jueves, 25 de diciembre de 2014

EL SANTO (SAN ANDRÉS DE SAN PEDRO)

 
Sector oriental abierto y caída occidental sobre el arroyo
 
Hace unos días Cándido Heras, natural de San Andrés de San Pedro y conocedor de nuestro trabajo, nos mandaba un correo remitiéndonos a otra ermita del pueblo, la que hoy presentamos, El Santo. A Cándido debemos alguna de la información que aquí reproducimos y también a Justo Jiménez, quién hace tres años nos orientó ya sobre su existencia y ubicación, además de hablarnos sobre los recuerdos que de ella tenía. Seguimos por tanto en San Andrés y seguimos con una nueva ermita desaparecida, casi olvidada, de la que casi nada puede verse ya. El entorno está ocupado por el lecho embarrancado de un arroyo y tierras yermas en las que los arbustos y la maleza se han adueñado de lo que antaño fueron seguramente huertas.


Se localizan sus restos en el espacio suburbano del pueblo, al otro lado del arroyo que le limita por el sur. Para llegar hay que pasar el río recorriendo unos 200m por la pista que sale hacia el sur; en una curva cerrada tomaremos dirección este en paralelo al río, siguiendo por una vereda los 30 o 40m que separan a la pista del lugar donde estuvo El Santo.


Situada en la margen derecha del arroyo llamado del Molinillo o los Molinillos, sobre el primer talud que salva el lecho del arroyo y a escasos metros del mismo, resulta evidente la relación entre la ermita, el arroyo y sus aguas. Unas decenas de metros a oriente baja otro arroyo; allí hay una pocita donde los monaguillos lavaban las vinajeras (como el propio Justo Jiménez hizo cuando era niño según nos dijo), es por eso que a este arroyo se le conoce como el arroyo las Vinajeras.


Arroyo del Molinillo
Según nos contaban era un pequeño edificio de una sola nave de planta rectangular y cabecera cuadrangular. Según nos ha orientado Cándido Heras la ermita se situaba sobre un pequeño cortado de la roca, perfectamente vertical, elevado unos 4 metros sobre el arroyo; parece que los cimientos aún pueden adivinarse: se ven piedras medianas y pequeñas rodar por su sector sur, el que da al sendero, y en el este se levanta un pequeño resalte alargado que puede ser de un muro.  Nos contaba Justo Jiménez que antaño era costumbre oficiar aquí una misa los domingos. Esta noticia de la misa dominical quizás pueda relacionarse con lo que nos comentaba Cándido Heras, que el santo innominado de la ermita sea San Andrés pues Madoz, a mediados del siglo XIX, menciona una ermita en las inmediaciones del pueblo que tenía como advocación a este santo. Hay que tener en cuenta que en tiempos de Madoz la iglesia local estaba bajo la advocación de la Asunción Nuestra Señora y no de San Andrés Apóstol como hoy.


Tiene el entorno del solar de la ermita algunos atractivos añadidos para los temas que solemos tocar, así el topónimo de San Miguel, un cercado inmediato por el sur. Es muy probable que tenga relación con la ermita de San Miguel, ubicada en los altos de la sierra, en la linde con el término de Oncala. Era frecuente en el pasado que santuarios y ermitas tuviesen propiedades que les proporcionaban rentas para su mantenimiento. El otro lugar, situado unos 100m al sudoeste, es el Prado de la Cuesta, yacimiento en el que se han localizado fragmentos de cerámica de tipo celtibérico y algún molino circular, material arqueológico que probablemente ha dado nombre al arroyo Molinillos.


Idoubeda oros 2014 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP
Para esta entrada: Eduardo (texto y fotos)
© idoubeda 2014




lunes, 8 de diciembre de 2014

LA ERMITA DE SAN BARTOLOMÉ (SAN ANDRÉS DE S.P.)

