Hace muchas décadas que esta ermita, importante antaño en la vida de Valloria y Las Aldehuelas, está en ruinas. Los más mayores comentan que siempre la conocieron caída aunque con algo más de alzado en sus paredes. Recuerdan que de niños era uno de los sitios al que gustaban acudir y jugar intentando entre otras cosas tirar las piedras de sus muros, travesura que era difícil lograr -dicen- al estar fuertemente compactados con el tradicional mortero de cal.
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Está la ermita en una vaguada de la vertiente septentrional de los Montes Claros a la que da nombre, el barranco de El Santo, ruta natural entre el alto Cidacos y la cuenca del Duero que traspone el interfluvio a través del portillo de San Bartolomé. El lecho del arroyo sirve de linde entre los parcelarios de Las Aldehuelas (margen derecha) y Valloria (izquierda). La ermita se emplaza en la izquierda, a unos 100m del lecho del arroyo, perteneciendo por tanto a Valloria. Se trata de una dependencia jurisdiccional, que no posesión, pues de la documentación antigua se desprende su vínculo con la parroquia de Santa María de Yanguas y en última instancia de la desaparecida Comunidad de Villa y Tierra Yangüesa. Esta pertenencia parece que se pierde con las desamortizaciones del XIX, pasando entonces a manos de particulares.
Como decíamos arriba, los restos se encuentran unos 100m al norte del lecho, en el borde meridional de un pequeño rellano elevado unos 40m sobre el arroyo. Según cuentan tenía una vivienda inmediata. Lo que hoy se aprecia es un conjunto de derrumbes de muros con forma de trapecio y lados de unos 25m el este, 20 el sur, 15 el oeste y 19m el norte. En la esquina nordeste se localiza una estructura rectangular de 13'5 por 5'6m, de orientación norte-sur, casi con seguridad los derrumbes de la ermita en sí. Aún se ve el acceso en el sur, de poco más de un metro de anchura. En la cabecera, situada al este, el muro conserva en torno a 1'5m de altura. El resto del espacio está cerrado por un potente muro, recinto que viene a conformar una especie de corral y que tiene el acceso por el este. El tercio occidental está algo elevado y cerrado a su vez por otro muro; no está clara su función, quizás pueda tratarse de los restos de la vivienda aunque reacondicionados; sobre el terreno no puede asegurarse que se trate del antiguo solar doméstico.
El abandono y casi olvido de este lugar sagrado no mengua la importancia que tuvo en el pasado para las gentes del entorno. Pocas ermitas comarcales tuvieron vivienda anexa y además parece que se abasteció de agua -quizás regadío para las huertas inferiores- por medio de una canalización a la que aún se puede seguir el rastro; el pequeño embalse de recogida se adivina unos 300m lecho arriba y el canal muere justo al pie de la ermita. Interesante es también un gran bloque cuadrangular de piedra, clavado en tierra a modo de estela, aunque forman
do parte del muro de un 'cerrado' situado al oriente de la ermita. Es singular al tener grabada una cruz latina coronada por una inscripción de la que se pueden leer las tres primeras letras: AÑO. Proyección del muro, ya en el sector superior inmediato a la ermita, son los curiosos mojones tradicionales delimitadores de los quintos que se van sucediendo cada 15 ó 20 metros hasta perderse de la vista ascendiendo las peladas alturas de los Montes Claros. Entre la ermita y el lecho se construyeron dos chozos pastoriles, parece que tras su abandono por lo que más que probablemente se aprovecharon de su piedra.Decíamos arriba que los restos de El Santo se encuentran en el término de Valloria y justo es clarificar ya que dicho santo es San Marcos, muy querido Valloria pero tanto o más en Las Aldehuelas, donde es además patrono local. Parece lógico pensar que antaño se celebrase una romería a la ermita, costumbre que se perdería con su abandono. Lo cierto es que la procesión de San Marcos existió hasta hace un par de décadas, aunque ajena a la ermita. Como contábamos al hablar de otra ermita, la de Santa María Caída, durante el último siglo la imagen de San Marcos estaba un año en Valloria y el otro en Las Aldehuelas, pasando de las manos de un pueblo a las del otro en una procesión que se celebraba el 25 de abril. Cuentan que, siempre dentro de la fraternidad propia del refrán que dice "lo bien repartido bien sabe", ambos pueblos rivalizaban entre sí con los choques de insignias y los cánticos, siendo siempre los más poderosos los que entonaban los vecinos del pueblo que dejaba ese año el santo cuando veían, desde el cruce de Santa María Caída, alejarse la imagen de San Marcos portada por los rivales.
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Mucho más puede hablarse sobre esta procesión, por ejemplo que las andas eran llevadas generalmente por mujeres pues buena parte de los hombres estaban con el ganado en Extremadura. Viene a cuento mencionar la visceral economía trashumante de la zona al hablar de lo que la tradición oral dice sobre el origen de la ermita; Juan, hijo de Las Aldehuelas, cu
enta haber oído de niño que la ermita recuerda un milagro, la aparición de San Marcos a un pastor local. No es extraña la elección de un pastorcillo pues es común en la comarca reconocer que en torno a Valloria crecen los pastos más finos de toda Tierra de Yanguas.
enta haber oído de niño que la ermita recuerda un milagro, la aparición de San Marcos a un pastor local. No es extraña la elección de un pastorcillo pues es común en la comarca reconocer que en torno a Valloria crecen los pastos más finos de toda Tierra de Yanguas. Para concluir, una impresión que es también recomendación. Visitar y disfrutar entre mayo y julio esta naturaleza esplendida, inmersa además en el paisaje propio de un parcelario antiguo, es un viaje sencillo por la grandeza del pasado, un privilegio de nuestra Sierra que quizás pierda pronto parte de ese valor de recorrido por los ambientes rurales a los que dieron forma generaciones y generaciones de nuestros antepasados. En no muchos años, los que faltan para que se reordenen las propiedades derivadas de la moderna concentración parcelaria, puede pasar a ser lo que son otras muchísimas tradiciones y elementos detenidos en el tiempo, no una realidad en la que recrearse sino un grato recuerdo para los que estamos teniendo la suerte, hoy, de disfrutarlo.
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Idoubeda oros 2009 etnografía: María LP., Nuria MM., Cristina AP., Manuel CD., Enrique BC., Eduardo AP.
Para esta entrada: Cristina (dibujos autoCAD), Eduardo (texto y fotos)


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