jueves, 1 de diciembre de 2016

LA ERMITA DE SAN JOSÉ (TANIÑE)

 

La solana situada inmediata por el sur al pueblo de Taniñe esconde entre pinos, bancales aterrazados y eriales, un jugoso patrimonio que suele pasar desapercibido, ruinas la mayoría y algunas ya sólo un recuerdo de pasados más o menos remotos. A poniente, al otro lado de la vaguada que baja del Ayedo, Los Casalones, dicen los informes de la Junta que caserío bajomedieval. Al sur la diminuta ermita de la Virgen de las Angustias, moderna. Al este el soberbio castillo celtibérico de El Castellar... Entre estas tres reliquias del pasado celtibérico, medieval y moderno, y con el pueblo de Taniñe a su espalda cubriendo el norte se localizan los restos de un nuevo edificio religioso tradicional, la ermita de San José.


Sus ruinas se reconocen fácilmente. Desde el cruce de la carretera que asciende a Taniñe veremos los restos de sus muros, todavía elevados, entre el pasto y los bancales de piedra, paredes que se interponen entre nosotros y el pueblo.

El edificio tuvo planta rectangular (12'00 x 6'70 m) con cabecera en el noroeste y acceso por el sudeste. La entrada está muy deteriorada y desmantelada, casi hasta los cimientos, aún así se atisba su división en dos espacios, la capilla interior precedida por un porche de acceso parece que abierto. La fábrica del edificio es de piedra trabada con barro; de la cubierta nada sabemos, nada queda, salvo la certeza de que estuvo cubierta por la abundante teja que aparece en el entorno.

La pared sudoeste se asienta sobre un ancho zócalo que da firmeza al edificio. Junto a la esquina occidental de esta pared sudoeste se abrió un vano, parece que abocinado. En el interior las paredes se cubrieron con un grueso revoque de barro con cara vista cepillada. Llama la atención que los muros del edificio, que en algunos puntos conservan hasta 3 m de altura, han perdido sus esquinas hasta casi la base, probablemente porque se trataba de buena piedra escuadrada que ha sido reutilizada en otras construcciones.

Junto a la ermita pasa un camino que baja de Taniñe, deja atrás San José y en poco más de cien metros alcanza el otro lado de la vaguada entrando en Los Casalones. No sería extraña una relación en el pasado de San José con este despoblado. En cualquier caso los datos de su estructura y fábrica no pueden llevarse más allá de la Edad Moderna.


Hace algo más de un siglo parece que la estructura aún estaba en pie: Blasco, en su Nomenclátor de la provincia de Soria publicado a principios del siglo pasado, apunta que la imagen de San José estaba ya en la parroquia pues el edificio se utilizaba en menesteres ajenos a los propios de ermita.


Idoubeda oros 2016 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eva GV (dibujos autocad), Eduardo (texto y fotos).

© idoubeda 2016




jueves, 17 de noviembre de 2016

LA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS (TANIÑE)

 

La mayoría de personas residentes en Tierras Altas, especialmente los que vivimos en el valle del Cidacos, pasamos decenas de veces al cabo de año delante del cruce de Taniñe y en mi caso siempre pensé que el diminuto edificio que se levanta al otro lado de la carretera era un simple chozo de pastores o refugio de caminantes. De esta idea equivocada me sacó Goyo, vecino de Taniñe, cuando hace unos años me dejó un poco perplejo al asegurarme que se trataba de una ermita abandonada, la de la Virgen de las Angustias. En cuanto tuve ocasión me acerqué al lugar y no tuve dudas, bastó asomarme a su interior para tenerlo claro viendo la hornacina de su cabecera.


Como decíamos arriba encontraremos la pequeña y solitaria ermita de la Virgen de las Angustias a unos 300 m al sur del pueblo, sobre la vieja ruta tradicional que comunica los valles del Cidacos y Linares por el portillo de las Brujas, actual carretera de San Pedro Manrique a Villar del Río. Pasado el cruce de Taniñe dirección a El Villar la veremos a escasos 50 metros muy próxima al arcén sur.


Es sin duda la ermita más pequeña de todo el inventario de Tierras Altas, con planta cuadrada de 4'10 m de lado, 2'50 m de altura en el alero y 3'20 en la cumbrera del tejado. Tiene un único espacio con cabecera en el norte y acceso por el sur. En la cabecera se dispuso una hornacina coronada por un arco de medio punto dovelado. Sus muros son de piedra trabada en seco o con algo de barro, al interior las paredes conservan restos de revoque enlucido con cal en el que se pueden ver algunos grafitos en los que se reproducen nombres como el de SILVANO. La cubierta es a dos aguas, con las tejas apoyadas sobre vigas y tablizo de madera.

