jueves, 18 de septiembre de 2014

LA ERMITA DE SANTOLAYA (ONCALA/EL COLLADO)

 
 
Escrito su nombre también como Santolaya y Santa Olalla, esta ermita con advocación a la santa y mártir Eulalia se ubica sobre el tradicional camino que desde el puerto de Oncala se dirige a la villa, San Pedro Manrique, un kilómetro antes de alcanzar El Collado. Para llegar a las que fueron sus ruinas hay que dejar atrás un par de kilómetros el cruce al barrio de arriba de Oncala y seguir la vieja ruta que discurre unos centenares de metros al norte de la carretera actual, hasta casi alcanzar la linde que separa su parcelario del de El Collado. Metros antes de atravesar el lindero, imprecisable sobre el terreno, estuvieron sus ruinas.


Situada unas decenas de metros al sur del camino, hoy pista de tierra, tiene a su espalda (norte) un pequeño rellano cerealista justo antes de ascenderse los repechos meridionales de El Cayo, e inmediatas por el sur las laderas descendentes hacia el lecho del Linares. A poniente una vaguada y un antiguo despoblado, Abrigaño. G. Martínez Díez relaciona la ermita de Santa Eulalia con Abrigaño, es decir, cree que antes que ermita fue la iglesia de esta aldea.


Ruina de la ermita hasta hace un lustro

Salvo el recuerdo y algunos derrumbes de piedras, poco o nada queda de Abrigaño y de la que pudo ser su iglesia/ermita. Hasta hace cinco años aún era visible su planta rectangular, a nivel de cimientos, con cabecera semicircular en el este y parece que acceso por el sur. Hace un lustro se igualó todo el entorno para su aprovechamiento agrícola, depositándose el escombro de la adecuación de la parcela sobre lo que fueron sus cimientos. Es lo que ahora puede verse, una gran montonera de piedras en medio de un campo dedicado al laboreo agrícola. Este arrasamiento del terreno ha permitido, triste consuelo, ampliar algunos datos sobre la ermita y alguna información añadida sobre un pasado mucho más lejano.

Los materiales más lejanos en el tiempo aparecen al este, ya en el parcelario de El Collado: contados sílex, sin duda útiles, escasísimos fragmentos de cerámica realizada a mano así como tres molinos barquiformes que remiten a tiempos anteriores a los celtibéricos. De esta época puede ser también este tipo de molino y algunos finos fragmentos cerámicos, ya realizados a torno, con su característico tono oxidante y sus fondos rehundidos, umbilicados. Muy abundantes son los restos cerámicos de época medieval, que son los que deben asociarse a la plenitud de la vida de la ermita de Santa Olalla; entre las formas reconocibles ollitas y alguna jarra. Fragmentos de piedra toba, usuales en las construcciones religiosas de la comarca durante la plenitud del medievo vuelven a incidir en esta cronología.

De un momento temporal imprecisable es un grabado que fotografiamos antes del desmantelamiento de la ermita; estaba caído y parcialmente hincado en la tierra delante de la que suponíamos entonces fue la entrada: una serie de trazos rectos transversales y cruzados entre sí, conformando formas a modo de equis y uves, con una especie de lágrima en el centro. No queremos que se quede en el tintero la mención a un borde y cuello de un fino ungüentario de vidrio realizado con el esmero artesanal de tiempos pretéritos, y que localizamos durante las últimas prospecciones.

No hemos visto imagen alguna en los pueblos del entorno, Oncala y El Collado, que pueda asociarse a esta santa mártir, aunque sí coincide su iconografía con la patrona de El Collado, Santa Marina. Con la palma, símbolo del martirio, y un libro en la mano se representa a ambas. Dos tradiciones hay para Santa Eulalia, una la sitúa en Barcino (Barcelona), la otra en Emérita Augusta (Mérida). En ambas se trata de una joven y tenaz adolescente que es martirizada por no renunciar a su fe cuando tenía en torno a 13 años... corrían los tiempos del emperador Diocleciano, a principios del siglo IV.



Idoubeda oros 2014 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP
Para esta entrada: Manuel (análisis cerámicos), Eduardo (texto y fotos)
 
Copyright idoubeda 2014