
Una de las referencias históricas que tenemos de esta ermita nos lleva a finales del siglo XVIII, cuando Miguel Martínez dice que la ermita del Valle estaba hacia poniente del pueblo de Armejún; más recientemente, hace medio siglo, Gervasio Manrique enriquece sustancialmente los datos con su investigación archivera. Documenta G. Manrique la existencia de dos edificios, el de la propia ermita y la vivienda del santero, así como la propiedad de un número indeterminado de terrenos cuya explotación cubría sin estrecheces los gastos para el culto de la ermita así como los del santero. Por el primero sabemos también que a finales del XVIII la ermita estaba adscrita a la parroquia de San Martín de San Pedro Manrique.

Estas fuentes sólo mencionan para ubicar la ermita su emplazamiento hacia el ocaso del pueblo. Entra en este punto la información que nos proporciona una de las decanas hijas del lugar, Rosa (gracias Olalla por tu mediación), que la sitúa unos 500 m aguas arriba del barranco que lleva hacia Valdemoro y Taniñe, entre el lecho de la vaguada y una curva de la pista actual que conduce a estos pueblos. Recuerda Rosa que allí se encontraban dos edificios, uno la ermita, que siempre la había conocido algo más que en ruinas, deslavazada, y otro que relaciona con el
tio León, quizás el propietario en ese momento, y quizás también lo que pudo haber sido en su momento la casa del santero.
Nuestros trabajos de prospección en el paraje no han sido todo lo determinantes que nos hubiese gustado, aunque sí hemos localizado algunas estructuras que pudieran corresponderse con este lugar sagrado y sus construcciones anejas. Inmediato al arroyo hay un gran cerrado de piedra, y aguas arriba muretes sobre derrumbes concentrados en dos núcleos separados por una veintena de metros. Dos resabios de lo que pudieron ser estructuras para las que es fácil dejarse llevar y asociar a ermita y vivienda.
Sin embargo, las referencias que se nos han dado, sin estar meridianamente claras y seguras, parece que separan algo a ermita y vivienda de la inmediatez del lecho sobre el que se vuelcan ambas montoneras de piedras. Cercanas al lecho aunque ya en la ladera que baja de la pista que lleva a Valdemoro, se escalonan paredes de piedra que aterrazan el terreno hasta el lecho. En su parte superior aún se ven los fundamentos de una estructura de cierto empaque.
Tuvo este edificio planta rectangular (8,00 x 6,55 m) de casi perfecta orientación N-S con cabecera en el norte y acceso por el sur. Parece que se ordenó en dos cuerpos, una habitación o sala interior cerrada y un porche de acceso abierto. La pared norte, la posible cabecera, está ligerísimamente curvada y la esquina sureste se levanta con enormes bloques de piedra que dan al muro en este punto un grosor de 80 cm. Algunos fragmentos de teja en el entorno remiten a su cubierta y la escasa cerámica vidriada a un momento vital moderno. Se trata por tanto de una estructura que cuadraría con la tipología de numerosas ermitas comarcales levantadas en época moderna.

Pero, como decíamos para las estructuras atisbadas junto al lecho, nada determinante, sin ningún dato o resto de indudable adscripción cultual, únicamente se ven elementos que también pueden interpretarse como pertenecientes a una construcción vinculada a quehaceres rústicos tradicionales. Además, sus ruinas y derrumbes deberían ser más potentes que cualquiera de los que hemos descrito, pues según Gervasio Manrique su torre acogía nada menos que a dos campanas y un campanil. Queda abierta por tanto la búsqueda en el gran horizonte de coníferas que es hoy y rodea al misterio de esta ermita, un santuario en el que dicen que durante las Guerras Napoleónicas se escondió una custodia de oro perteneciente al cabildo de la villa y tierra sampedrana.
Idoubeda oros 2020 etnografía: Maricruz GC, Eduardo AP.
Para esta entrada: Rosa (documentación), Olalla (documentación), Maricruz (documentación), Eduardo (documentación, texto e imágenes)
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