La puerta de acceso parece que tenía dos hojas verticales, aunque también es posible que fuese una sola, pues la mitad meridional pudo estar cerrada con barrotes fijados a la travesera de madera en la que aún queda su huella en forma de seis grandes huecos romboides. El acceso estaba precedido de una pequeña y suave rampa delimitada por piedras grandes y planas.


Este pequeño edificio es sin duda de cronología moderna, dos o tres siglos, por lo que es difícilmente relacionable con el despoblado de Los Casalones, situado unos 100 m al otro lado de la carretera y que parece ser algo más antiguo, bajomedieval.


Tampoco parece que pueda encontrarse relación con El Castellar de Taniñe, soberbio poblado encastillado de época celtibérica del que sus ruinas más occidentales quedan a unos 50 m al este de la ermita. Desde finales de la Edad Media y durante toda la Edad Moderna no era extraño "exortizar" las ruinas de tiempos olvidados que se suponían de moros y paganos levantando sobre ellas algún pequeño edificio de culto cristiano. Blas Taracena, que excavó en El Castellar en los años 20 del siglo pasado, no dice nada de ella, le pasó desapercibida, por lo que quizás estaba ya, si no abandonada, sí con su culto un tanto olvidado. El abandono es hoy evidente: botellas de vidrio, algo de basura, papeles sucios... se mal-sostienen en la base de la hornacina o se arrastran por el suelo... No se puede hablar aún de ruina, sí de un serio deterioro; no le vendría mal un poquito de limpieza y una mínima consolidación que asegurase la supervivencia y el decoro a este entrañable y humilde rinconcito del pasado de nuestra tierra.


Idoubeda oros 2016 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eva GV (dibujos autocad), Eduardo (texto y fotos).

© idoubeda 2016

martes, 1 de noviembre de 2016

NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN (VENTOSA DE S.P.)



Nuestra Señora de la Concepción, también llamada ermita de Las Eras, se localiza inmediata a La Ventosa por el norte, en la salida del pueblo por el camino tradicional que lleva al despoblado de Rabanera. Cuentan que fue construida para evitar que los habitantes de Ventosa se desplazaran a Rabanera a escuchar misa pues las que se decían en la iglesia parroquial de San Roque los domingos y festivos no eran suficientes para cubrir la demanda y diferencia de horarios de los agricultores y ganaderos locales.


Tiene este pequeño edificio planta rectangular con cabecera en el norte y acceso por el sur precedido de un pequeño atrio o porche. Se trata de una ermita de estructura muy habitual en el vecino valle del Cidacos, un solo espacio interior, la capilla, y un porche abierto aunque cubierto todo él por la proyección del tejado a cuatro aguas, como es el caso. La fábrica de sus paredes es de piedra trabada con barro y la cubierta de teja soportada por vigas de madera y tablizo. Todos los elementos anteriores parecen originales, no así el suelo, compuesto por una capa de cemento contemporáneo.

Como decíamos, el acceso a la capilla se hace desde el porche situado al sur; el vano está coronado por un arco de medio punto y sus dovelas pintadas de azul claro, excepto la clave, que es de un azul oscuro. La puerta es de dos hojas verticales, cada una con su respectivo ventanuco protegido por un enrejado. En el este se abrió un pequeño vano abocinado. Un escalón resalta el altar, adosado al norte, y sobre él la hornacina a la que se adapta un pequeño retablo para acoger a la Virgen. Toda la superficie de las paredes interiores está revocada y enlucida con pintura azul clara, excepto la base a modo de zócalo que es de un azul oscuro.

Una inscripción colocada encima de la clave  y realizada sobre una piedra de perfil trabajado con cabecera semicircular incluye la advocación a la Virgen y anuncia que en 2018 la ermita cumplirá dos siglos de vida:
AV(E) MAR(IA) AÑO DE 1818

Otra más, mucho más tosca y en apariencia improvisada, se localiza en una piedra esquinera del frente del porche, aunque de cara al oeste; incluye unas iniciales y un año:
CJR AÑO 1935
 

Según nos comentó Escolástica (la Tica), hubo una procesión el día del Corpus, perdida hace más de treinta años. Ese día, todos los niños que habían hecho la comunión iban vestidos con su traje de gala llevando unos canastillos llenos de pétalos que iban lanzando por las calles del pueblo decoradas con "cábanas" hasta llegar a la ermita. Por la tarde había baile y merienda en las eras inmediatas a la ermita. En la actualidad aún se celebra la procesión de San Roque el día de su festividad, día grande en La Ventosa, el 16 de agosto, saliendo en procesión desde la iglesia con el santo y rezando una salve en la ermita a la Virgen. Tras volver con el santo se celebra la misa mayor en la iglesia.


