, pero también de cualquier otro tipo de estructura suburbana.


Poco más hemos conseguido atisbar sobre el terreno de lo que pudo ser o servir de contexto al edificio dedicado a San Juan. Ajenos a lo que fue la vida vinculada a la ermita son los frecuentes y rodados fragmentos de cerámicas prehistóricas que asoman entre los frutales de la terraza: tosquísimos fragmentos de cerámicas a mano que remiten a una indeterminada actividad doméstica en el entorno que, al menos un par de milenios después, acaparó la devoción en Magaña a San Juan, el de las Canalejas.

Castillo de Magaña, desde San Juan

Idoubeda oros 2013 etnografía: Manuel CD, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (texto y fotos).

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domingo, 11 de agosto de 2013

ERMITA DE SAN FÉLIX (SAN FELICES)

 

El pueblo de San Felices se emplaza en un paraje en altura, punto estratégico que controla la ruta natural del río Alhama entre la meseta oriental castellana y el valle del Ebro. Se asoma a las barranqueras que han conformado los torrentes de la margen derecha del río, un espacio hoy abrupto aunque aterrazado, en el que los abrigos rocosos y la humanización de un paisaje sobrecogedor y áspero, evocan tiempos difíciles y conflictivos. No en vano se ha asociado el origen del pueblo con el Castelar, castro de época celtibérica que es reocupado en época romana tardía. Es en estos tiempos de descomposición social y política del Imperio Romano cuando la vida eremita, el retiro espiritual y ascético, es enarbolado como alternativa vital por ciertos espíritus incorformistas al amparo del pujante cristianismo. Uno de estos eremitas fue San Felices o San Félix, que vivió retirado en los riscos de Bilibio (Rioja Alta).

 
Como resulta ya evidente, un santo es quien ha dado nombre al pueblo aunque, curiosamente, no ha acabado siendo su patrón, que lo es el Santo Cristo del Consuelo, ni siquiera de la parroquia, donde preside el retablo mayor San Pedro Apóstol... Poco se conserva de San Félix y de su recuerdo: dos imágenes en la iglesia a él se atribuyen y lo que fue su ermita ha perdido su carácter sacro en favor de un papel social y lúdico: es el bar del pueblo. Con todo San Félix, a pesar de sentirse hoy este relativo olvido, parece que forma parte de la raíz y de las entrañas del pueblo: lo que fue su ermita se sitúa frente a la iglesia; si ésta limita por el norte a la plaza, la ermita lo hace por el sur, sirviendo de mirador al cerro del Castelar situado en frente, al otro lado del barranco.

Tiene la ermita planta rectangular con orientación este-oeste, construida en sillarejo. La  cabecera estuvo en el este y el acceso por el norte. Parece que se cubrió con bóveda de cañón y tejado a tres aguas. Según nos comentaron el pavimento, hasta los años sesenta, fue de ladrillo tradicional, sustituido entonces por baldosas propias del momento. En la cabecera aún se conserva una hornacina enmarcada por una estructura adintelada que coronaría con la imagen del santo el altar.

Al estar situada en el borde sur de la plaza, sobre un terreno de desnivel bastante pronunciado, el frente sur tiene bastante más altura que el norte para quedar compensados. Es por esta razón que la entrada está en el norte, cara a la plaza, un firme y robusto acceso con arco de medio punto enmarcado por grandes dovelas. Debido a la igualación del terreno la mitad inferior del vano está colmatado, lo que incide en acentuar la impresión comentada de diferente altura entre las fachadas norte y sur. En la zona de la explanación inmediata a la ermita estaba el antiguo cementerio el pueblo, con pared delimitadora para el mismo.

