martes, 1 de diciembre de 2020

EL HUMILLADERO (CASTILFRÍO DE LA SIERRA)



Castilfrío de la Sierra tuvo una pequeña ermita dentro de su casco urbano, el Humilladero, también denominada el Santo y el Ecce Homo. Su edificio, que aún fue conocido por los mayores pues fue desmantelado allá por los años sesenta o setenta,  lo recuerda una placa del callejero urbano que nos indica cuál fue su emplazamiento: Plaza Humilladero. Hace casi una década tuvimos la suerte de coincidir con Pilar Crespo, a su buena memoria debemos una parte importante de lo que aquí se cuenta de la ermita; por desgracia Pilar ya no va a ver este escrito.  

La plaza formada al desmantelar el Humilladero se encuentra en el sector nordeste del pueblo. Se llega desde la plaza Felipe Las Heras, centro neurálgico de la localidad delimitado por fachadas nobiliarias y el propio Ayuntamiento. Tomando la calle que sale dirección norte encontraremos el viejo solar del Humilladero a medio centenar de metros, hoy transformado en pequeña plaza encementada.


Nos contaba Pilar que el edificio era pequeño y alargado, con planta rectangular de un solo espacio, de nave única por tanto, con cabecera en el norte y acceso por el sur. A partir de las referencias que se intuyen sobre el terreno tuvo unas dimensiones de unos 10 x 5 metros. Por el este daba a un estrechísimo callejón. El acceso estaba enmarcado por un arco de medio punto dovelado que dejaba un vano de 2'85 x 1'55 metros. Esta entrada se ha conservado reubicada como puerta de un solar inmediato situado en la esquina nordeste de la plaza. Las descripciones apuntan a que estamos ante una ermita de cronología moderna.


La cabecera rectangular estaba coronada por una hornacina ocupada por una imagen de Cristo, un Ecce Homo que se conserva en la iglesia parroquial. Los días de fiesta se encendía una vela o candil en la pared norte, junto al Ecce Homo, que se veía desde la fuente de la plaza ya que el interior era visible desde el sur a través de la puerta a la que sólo cerraban unas verjas.

Había bastante devoción, aunque no llegaba a la de la Virgen de la Carrascala. La imagen de Cristo salía en procesión el 1 de mayo recorriendo todo el pueblo, subastándose las andas a la vuelta, para entrar en la ermita. La víspera, el 30 de abril, los mozos preparaban haces de leña de espino en el monte, haces que tenían que bajar las mozas. Con ellos encendían una hoguera en la plaza en torno a la que pasaban esa noche de fiesta.

La ermita del Humilladero contaba con santero, el último tenía por oficio el de albañil. Aquí nos contaron, no sin cierta sorna, que fue este santero-albañil el que se dejó caer la ermita; anécdota cierta o no, la dejamos en suspenso para que decida, si quiere, el criterio del lector.


Idoubeda oros 2020 etnografía: Maricruz GC, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (documentación, texto e imágenes).

                                                                                           © idoubeda 2020


jueves, 19 de noviembre de 2020

EL SANTO (ESTEPA DE SAN JUAN)


Transpuesto el puerto de Oncala de cara a la cuenca del Duero y Soria capital, el primer pueblo que encontramos, todavía perteneciente a la Mancomunidad de Tierras Altas, es Estepa de San Juan. Desde aquí no es difícil localizar las ruinas de la ermita de El Santo. Si desde las casas más orientales del pueblo miramos hacia el este, la veremos a poco menos de 500 m, baja, en una suave ladera próxima al fondo de la vaguada, rodeada de un curioso cerrado de piedra que evoca un consciente aislamiento de este lugar sagrado que ha trascendido a las desamortizaciones contemporáneas. También es posible relacionar este cerrado con aprovechamientos vinculados a la evidente riqueza ganadera de la Sierra. Se llega tomando la carretera que se dirige a Castilfrío de la Sierra, por la que seguiremos unos 400 m, quedándose a un centenar de metros a la izquierda de la misma.