Idoubeda oros 2016 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eva GV (dibujos autocad), Eduardo (texto y fotos).

© idoubeda 2016

jueves, 29 de septiembre de 2016

LA IGLESIA / ERMITA DE RABANERA

 

Las visitas a  Rabanera y su entorno han resultado y resultan siempre estimulantes, nunca faltan las expectativas de descubrir algún nuevo misterio solapado entre las piedras de su importante patrimonio arquitectónico, o entre los surcos de la reja del arado que desvelan un pasado arqueológico de amplio recorrido temporal. Más recientes, lo que fueron las calles del despoblado, dicen que empedradas, evocan leyendas con querencias sentimentales vinculadas a viejas historias de trashumantes y no tan viejas tragedias de nuestra historia reciente. Se trata sin duda de un rincón serrano que no deja indiferente.


Aunque el edificio es visible desde la carretera que de Huérteles va a San Pedro Manrique, para llegar a las ruinas del edificio lo mejor es tomar un camino rodado que sale dirección poniente desde el ramal de acceso de dicha carretera a La Ventosa. Recorridos unos 300 metros llegamos a la antigua iglesia. Antes, la abundancia de piedra al norte del camino y los derrumbes al sur apuntan a que lo que hoy son ruinas de una ermita fue antaño iglesia de una aldea despoblada.


Las ruinas del edificio mantienen ese empaque que transmiten las construcciones sólidas a pesar de ser evidente el deterioro debido, entre otras cosas, al expolio de la piedra. Una parte importante de la estructura ha desaparecido: todo el muro de cierre sur y la cubierta, además de muchas de las piedras talladas y escuadradas de lo que fueron arcos, esquineras y pilastras. El edificio tiene planta rectangular con cabecera absidiada semicircular en el este y espadaña en el oeste, es decir, mantiene una canónica orientación este-oeste. Dicha espadaña contó con tres ojos, el superior hoy cegado, los tres con arco de medio punto ligeramente apuntado parece que obra del siglo XVI. El acceso principal lo tuvo en el sur, hoy desaparecido, y contó con una pequeña puerta en el norte coronada por un arco de medio punto del que faltan las dovelas, como toda la buena piedra expoliadas.

La iglesia-ermita tuvo una única nave cubierta con bóveda de cañón, de la que quedan los arranques. En el extremo este el ábside semicircular se cubrió con bóveda de horno. El interior de la nave se dividió en presbiterio y oratorio separados por un arco apoyado sobre imposta y pilastras. La bóveda de cañón se reafirmó con arcos fajones apoyados también sobre pilastras. Las paredes se reforzaron al exterior con tres contrafuertes hoy visibles sólo en el norte. Se conservan dos vanos abocinados, uno de ellos en el eje oriental del ábside. Todo el conjunto se realizó con piedra trabada con mortero de cal, y las paredes  interiores se revocaron con barro y se enlucieron con cal. En algunos puntos se aprecia también pintura imitando sillares, siendo la base un general tono naranja en el que el dibujo de las formas arquitectónicas se traza con un juego de rayas blancas y negras.

Son numerosas las leyendas que tienen como referencia el despoblado de Rabanera. Dicen que se abandonó por un incendio, apareciendo ya como despoblado en la obra de Madoz a mediados del siglo XIX. Por los restos cerámicos (tejas, cerámicas vidriadas, etc.) y los derrumbes, las casas debieron concentrarse en torno a la vaguada situada al este de la ermita.

Una antigua historia que recoge M. Martínez (1796) dice que junto a la ermita se le enganchó una campana en la reja del arado a un labrador, y que dentro había escondida una fiera serpiente, conociéndose desde entonces la pieza como Los Lugares de La Campana. También cuenta que la titular de la iglesia era Santa María de la Blanca y que en su retablo  se leía en letras góticas: La Villa de Rabanera. Parece que en tiempos muy remotos los vecinos de La Ventosa, aún sin iglesia, iban a oír misa a Rabanera, y más recientemente había una romería el día de San Marcos que congregaba a las gentes de La Ventosa, Palacio de San Pedro y Montaves.


Unas decenas de metros al sur de la ermita se levanta el bastión de un poblado fortificado de tiempos celtibéricos, El Castillo de Rabanera, poderosa fortaleza de extraordinario valor arqueológico en la que aún puede adivinarse el foso que parece se salvaba mediante un pasillo o puente. En época romana se amplía el espacio ocupado alcanzando el sector norte de la ermita, por donde pasa el camino tradicional empedrado que de Huérteles y Palacio de San Pedro conduce a San Pedro Manrique.

