jueves, 17 de noviembre de 2016

LA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS (TANIÑE)

 

La mayoría de personas residentes en Tierras Altas, especialmente los que vivimos en el valle del Cidacos, pasamos decenas de veces al cabo de año delante del cruce de Taniñe y en mi caso siempre pensé que el diminuto edificio que se levanta al otro lado de la carretera era un simple chozo de pastores o refugio de caminantes. De esta idea equivocada me sacó Goyo, vecino de Taniñe, cuando hace unos años me dejó un poco perplejo al asegurarme que se trataba de una ermita abandonada, la de la Virgen de las Angustias. En cuanto tuve ocasión me acerqué al lugar y no tuve dudas, bastó asomarme a su interior para tenerlo claro viendo la hornacina de su cabecera.


Como decíamos arriba encontraremos la pequeña y solitaria ermita de la Virgen de las Angustias a unos 300 m al sur del pueblo, sobre la vieja ruta tradicional que comunica los valles del Cidacos y Linares por el portillo de las Brujas, actual carretera de San Pedro Manrique a Villar del Río. Pasado el cruce de Taniñe dirección a El Villar la veremos a escasos 50 metros muy próxima al arcén sur.


Es sin duda la ermita más pequeña de todo el inventario de Tierras Altas, con planta cuadrada de 4'10 m de lado, 2'50 m de altura en el alero y 3'20 en la cumbrera del tejado. Tiene un único espacio con cabecera en el norte y acceso por el sur. En la cabecera se dispuso una hornacina coronada por un arco de medio punto dovelado. Sus muros son de piedra trabada en seco o con algo de barro, al interior las paredes conservan restos de revoque enlucido con cal en el que se pueden ver algunos grafitos en los que se reproducen nombres como el de SILVANO. La cubierta es a dos aguas, con las tejas apoyadas sobre vigas y tablizo de madera.

La puerta de acceso parece que tenía dos hojas verticales, aunque también es posible que fuese una sola, pues la mitad meridional pudo estar cerrada con barrotes fijados a la travesera de madera en la que aún queda su huella en forma de seis grandes huecos romboides. El acceso estaba precedido de una pequeña y suave rampa delimitada por piedras grandes y planas.


Este pequeño edificio es sin duda de cronología moderna, dos o tres siglos, por lo que es difícilmente relacionable con el despoblado de Los Casalones, situado unos 100 m al otro lado de la carretera y que parece ser algo más antiguo, bajomedieval.


Tampoco parece que pueda encontrarse relación con El Castellar de Taniñe, soberbio poblado encastillado de época celtibérica del que sus ruinas más occidentales quedan a unos 50 m al este de la ermita. Desde finales de la Edad Media y durante toda la Edad Moderna no era extraño "exortizar" las ruinas de tiempos olvidados que se suponían de moros y paganos levantando sobre ellas algún pequeño edificio de culto cristiano. Blas Taracena, que excavó en El Castellar en los años 20 del siglo pasado, no dice nada de ella, le pasó desapercibida, por lo que quizás estaba ya, si no abandonada, sí con su culto un tanto olvidado. El abandono es hoy evidente: botellas de vidrio, algo de basura, papeles sucios... se mal-sostienen en la base de la hornacina o se arrastran por el suelo... No se puede hablar aún de ruina, sí de un serio deterioro; no le vendría mal un poquito de limpieza y una mínima consolidación que asegurase la supervivencia y el decoro a este entrañable y humilde rinconcito del pasado de nuestra tierra.


Idoubeda oros 2016 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eva GV (dibujos autocad), Eduardo (texto y fotos).

© idoubeda 2016

No hay comentarios:

Publicar un comentario