 

San Andrés de San Pedro es un pueblo tranquilo, humilde si se quiere, una aldea más de las que conformaron la vieja comunidad de Villa y Tierra de San Pedro Manrique. Está situado al pie de las laderas septentrionales de la Sierra del Rodadero, interfluvio Ebro-Duero, en concreto al oriente de la Sierra de San Miguel, uno de los dos pasos que tuvo la villa para trasponer la Sierra y alcanzar la meseta oriental soriana. El sistema de comunicaciones moderno ha concentrado el paso por el segundo, el puerto de Oncala, habiendo quedado éste de San Miguel y San Andrés olvidado en el desván de los trastos viejos del pasado. El abandono alcanza también a todas esas construcciones que salpicaron los caminos, algunas de las cuales jalonaron la sierra como hitos protectores del caminante, caso de la ermita que presentamos el mes pasado, la de San Miguel.


Ésta que tratamos ahora, la ermita de San Bartolomé, estuvo también al pie de la Sierra, a poco más de un kilómetro al sur del pueblo. Lo que queda hoy, a parte del topónimo de Los Cerrados de San Bartolomé, es una gran montonera de piedras en medio de una parcela labrada y un cerrado ubicado al nordeste de la pieza. Se llega tomando la pista que lleva a la subestación de los eólicos, pista que hay que dejar poco antes de alcanzarla y recorrer unos 200m hacia oriente por otra pista de parcelaria.


Según nos comentaron, buena parte de Los Cerrados de San Bartolomé fueron arrasados por la igualación del terreno consecuencia de la concentración parcelaria. Como decíamos más arriba, en un primer vistazo sólo llama la atención un gran amontonamiento de piedra que sobresale en medio de la pieza labrada, y de los que fueron los Cerrados sólo se conserva uno situado al nordeste. La prospección del entorno deparó la localización de abundantes fragmentos de teja alrededor de dicho amontonamiento de piedra, lo que evidencia en el lugar una estructura de piedra cubierta con teja. ¿La ermita?... es probable, muy probable.


Pero no sólo teja y piedra recuerdo de un viejo lugar sagrado encontramos: numerosos sílex, la mayoría lascas de descortezado, y algunos fragmentos de ancestral cerámica a mano aparecieron en torno a lo que fue el solar de la ermita. Estos restos remiten a una pequeña ocupación prehistórica anterior a la Edad del Hierro, es decir, de hace más de tres milenios.


A pesar de todo esta destrucción y (casi) olvido si que hemos reconocido en la iglesia el elemento central del culto en la ermita, la imagen de San Bartolomé. Aparece el apóstol con su iconografía más reconocible, sosteniendo un libro en su mano izquierda, un cuchillo en la derecha y se le aferra al pie una especie de demonio. Parece que el libro remite a su labor como predicador del Evangelio en oriente (Armenia, India), el cuchillo a su martirio, desollado vivo, y para la diablesa se remite tanto al relato de un evangelio apócrifo vinculado a la resurrección de Cristo como a un milagro/exorcismo del santo.


Nada más hemos conseguido saber de esta ermita de San Bartolomé, un pequeño santuario desaparecido como todos los de San Andrés de San Pedro, cinco si incluimos el de San Miguel, compartido con Oncala. Los cinco envueltos ya en las brumas que disuelven la memoria con el  marco de los altos que conforman el LIC (Lugar de Interés Comunitario) Oncala-Valtajeros.


Idoubeda oros 2014 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP
Para esta entrada: Manuel (análisis cerámicos), Eduardo (texto y fotos)
© idoubeda 2014

lunes, 3 de noviembre de 2014

LA ERMITA DE SAN MIGUEL (ONCALA/SAN ANDRÉS DE S.P.)

 

Pedro, vecino de San Andrés que durante años fue alcalde del pueblo nos dio la pista, el casi olvidado recuerdo de que aún quedaba algo de una antigua ermita en los altos de la Sierra, la ermita de San Miguel. Y en este sentido han vuelto a ser nuestras Tierras Altas muy agradecidas: la despoblación, la poca presión humana sobre el ager y el saltus, el agro y el bosque latinos, ha hecho que en la vasta soledad de nuestros valles y nuestros altos siga presente cierta huella de la vida en el pasado, de nuestro patrimonio etnográfico. para este proyecto, idoubeda oros, es una gratificante aventura buscar y encontrar por estos "cerros de dios", esas huellas del pasado.