Castillo de época celtibérica del que se sabe procede una fíbula de caballito, lujoso imperdible que dicen era símbolo privilegiado con el que fijaban su capa a los hombros las élites ecuestres arévacas. Tranquila aldea en época romana, también poblado de supervivientes tras la crisis del mundo antiguo, vivo en los difíciles siglos oscuros de la Alta Edad Media y, por fin, aldea plenomedieval con iglesia en la que es evidente su estructura románica que se enriquece en los primeros tiempos de la Edad Moderna con una esbelta espadaña. Un paraje en definitiva en el que es fácil dejarse llevar por el ensueño de generaciones y generaciones de gentes de la tierra que dejaron entre las piedras de Rabanera el aliento intenso de una parte de la vida y de la historia de nuestra sierra.


Idoubeda oros 2016 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eva GV (dibujos autocad), Eduardo (texto y fotos).

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miércoles, 13 de enero de 2016

LA ERMITA DE SAN LORENZO (HUÉRTELES)



Cuando en alguna ocasión hemos pasado por Huérteles sin ninguna obligación o con un poquito de tiempo siempre se nos ha pasado por la cabeza acercarnos a su cementerio. ¿El motivo?,  volver a recrearnos en la sencilla arquitectura de su capilla, el encanto de un románico rural y serrano, siempre desapercibido y en cierto modo olvidado.
 
Para llegar al cementerio hay que salir de Huérteles dirección a la Villa, San Pedro Manrique, y una vez recorridos no más de 200 metros desviarse a la izquierda por una pista de tierra por la que ascenderemos unos 100 metros hasta alcanzar el rellano en el que se encuentra.
 
El cierre norte del cementerio está ocupado íntegramente por lo que queda de esta ermita, para algunos antigua iglesia en los orígenes del Huérteles medieval; hoy sólo alcanza a cumplir la humilde función de capilla semiabandonada del  camposanto local.

Tuvo el edificio planta rectangular de canónica cabecera en oriente y acceso en el sur, hoy desaparecido. La estructura mejor conservada se localiza en el este donde se ubica el ábside de cabecera semicircular, con toscos canecillos sin desbastar soportando el vuelo del alero. La cubierta, de bóveda de horno, está protegida al exterior con una capa de moderno cemento.  El ábside tuvo dos vanos abocinados, uno a oriente y otro en el sur. Bajo este último se esconde una pequeña hornacina. El acceso al presbiterio que representa el espacio anterior se hace bajo un arco apuntado soportado por pilastras de impostas sin desbastar. Al interior, cubriendo la superficie de piedra de las paredes, se conserva en algunos sectores un revoque de barro a modo de enlucido.

A poniente el muro de cierre del oratorio tiene 1'5 m de grosor lo que apunta a la existencia de la habitual espadaña sobre este muro, hoy desaparecida. Por los restos conservados es evidente que todo el edificio se levantó con piedra todo lo más toscamente escuadrada excepto la puerta principal, de cara al sur, probablemente la que se conserva hoy desplazada unos metros de su localización original al reutilizarse como puerta del cementerio. El marco de esta puerta se realizó con dovelas labradas conformando un arco de medio punto. Estos restos orientales remiten a una estructura románica, plenomedieval.

Conserva la iglesia local dos imágenes de San Lorenzo, ambas pinturas. Una es un cuadro situado bajo el coro en el que se ve al mártir hispanorromano Laurentius (permítaseme el latinajo original) con una parrilla en la mano. La segunda forma parte del retablo y en ella aparece ya sobre la parrilla. El retablo, y por tanto esta segunda pintura, es obra del maestro Mateo Ruiz y fue realizado a principios del siglo XVII.

Fue San Lorenzo martirizado en Roma en tiempos del emperador Valeriano, dice la tradición que sobre una parrilla, un 10 de agosto de mediados del siglo III, día que se celebra su festividad. Nacido en la provincia tarraconense, ocupó algunos cargos administrativos en la capital del Imperio  junto a los papas, de ahí que sea el protector de los escribientes y, sobre todo, patrono de los bibliotecarios. Por la fecha de su festividad en el santoral la tradición cristiana ha dado su nombre a la lluvia de estrellas fugaces que salpican los cielos despejados de las noches de agosto entre el 10 y el 13, las lágrimas de San Lorenzo, en la tradición clásica las Perseidas, las flechas que Perseo lanza desde su constelación.
 
Idoubeda oros 2016 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eva GV (dibujos autocad), Eduardo (texto y fotos).

© idoubeda 2016