Las Eras de San Roque se sitúan a poniente de San Pedro Manrique, inmediatas por el sur a la carretera que lleva a la vecina tierra de Yanguas. Según cuenta Gervasio Manrique, en la parte alta de las eras existió una ermita bajo la advocación de San Roque, inmediata al viejo camino que llevaba a Palacio de San Pedro. En el momento en que escribe, hace ya medio siglo, dice que no quedaban vestigios y sólo los más mayores de San Pedro supieron ubicarla entonces en torno a este lugar.
Como bien dijo G. Manrique nada con atisbos de sagrado se aprecia en el entorno de las Eras de San Roque, un espacio suburbano a caballo entre los últimos edificios de la localidad y el terruño agrícola que le rodea, campos de cereal surcados por algunos caminos -hoy pistas de parcelaria- que apuntan dirección a las aldeas inmediatas por el oeste: Taniñe, Fuentes y Palacio.
Quizás casualidad... o quizás no, si que participa el lugar en dos jornadas festivas, en parte religiosas y en parte no tanto, de indudable trascendencia en el sentir sampedrano. El día de la Cruz de Mayo las Eras de San Roque se reparten con Carrera Mediana, en años alternos, el protagonismo en la bendición de campos, ritual propiciatorio al que sigue, ya en el Ayuntamiento, el multitudinario y siempre emocionante sorteo de móndidas.


Más protagonismo adquieren nuestras eras la mañana de San Juan. El recorrido ritual que desde primera hora de la mañana hace a caballo la corporación municipal, la
Descubierta, se divide en dos partes. En la primera, en lo sustancial por el exterior del recinto amurallado de la villa, las móndidas reciben a la corporación junto a la ermita situada en la entrada oriental de la villa, la ermita del Humilladero. En la segunda, básicamente intramuros, tras recorrer a caballo las cuatro parroquias de la vieja villa (San Martín, Santa María, San Juan y San Miguel), la corporación sale fuera de las murallas para finalizar la
Descubierta en las Eras de San Roque donde les esperan las tres móndidas. Alcalde, concejales y secretario dejan aquí el caballo para, ahora a pie, acompañar en séquito a las móndidas hasta el Ayuntamiento y después a la Virgen de la Peña para la ofrenda de los arbujuelos.


Resulta extraño que un conjunto de tradiciones tan ritualizadas como son las de San Pedro Manrique la mañana de San Juan, en las que cada paso de la fiesta-rito está cargado en la forma y en el fondo de símbolos, se elija para este encuentro definitivo entre móndidas y corporación municipal un lugar en apariencia un tanto anodino... No lo sería tanto si pensamos que en este entorno se emplazó una ermita hoy desaparecida y casi olvidada.
Volviendo a G. Manrique, cuenta que esta ermita debió tener su importancia pues San Roque contó con su propia cofradía, que hace medio siglo en la ermita del Humilladero se guardaban unas reliquias del santo dentro de una cajita de plata y que su imagen, entonces también en el Humilladero, salía encabezando todas las procesiones. Esa hermosa imagen es quizás la que hoy se conserva a la derecha del retablo principal de San Martín. En ella el santo protector de peregrinos muestra una llaga en su pierna acompañado al pie de un pequeño ángel. En la base una inscripción data la talla:
SAN ROQUE / AÑO 1694
Idoubeda oros 2017 etnografía: Maricruz GC, Eduardo AP.
Para esta entrada: Francisco Ruiz (imágenes), Eduardo (texto e imágenes)
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