Cualquier estudioso de la toponimia, y no digamos ya de las ermitas rurales, sabe que aquellos lugares cuyo nombre se corresponde con el de un santo, virgen o similar, raro será que en sus inmediaciones no haya tenido su correspondiente punto de culto, una ermita. Dos son los que conocemos para este caso, al este la Hoya de San Miguel, profundo valle de cara a San Andrés de San Pedro y dirección nordeste toda la cresta de la Sierra de San Miguel; es precisamente en el collado que conecta esta Sierra de San Miguel con el interfluvio Ebro-Duero (la Sierra de Oncala), donde, siguiendo las indicaciones de Pedro, hemos localizado los restos de la ermita.


Comparte hoy espacio con los aerogeneradores y sus pistas; una de ellas es la mejor manera de llegar a ella, la que partiendo del puerto de Oncala dirección este recorre toda la cresta de la sierra. La ermita se ubica en la linde entre Oncala y San Andrés, pueblos que parece ser compartían derechos para aprovechar sus pastos. Su entorno, incluso hoy con los modernos molinos de viento, es evidentemente ganadero, pastos estivales, agostaderos: fuentes, manantiales y grandes cerrados de piedra evocan los tiempos en que las merinas y sus pastores eran una parte sustancial del paisaje.

 
Como no podía ser de otra manera, está la ermita sobre un camino tradicional, ruta natural de carácter comarcal que sirve de paso entre el río Linares a la altura de El Collado y el altiplano adnamantino a través de Castilfrío de la Sierra. En definitiva una ruta natural de paso más, aunque no fácil pues hay que remontar los 1500 m de altitud, entre le valle del Ebro y la Meseta.

 
De la ermita lo que queda visible es su derrumbe, una gran montonera de piedras tomada por algunas zarzas y maleza. Parece evidente su planta rectangular de unos 10x6 m con perfecta orientación este-oeste y acceso por el sur. Su cubierta hubo de ser de teja como delatan unos pocos fragmentos que vimos entre las piedras. Nos llamó la atención la localización de una piedra de moler barquiforme, también llamada de vaivén, técnica de molienda propia de los tiempos previos al cristianismo.

No resulta ajeno San Miguel a las gentes de San Andrés de San Pedro ni al propio pueblo, que se localiza en el piedemonte de las laderas orientales de la Sierra de San Miguel. Nos comentaba un abuelo que  recordaba la celebración en el pueblo de la fiesta de San Miguel (29 de septiembre). En la iglesia descubrimos un pequeño retablo con pinturas, en una de ellas se representa al arcángel guerrero en su iconografía habitual, espada en alto derrota y pisa al mal representado en el ángel caído, Lucifer.


Idoubeda oros 2014 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP
Para esta entrada: Eduardo (texto y fotos)


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jueves, 16 de octubre de 2014

LA ERMITA DE SAN ROQUE (EL COLLADO)

 

Volvemos a encontrarnos, una vez más, con una ermita dedicada al santo enfermero, San Roque, y de nuevo sobre un viejo camino en las inmediaciones de un pueblo, El Collado. Se sitúa, ahora también, en un cruce tradicional, el de la carretera que se dirige a San Pedro Manrique con el camino que ascendiendo las laderas de Lutero sube hacia Montaves, encrucijada localizada a unos 200 metros del pueblo. Unos 50 metros al norte de la carretera, muy próximo al depósito de aguas, se encuentran los restos de esta modestísima construcción.