Tiene la estructura del edificio planta rectangular con canónica cabecera en el este y acceso por el oeste. Se ordena en dos cuerpos, la capilla cuadrada oriental y un pórtico de entrada occidental, posiblemente cubierto aunque abierto. Este porche de acceso está derrumbado y en buena parte desmantelado; es ligeramente más ancho que la capilla y se aprecia su proyección oeste en un mínimo de 1'55 m.

De la capilla cuadrada se ha perdido íntegramente la cubierta, así como parte del alzado de sus paredes, que conservan una altura máxima de 5 m en el muro norte. El alzado fue de sillarejo y la piedra se trabó con duro mortero de cal.  Se reforzaron las paredes con contrafuertes trasversales en las esquinas orientales, que servían de alivio al peso de la cubierta. Ésta consistió en una cúpula sostenida por nervios de piedra tallada, recubierta al exterior por teja. Desde el porche se accedía a la capilla por un gran arco de medio punto dovelado, con contrafuertes en este caso perpendiculares a las paredes norte y sur.

Los materiales que aparecen en superficie consisten en fragmentos de cerámicas oxidantes de cronología amplia y un tanto imprecisable que puede ir desde tiempos bajomedievales, hasta los modernos, incluso contemporáneos. Por las características del edificio pudo tener un origen bajomedieval o tal vez moderno (XVI-XVII). Muy probablemente esta ermita tiene que estar relacionada con el despoblado de Los Villares, situado unos 200 m al norte. El lugar y su contexto es un curioso reducto del pasado que el tiempo todavía no ha conseguido devorar.


Idoubeda oros 2020 etnografía: Maricruz GC, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eva GV (dibujo autocad), Eduardo (documentación, texto e imágenes).

                                                                                           © idoubeda 2020




martes, 13 de octubre de 2020

NUESTRA SEÑORA DEL VALLE (ARMEJÚN)

 

Una de las referencias históricas que tenemos de esta ermita nos lleva a finales del siglo XVIII, cuando Miguel Martínez dice que la ermita del Valle estaba hacia poniente del pueblo de Armejún; más recientemente, hace medio siglo, Gervasio Manrique enriquece sustancialmente los datos con su investigación archivera. Documenta G. Manrique la existencia de dos edificios, el de la propia ermita y la vivienda del santero, así como la propiedad de un número indeterminado de terrenos cuya explotación cubría sin estrecheces los gastos para el culto de la ermita así como los del santero. Por el primero sabemos también que a finales del XVIII la ermita estaba adscrita a la parroquia de San Martín de San Pedro Manrique.


Estas fuentes sólo mencionan para ubicar la ermita su emplazamiento hacia el ocaso del pueblo. Entra en este punto la información que nos proporciona una de las decanas hijas del lugar, Rosa (gracias Olalla por tu mediación), que la sitúa unos 500 m aguas arriba del barranco que lleva hacia Valdemoro y Taniñe, entre el lecho de la vaguada y una curva de la pista actual que conduce a estos pueblos. Recuerda Rosa que allí se encontraban dos edificios, uno la ermita, que siempre la había conocido algo más que en ruinas, deslavazada, y otro que relaciona con el tio León, quizás el propietario en ese momento, y quizás también lo que pudo haber sido en su momento la casa del santero.


Nuestros trabajos de prospección en el paraje no han sido todo lo determinantes que nos hubiese gustado, aunque sí hemos localizado algunas estructuras que pudieran corresponderse con este lugar sagrado y sus construcciones anejas. Inmediato al arroyo hay un gran cerrado de piedra, y aguas arriba muretes sobre derrumbes concentrados en dos núcleos separados por una veintena de metros. Dos resabios de lo que pudieron ser estructuras para las que es fácil dejarse llevar y asociar a ermita y vivienda.


Sin embargo, las referencias que se nos han dado, sin estar meridianamente claras y seguras, parece que separan algo a ermita y vivienda de la inmediatez del lecho sobre el que se vuelcan ambas montoneras de piedras. Cercanas al lecho aunque ya en la ladera que baja de la pista que lleva a Valdemoro, se escalonan paredes de piedra que aterrazan el terreno hasta el lecho. En su parte superior aún se ven los fundamentos de una estructura de cierto empaque.


