Es San Felices un pueblo con un entorno geográfico que sobrecoge por lo abrupto: emplazado en altura sobre las barranqueras que ha labrado el Alhama en la Serranía, es un punto de paso y, por tanto, de control del tránsito por esta ruta fluvial entre la Meseta y el valle del Ebro. En esta función de dominio territorial y visual el pueblo actual parece heredero de El Castelar, poblado fortificado de época castreña y celtibérica que también se ocupa en época romana tardía.
Hay recuerdo en San Felices de dos ermitas, una homónima dentro del pueblo, que pronto trataremos, y otra en su espacio suburbano dedicada a San Sebastián, la que nos ocupa. De la ermita de San Sebastián no quedan restos, sí el recuerdo de su existencia en las afueras del pueblo junto al viejo camino que llevaba a Castilruiz; ese camino es hoy carretera y parece que estaba a unos 100m de las últimas casas, a la derecha, en lo que son aterrazamientos artificiales para aprovechamiento agroganadero tipo eras y más abajo huertas.
Junto a la carretera, donde supuestamente estaba la ermita desmantelada, no queda ningún resto visible, solo se ven cuidados espacios aterrazados con piedra y un encerradero. En el sudeste, al otro lado de la vaguada, el castro, poderosa altura fortificada por la que se ven rodar las piedras de lo que fueron muralla y viviendas de los muy míticos tiempos del enfrentamiento con Roma. Al noroeste el pueblo, sobre una especie de puntal en el que se escalonan las viviendas de cara al sur.
Enrique, octogenario vecino de San Felices, nos contaba que recuerda haber oído hablar de la ermita, aunque no la llegó a conocer. Sin estar muy seguro nos apuntaba su situación en el lugar que hemos descrito, entre la carretera y la llamada fuente de la Mora, situada algo más abajo, en lo que hoy es una era empedrada al pie del acceso oriental al pueblo.
Indicio evidente de la existencia de la ermita es la imagen de San Sebastián que flanquea el retablo principal de la iglesia del pueblo. La ubicación de la ermita cuadra con otras dedicadas a San Sebastián, la mayoría localizadas en la proximidad de los pueblos, y que fueron levantadas en época moderna generalmente tras el concilio de Trento. Fruto de la Contrarreforma trentina, que potenciaba la expresiones sociales de la religiosidad con rogativas y procesiones, es la proliferación de ermitas en el entorno de los pueblos, muchas marianas y humilladeros a Cristo, pero también a santos como San Roque y San Sebastián, a los que se invocaba como protectores contra pestes y epidemias.
Idoubeda oros 2013 etnografía: Manuel CD, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (texto y fotos).
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