Tiene la ermita planta casi cuadrada, con el sentido este-oeste algo más largo, toda ella de un solo espacio, ocupando la cabecera -ligerísimamente redondeada quizás debido al propio deterioro- el lado corto norte y acceso por el sur. Conserva hoy buena parte del alzado de sus paredes, que en el interior norte se levantan todavía más de 3 metros. Los muros, de unos 75 cm de potencia, se levantaron de piedra trabada con barro. Tanto al interior como al exterior se aprecia aún la aplicación de un revoque de barro y cal como enlucido.


La abundancia de fragmentos de teja que hay en su entorno certifica su empleo en la cubierta, hoy totalmente perdida. Por las características del alzado de sus paredes parece que tuvo cubierta a cuatro aguas, más larga y caída la sur, la del acceso, forma habitual de coronar las ermitas y humilladeros de los tiempos modernos (XVII y XVIII), cronología que convendría a ésta de San Roque.

Se encuentra la ermita de San Roque en evidente ruina, ha perdido totalmente la cubierta y sus paredes sufren un lento e irreversible proceso de deterioro, de derrumbe. Zarzas y maleza ocupan buena parte de su entorno y todo el interior.

Iglesia de El Collado
 
Según consta en el Diccionario de Madoz, parece que la ermita sirvió de parroquia hasta 1754. En el pueblo nadie recuerda haber asistido a ningún culto o celebración en ella, aunque sí la han visto todavía con su cubierta de teja completa.

A falta de un San Roque en la ermita, la iglesia de El Collado conserva dos imágenes. Es muy interesante la más pequeña de las dos figuras, quizás la original. En ambas se representa la iconografía más extendida del santo: vestido de peregrino, tiene a su lado a un perro y levantando su faldón muestra en su pierna las heridas de la peste.

 

Idoubeda oros 2014 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP
Para esta entrada: Eduardo (texto, dibujo y fotos)
 
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jueves, 18 de septiembre de 2014

LA ERMITA DE SANTOLAYA (ONCALA/EL COLLADO)

 
 
Escrito su nombre también como Santolaya y Santa Olalla, esta ermita con advocación a la santa y mártir Eulalia se ubica sobre el tradicional camino que desde el puerto de Oncala se dirige a la villa, San Pedro Manrique, un kilómetro antes de alcanzar El Collado. Para llegar a las que fueron sus ruinas hay que dejar atrás un par de kilómetros el cruce al barrio de arriba de Oncala y seguir la vieja ruta que discurre unos centenares de metros al norte de la carretera actual, hasta casi alcanzar la linde que separa su parcelario del de El Collado. Metros antes de atravesar el lindero, imprecisable sobre el terreno, estuvieron sus ruinas.


Situada unas decenas de metros al sur del camino, hoy pista de tierra, tiene a su espalda (norte) un pequeño rellano cerealista justo antes de ascenderse los repechos meridionales de El Cayo, e inmediatas por el sur las laderas descendentes hacia el lecho del Linares. A poniente una vaguada y un antiguo despoblado, Abrigaño. G. Martínez Díez relaciona la ermita de Santa Eulalia con Abrigaño, es decir, cree que antes que ermita fue la iglesia de esta aldea.


Ruina de la ermita hasta hace un lustro

Salvo el recuerdo y algunos derrumbes de piedras, poco o nada queda de Abrigaño y de la que pudo ser su iglesia/ermita. Hasta hace cinco años aún era visible su planta rectangular, a nivel de cimientos, con cabecera semicircular en el este y parece que acceso por el sur. Hace un lustro se igualó todo el entorno para su aprovechamiento agrícola, depositándose el escombro de la adecuación de la parcela sobre lo que fueron sus cimientos. Es lo que ahora puede verse, una gran montonera de piedras en medio de un campo dedicado al laboreo agrícola. Este arrasamiento del terreno ha permitido, triste consuelo, ampliar algunos datos sobre la ermita y alguna información añadida sobre un pasado mucho más lejano.