Tuvo este edificio planta rectangular (8,00 x 6,55 m) de casi perfecta orientación N-S con cabecera en el norte y acceso por el sur. Parece que se ordenó en dos cuerpos, una habitación o sala interior cerrada y un porche de acceso abierto. La pared norte, la posible cabecera, está ligerísimamente curvada y la esquina sureste se levanta con enormes bloques de piedra que dan al muro en este punto un grosor de 80 cm. Algunos fragmentos de teja en el entorno remiten a su cubierta y la escasa cerámica vidriada a un momento vital moderno. Se trata por tanto de una estructura que cuadraría con la tipología de numerosas ermitas comarcales levantadas en época moderna.


Pero, como decíamos para las estructuras atisbadas junto al lecho, nada determinante, sin ningún dato o resto de indudable adscripción cultual, únicamente se ven elementos que también pueden interpretarse como pertenecientes a una construcción vinculada a quehaceres rústicos tradicionales. Además, sus ruinas y derrumbes deberían ser más potentes que cualquiera de los que hemos descrito, pues según Gervasio Manrique su torre acogía nada menos que a dos campanas y un campanil. Queda abierta por tanto la búsqueda en el gran horizonte de coníferas que es hoy y rodea al misterio de esta ermita, un santuario en el que dicen que durante las Guerras Napoleónicas se escondió una custodia de oro perteneciente al cabildo de la villa y tierra sampedrana.


Idoubeda oros 2020 etnografía: Maricruz GC, Eduardo AP.
Para esta entrada: Rosa (documentación), Olalla (documentación), Maricruz (documentación), Eduardo (documentación, texto e imágenes)

                                                                                           © idoubeda 2020


martes, 4 de agosto de 2020

ERMITAS EN LA CUBETA DE MAYA Y EL VILLAR: SANTA CECILIA (II)



Hace justo una década nuestro trabajo de prospección en las ermitas de Tierras Altas estaba en su plenitud, y no había mes que no incluyésemos en este blog la entrada de alguna de las que ya teníamos documentadas. En abril de 2010 le tocó a la ermita de Santa Cecilia, una pequeña pero para nosotros entrañable ermita cuyas ruinas siempre vimos coronar el pueblo, referencia visual para aquellos caminantes que, en este sector del Cidacos, se movían entre Yanguas/Villar del Río y Santa Cruz de Yanguas. 

Santa Cecilia 2011
Ermita de Santa Cecilia, año 2011

Una ermita sencilla pero singular, pues, aunque su estructura y características apuntaban a una construcción reciente (los siglos XVII y XVIII), algunos detalles sugieren un origen mucho más antiguo, tanto como la propia santa homónima: la estela discoide que coronaba hasta hace un par de décadas la puerta, los fragmentos de piedra toba reutilizada en la fábrica de sus paredes y, sobre todo, los restos altomedievales y romanos de su sector occidental, como decíamos tan antiguos como los de la santa y mártir romana Cecilia.


Viene a cuento volver a tratar diez años después Santa Cecilia por su afortunada restauración, que ha respetado en lo posible los elementos de la arquitectura tradicional conservados, y ha descubierto otros que estaban escondidos bajo  los derrumbes de la cubierta. La techumbre se ha restaurado respetando las viejas caídas a cuatro aguas, soportada la teja por un elegante entramado de madera apoyado a su vez en vigas que, en su eje central, dejan colgar del techo un elegante bolardo ovalado. También se ha recubierto de teja el muro oeste y su proyección sur, especie de porche protector que cobija un poyo de asiento.

En el interior, bajo la broza y los derrumbes, ha salido un precioso suelo de ladrillo tradicional. La primera fila de ladrillos que se adosa a las paredes corre en paralelo a ellas, en cambio todo el relleno interior se ordena conformando ángulos en esquina a modo de zigzag o espiguillas.

