domingo, 2 de mayo de 2021

EL CRISTO DE VALDECANTOS (II)

 

Hace once años que describíamos y escribíamos, un tanto pesimistas, nuestras impresiones sobre el entonces presente y el futuro de la ermita de El Cristo de Valdecantos. Aunque ya estaba en un estado próximo a la ruina, aún se podía apreciar íntegra su estructura y buena parte de los elementos básicos que la conformaban: un pequeño edificio ordenado en capilla y porche de acceso con cubierta a cuatro aguas y doble puerta gemela para la capilla que tenía en el norte el altar coronado por una hornacina.

Para triste consuelo de los que hemos seguido su estado, la ermita se ha ido manteniendo en pie año tras año gracias a los refuerzos que se iban colocando para que no se viniesen abajo elementos básicos de su estructura como el gran vano que daba acceso al porche, coronado por un precioso arco rebajado. Desde este otoño, por iniciativa del Ayuntamiento de Santa Cruz y con la buena mano de Jordi, se comenzó su restauración. Con el principio de la primavera la obra se ha dado por concluida. Ahora sí, podemos decir que El Cristo de Valdecantos luce su viejo brillo de refugio religioso a la entrada del pueblo, un clásico humilladero de nuestra arquitectura tradicional que no se ha perdido en el olvido de las cosas que la velocidad de los tiempos deja aparcadas en el arcén de lo inútil.

Y sí, la obra ha respetado la esencia y el ambiente evocador de los siglos de plenitud que vivió la vieja construcción tradicional... el porche abierto con sendos poyos de asiento laterales para descanso de los transeúntes, el acceso a la capilla con doble puerta geminada, y la cabecera con altar coronado por una hornacina. Sólo echamos en falta la complicada recreación del singular arco rebajado del porche, caso único en los humilladeros contemporáneos (siglos XVII-XVIII), que ha sido sustituido por el más convencional arco de medio punto que, en cualquier caso, en nada desmerece a la obra original.
El trabajo de rehabilitación ha permitido además descubrir algunos detalles solapados de la construcción original, como el gran bloque de piedra que sirve de umbral en el porche o el fino empedrado de la capilla, que deja en el suelo un rebaje en arco ante las puertas para que éstas pudiesen abrirse hacia adentro. Pero, sobre todo, el detalle más clarificador de los gustos y usos de la época, es la utilización del ladrillo tradicional para hacer el arco de medio punto que corona cada puerta de la capilla, y que estaba oculto bajo el grueso revoque que cubría por el interior y el exterior la pared.

La rehabilitación se ha hecho con el esmero del respeto a la obra tradicional, adaptada con mejoras que faciliten potenciales usos, como baldosas en la superficie superior de los poyos de asiento laterales del porche y sobre el altar. La cubierta con soporte de madera respetando la caída a cuatro aguas, y el revoque rugoso de color crema mantienen la esencia de la estructura y el ambiente interior. Un pasito más el de El Cristo de Valdecantos para mantener el equilibrio entre el pasado y presente de nuestros paisajes rurales, un valor que es preciso respetar y, lo que es deseable y aún mejor, cuidar.


Idoubeda oros 2021 etnografía: Maricruz GC, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (documentación, texto e imágenes).

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