Los materiales más lejanos en el tiempo aparecen al este, ya en el parcelario de El Collado: contados sílex, sin duda útiles, escasísimos fragmentos de cerámica realizada a mano así como tres molinos barquiformes que remiten a tiempos anteriores a los celtibéricos. De esta época puede ser también este tipo de molino y algunos finos fragmentos cerámicos, ya realizados a torno, con su característico tono oxidante y sus fondos rehundidos, umbilicados. Muy abundantes son los restos cerámicos de época medieval, que son los que deben asociarse a la plenitud de la vida de la ermita de Santa Olalla; entre las formas reconocibles ollitas y alguna jarra. Fragmentos de piedra toba, usuales en las construcciones religiosas de la comarca durante la plenitud del medievo vuelven a incidir en esta cronología.

De un momento temporal imprecisable es un grabado que fotografiamos antes del desmantelamiento de la ermita; estaba caído y parcialmente hincado en la tierra delante de la que suponíamos entonces fue la entrada: una serie de trazos rectos transversales y cruzados entre sí, conformando formas a modo de equis y uves, con una especie de lágrima en el centro. No queremos que se quede en el tintero la mención a un borde y cuello de un fino ungüentario de vidrio realizado con el esmero artesanal de tiempos pretéritos, y que localizamos durante las últimas prospecciones.

No hemos visto imagen alguna en los pueblos del entorno, Oncala y El Collado, que pueda asociarse a esta santa mártir, aunque sí coincide su iconografía con la patrona de El Collado, Santa Marina. Con la palma, símbolo del martirio, y un libro en la mano se representa a ambas. Dos tradiciones hay para Santa Eulalia, una la sitúa en Barcino (Barcelona), la otra en Emérita Augusta (Mérida). En ambas se trata de una joven y tenaz adolescente que es martirizada por no renunciar a su fe cuando tenía en torno a 13 años... corrían los tiempos del emperador Diocleciano, a principios del siglo IV.



Idoubeda oros 2014 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP
Para esta entrada: Manuel (análisis cerámicos), Eduardo (texto y fotos)
 
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martes, 22 de abril de 2014

SAN PEDRO DEL AYA (ONCALA)


Rara es la ermita de todas las que en estas páginas han ido apareciendo que no tenga, para quien suscribe, alguna circunstancia especial por la que no haya acabado por tomarle cariño. En el caso que nos ocupa son muchos los motivos que hacen del lugar un hito personal que ha trascendido tanto a mi como a mis trabajos de campo, habiéndose convertido, hoy por hoy, en uno de los referentes más antiguos conocidos -si no el que más- en el que se practicó el ritual funerario de incineración dentro de la protohistoria hispana.


Me explico. Hace ya unos cuantos años (poco antes del cambio de milenio, ahí es nada) realizando el trabajo de campo de mi tesina, localicé un asentamiento romano en el lugar que en el pueblo (Oncala) denominan San Pedro. Se trataba de un asentamiento rural de los que en el argot arqueológico denominamos vicus, un pequeño poblado abierto dedicado a la explotación agrícola y ganadera del entorno, como hoy. En principio nada excepcional, un asentamiento rural más sobre una vía de comunicación, la que enlazaba en época romana el poblado central del Alto Linares (Los Casares de San Pedro Manrique) con el altiplano numantino por el puerto de Oncala. Sin embargo por sus restos materiales tuvo el lugar un plus de riqueza poco habitual, entre los fragmentos cerámicos de su vajilla romana de mesa (en el argot terra sigillata) localizamos unos pocos de importación, la denominada terra sigillata sudgalica, fabricada en el sur de Francia.