En el suelo el altar estuvo precedido (y está tras aflorar durante la restauración) por dos grandes losas enfiladas y dispuestas en paralelo al mismo, sobreelevadas unos centímetros sobre el piso de ladrillo. A la pared norte se adosa el altar y sobre sobre él, a unos 20 cm la base de la hornacina. En el altar se ha dejado su frente de piedra; la hornacina y las cuatro paredes se han recubierto de un revoque encalado que deja a vista en la parte baja el alzado de piedra a modo de zócalo, algo rehundido respecto al revoque por el grosor de éste.


En el acceso una puerta de dos hojas verticales, cada una con su respectiva mirilla enrejada, abre y cierra esta sencilla pero coqueta ermita que ahora sí, ha dejado de tener ese calificativo que con tanta frecuencia va "pegado" a la descripción de las estructuras de nuestra Sierra, el de "en ruinas".

Ermita de Santa Cecilia, año 2016

En definitiva, una restauración que, en nuestra opinión, resulta afortunada, y que debemos al buen hacer de Joaquín y Fermín, con décadas de trabajo y experiencia en las construcciones tradicionales de nuestra comarca, así como a la voluntad de un mecenas anónimo (a día de hoy y al menos para nosotros). Gracias por las cosas bien hechas.


Idoubeda oros 2020 etnografía: Maricruz GC, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (texto e imágenes)

                                                            © idoubeda 2020

jueves, 21 de mayo de 2020

SANTA TERESA (VALTAJEROS)



Hace ya una década, cuando estaba metido de lleno en la documentación de las ermitas comarcales, pregunté en el pueblo por lugares que tuviesen por nombre el de algún santo y Amador ya me habló de que había un paraje denominado Santa Teresa, aunque le restó importancia como posible lugar sagrado bajo la advocación de la santa. Años después, gracias a mis ocasionales conversaciones con vecinos e hijos del pueblo, la realidad de esta ermita ha ido tomando cierta consistencia.


Parece que esta antigua ermita estaba al sur del pueblo, en el fondo del valle que lo limita por este lado, a no más de cien metros de la última casa. El paraje se denomina con el explícito nombre de las Huertas de Santa Teresa, y se compone precisamente de eso, huertas escalonadas en torno a una especie de callejón delimitado por sendos muros de piedra que flanquean el camino hasta salvar el lecho de la vaguada situada en el pie meridional de Valtajeros.


Como decimos, el paraje consiste en un camino descendente si se sale del pueblo, flanqueado por sendos muros de piedra tradicionales que da acceso a las llamadas Huertas de Santa Teresa, conjunto de plataformas escalonadas por potentes paramentos pétreos de contención en las que se habilitaron huertas. Estas huertas están sobre todo en la margen izquierda del barranco, la solana, al pie del pueblo. Haciendo esquina en una de las huertas una estructura de piedra con aperos nos recuerda que algunas están aún en uso. Veinte metros más abajo se alcanza el lecho, que se salva por un puente peatonal hoy de cemento. En su entorno varios chopos singulares por sus dimensiones y por el revestimiento de hiedra que alcanza en ocasiones hasta la copa. Atravesado el puente, ya en la orilla derecha, una potente pared de contención evoca una estructura de realidades pasadas que la hiedra oculta a los ojos.

Una vez traspuesto el puente el camino se transforma en pista de tierra gracias a una rehabilitación reciente, y que parece dirigirse hacia la ermita de San Miguel.

Pero nada en definitiva que asegure la localización exacta de esta ermita, ni en estos ni en otros rincones inmediatos de las Huertas de Santa Teresa. Una ermita que ya sólo existe en la memoria de algunos mayores, como Natividad Domínguez, que incluso llega a recordar la existencia de una imagen de Santa Teresa en un lateral del retablo de la iglesia local, imagen que, como nos decía, ya no está, desapareció.


Idoubeda oros 2020 etnografía: Maricruz GC, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (texto e imágenes)


© idoubeda 2020