Hace como mínimo medio siglo, si no es bastante más, que dejó de ser lugar sagrado. Lo que no hay duda es que sirvió de capilla para el cementerio y después de escuela, en los años setenta del siglo pasado. Años más tarde, con la pérdida de la escuela, pasó a ser teleclub y en la actualidad el local sirve como bar social. Tapiado el acceso norte, se entra hoy por una puerta abierta en la esquina oriental también cara al norte. Al entrar al actual vestíbulo lo primero que veremos a la izquierda, entre las mesas y las sillas recogidas de la terraza estival, es la antigua hornacina del santo, coincidiendo con lo que sería el espacio del antiguo presbiterio...  entrando a la izquierda sillas y mesas con tapete y cartas de mus... y al fondo la barra del bar. Todo un paradigma de historia contemporánea que se enseña en las universidades: la iglesia del pueblo como punto de reunión y de encuentro social que a partir del siglo XIX va perdiendo peso con la progresiva laicidad de la sociedad española hasta que ese papel de lugar social es asumido por la taberna, por el bar del pueblo...

Comenzábamos apuntado a San Felices, el ermitaño de Bilibio, como el titular de la advocación de esta ermita. Es posible, aunque no probable, pues hay detalles que no lo dejan claro, puede ser otro San Félix. La iconografía del ermitaño es la de un monje austero ampliamente barbado que sujeta un libro abierto... libro que falta en las imágenes de nuestros dos San Felices, que además visten atuendos eclesiásticos cuidados y, en cierto modo, ricos, lo que trasmite la impresión de boato... una elegancia religiosa muy distante de las cuevas y grutas propias de mundo eremita.


Idoubeda oros 2013 etnografía: Manuel CD, Eduardo AP.
Para esta entrada: Nuria (dibujos autoCAD) y Eduardo (texto y fotos)

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sábado, 30 de marzo de 2013

ERMITA DE SAN SEBASTIÁN (SAN FELICES)


  
 
Es San Felices un pueblo con un entorno geográfico que sobrecoge por lo abrupto: emplazado en altura sobre las barranqueras que ha labrado el Alhama en la Serranía, es un punto de paso y, por tanto, de control del tránsito por esta ruta fluvial entre la Meseta y el valle del Ebro. En esta función de dominio territorial y visual el pueblo actual parece heredero de El Castelar, poblado fortificado de época castreña y celtibérica que también se ocupa en época romana tardía.  




Hay recuerdo en San Felices de dos ermitas, una homónima dentro del pueblo, que pronto trataremos, y otra en su espacio suburbano dedicada a San Sebastián, la que nos ocupa. De la ermita de San Sebastián no quedan restos, sí el recuerdo de su existencia en las afueras del pueblo junto al viejo camino que llevaba a Castilruiz; ese camino es hoy carretera y parece que estaba a unos 100m de las últimas casas, a la derecha, en lo que son aterrazamientos artificiales para aprovechamiento agroganadero tipo eras y más abajo huertas.


Junto a la carretera, donde supuestamente estaba la ermita desmantelada, no queda ningún resto visible, solo se ven cuidados espacios aterrazados con piedra y un encerradero. En el sudeste, al otro lado de la vaguada, el castro, poderosa altura fortificada por la que se ven rodar las piedras de lo que fueron muralla y viviendas de los muy míticos tiempos del enfrentamiento con Roma. Al noroeste el pueblo, sobre una especie de puntal en el que se escalonan las viviendas de cara al sur.

Enrique, octogenario vecino de San Felices, nos contaba que recuerda haber oído hablar de la ermita, aunque no la llegó a conocer. Sin estar muy seguro nos apuntaba su situación en el lugar que hemos descrito, entre la carretera y la llamada fuente de la Mora, situada algo más abajo, en lo que hoy es una era empedrada al pie del acceso oriental al pueblo.




Indicio evidente de la existencia de la ermita es la imagen de San Sebastián que flanquea el retablo principal de la iglesia del pueblo. La ubicación de la ermita cuadra con otras dedicadas a San Sebastián, la mayoría localizadas en la proximidad de los pueblos, y que fueron levantadas en época moderna generalmente tras el concilio de Trento. Fruto de la Contrarreforma trentina, que potenciaba la expresiones sociales de la religiosidad con rogativas y procesiones, es la proliferación de ermitas en el entorno de los pueblos, muchas marianas y humilladeros a Cristo, pero también a santos como San Roque y San Sebastián, a los que se invocaba como protectores contra pestes y epidemias.




Idoubeda oros 2013 etnografía: Manuel CD, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (texto y fotos).

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