Hace poco más de un lustro, cuando se planificó el arreglo de la carretera de Soria a San Pedro Manrique por Oncala, que atraviesa el yacimiento, comuniqué al Servicio Territorial de Cultura la circunstancia. Desde aquí me plantearon la posibilidad de dirigir la actuación de urgencia, pero como en esos años no tenía los medios y el equipo de hoy, muy a mi pesar desistí de presentar una propuesta. El trabajo, extraordinario por cierto, lo llevó a cabo la empresa Areco, y los resultados sobrepasaron con creces las expectativas. Del asentamiento romano se exhumaron varias estancias cuadrangulares, una de ellas con hogar, de vivienda por tanto. Hasta ahí más o menos lo previsible... y a partir de ese punto las sorpresas, la primera a poniente, donde se exhumó una necrópolis (cementerio) de incineración del Bronce Final, datada por Carbono 14 en el siglo XI a. C., una antigüedad que rompe bastantes esquemas de lo reconocido por la investigación. Y la segunda sorpresa sobre los restos romanos, la ermita que nos ocupa, San Pedro del Aya.

Estancias de cronología romana
La única referencia escrita conocida de esta ermita está en el archivo diocesano de El Burgo, un libro de cuentas de la Ermita de San Pedro que arranca en el siglo XVI y abarca todo el XVII. Este documento hizo intuir a P. Iglesia, buen conocedor de Oncala, su pueblo, la existencia de una ermita al apóstol, que en su trabajo de 1999 sitúa, con buen criterio como se ha demostrado, en el paraje denominado San Pedro. Al no aparecer mencionada en el Catastro de Ensenada ni tampoco en la posterior encuesta de Tomás López hemos de suponer que ya estaría abandonada en la segunda mitad del siglo XVIII.

Edificio inferior: cabecera absidiada

La vieja ermita de San Pedro se ubicó a la salida del pueblo, sobre la encrucijada que forman la carretera de San Pedro Manrique a Soria con el camino tradicional que desde Oncala conectaba con el Valle del Cidacos por el portillo de Los Campos. En definitiva, un lugar de ancestral ocupación humana con restos de un cementerio de hace más de tres mil años, un milenio después acogedor caserío romano y hace quinientos ermita dedicada al primer pontífice de Roma.


Las excavaciones de la década pasada sacaron a la luz dos edificios superpuestos, es decir, una primera ermita más antigua, de cronología bajomedieval, y una segunda superpuesta moderna producto de una profunda remodelación, o mejor, una reconstrucción de la ermita que eliminó buena parte del edificio antiguo. El edificio inferior, el más antiguo, tuvo planta rectangular con cabecera en ábside semicircular de canónica orientación este y acceso por el sur de poco más de un metro. Parece que el edificio tuvo una necrópolis adosada por el sur pues junto al muro de cierre se localizó un enterramiento en tumba de lajas. El edificio superior, de época moderna, tiene planta rectangular con el suelo interior empedrado. En la esquina sudoeste se conserva el repunte de un contrafuerte cuadrado. Al sur, por el exterior, tuvo una especie de acera empedrada de medio metro de anchura y un canal de desagüe.


Edificio superior: empedrado
El paraje de San Pedro es hoy una gran explanada cultivada de cereal situada al norte de la carretera de Soria, entre ésta y el piedemonte meridional de la Sierra de Alba (El Cayo). Dentro de este espacio el entorno donde se ubica la ermita recibe un nombre, El Santo. El olvido de los siglos no es absoluto, en este topónimo subyace la memoria popular de un ancestral lugar sagrado: una ermita con su cementerio, un caserío de tiempos romanos y una antiquísima necrópolis del Bronce Final.


Idoubeda oros 2014 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP
Para esta entrada: Eduardo (texto y fotos)
 
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domingo, 23 de febrero de 2014

LA VIRGEN DEL ESPINO (ONCALA)

 

El Casalón de la Virgen para M. Martínez a finales del XVIII, Nuestra Señora de Oncala según Andrés y Postigo también en el XVIII, o la más popular y reconocida en el propio pueblo de El Caserón de la Virgen -según P. Iglesia-..., con todos estos nombres se ha conocido a las ruinas de esta singular ermita, por supuesto que además de La Virgen del Espino. La figura negra de esta virgen, localizada hoy en la parroquia local, es la imagen más venerada por los parroquianos de Oncala.

 
Está la ermita alejada del pueblo en torno a un kilómetro dirección oeste, sobre el ancestral camino que comunica con Soria por el puerto de Oncala, ruta natural que remonta el río Linares para conectar San Pedro Manrique con el altiplano adnamantino. Se trata de un entorno privilegiado de media montaña, mezcla de monte bajo de acebo, roble y algún arce con los más abundantes espacios de pastos estivales. Sólo por disfrutar del medio natural en el nacimiento del Linares merece la pena acercarse a estos parajes, no en vano están declarados lugar de interés comunitario (LIC Oncala-Valtageros). Recomendamos dejarse perder un poco por el acebal de Oncala y buscar sus dos arces de Montpelier singulares..., o un viejo castro olvidado entre los robles...

Pero volvamos a la ermita, otro de los elementos singulares de este rincón del alto Linares. Recomendamos acercarnos a ella con un poco de información... y mucha imaginación, para soñar unos tiempos no tan pasados en los que los viajantes y arrieros, tras pasar delante de su pórtico ascendían el último tramo del puerto; cuentan historias de una campana que en las duras tormentas de nieve que cerraban el camino eran la referencia para encontrar el refugio situado en el alto del puerto.

La ermita está en ruina: ha perdido íntegramente la cubierta y la mayor parte del alzado de sus muros, sólo en la cabecera (este) conservan entre 4 y 6 metros de altura, piedra trabada con duro mortero de cal. Tiene planta rectangular (15x7m) con cabecera en el este y acceso probablemente en la mitad occidental de la fachada sur, de cara a la vieja ruta que asciende el puerto. El testero es plano con contrafuertes en las esquinas; se les ha expoliado la piedra de los ángulos, más que probablemente porque se trataba de sillares. Tanto el testero como los contrafuertes se apoyan en un saliente zócalo de piedra. El campanil de la ermita del Pilar y una de las pilas bautismales de la iglesia de Oncala parece ser que proceden de este lugar. Según cuenta M. Martínez (1796), tenía aneja la vivienda para un fraile. La ermita ya estaba en ruina el año en que escribe y pertenecía a la parroquia de San Miguel de San Pedro Manrique.


Se hacía una romería anual que partía de esta parroquia y el Ayuntamiento de Villa y Tierra de San Pedro daba a los clérigos, sacristanes y monaguillos el pan y vino necesarios para pasar el día. Cuentan que su imagen se sacaba en las rogativas para pedir lluvias. En una ocasión las gentes de San Pedro, encabezando una rogativa de los 25 pueblos de Villa y Tierra, intentaron llevarla hasta la Villa. Dicen que fue imposible hacerlo debido al peso de las andas, insoportable cuando se traspasaba el término de Oncala a la altura del Prado de San Mateo, en El Collado. También se dice que los ojos de la Virgen vertían lágrimas de aceite, que la santera utilizaba para alumbrar en el candil de la ermita. En una ocasión utilizó el aceite para freír algo en la cocina: desde ese momento dejó de llorar aceite y de sus ojos manaban sólo lágrimas, pero no saladas como las humanas. Otra versión de esta leyenda del aceite transformado en agua remite a una fuente cercana, la fuente del Espino. En este caso era la fuente la que manaba aceite (en vez de las lágrimas de la Virgen) hasta que el santero (aquí parece que varón) la utilizó para el consumo propio, manando desde entonces sólo agua.


Su festividad era y es la principal fiesta local, hace unas décadas el 8 de septiembre, la Natividad de la Virgen. Cuentan que hasta hace un siglo los hombres, vestidos de blanco, ese día danzaban ante la Virgen. Como en otros muchos pueblos serranos se pasó al primer fin de semana de septiembre para que pudieran acudir los hijos del pueblo residentes fuera. También hasta hace no muchos años hubo una cofradía del Espino, al frente de la cual había un mayordomo; aún subsiste dicha cofradía, aunque gestionada ahora por la alcaldía.

 
Idoubeda oros 2014 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP
Para esta entrada: Eduardo (texto e imágenes), Eva GV (dibujos AutoCAD)
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