martes, 9 de junio de 2015

LA ERMITA DE LOS CASTELLARES (SAN ANDRÉS DE S. P.)

 

¿Una ermita en Los Castellares? Pedro Ortega, octogenario vecino de San Andrés además de alcalde del pueblo durante años, nos comentó el vivo recuerdo que tenía de su abuelo y cómo le contó que hubo antiguamente una ermita en Los Castellares a la que era muy devota una señora del pueblo llamada Clara, que pertenecía a la familia de los Ridruejo. A esto se reduce toda la información que tenemos y según ella obvio es contestar que parece ser que sí, que existió esta ermita de Los Castellares... Nuevamente una ermita en San Andrés envuelta en las brumas de unos tiempos perdidos.


Como su propio nombre sugiere son Los Castellares de San Andrés las ruinas de un antiguo poblado encastillado, un viejo castro ya abandonado siglos antes de la aparición del propio cristianismo. Algunos de sus materiales como los fragmentos de cerámicas realizadas todavía a mano, remontan su origen al menos cinco o seis siglos antes de comenzar la era cristiana. La presencia también de cerámicas a torno realizadas en hornos en los que se dominaba la técnica de cocción oxidante prolonga la vida en el lugar varios siglos. La no presencia de molinos circulares y sí los más sencillos de vaivén hace improbable que alcance el siglo I a.C., quizás se abandona o destruye coincidiendo con las guerras celtibéricas del siglo II a.C.

Entre estos enormes pedregales que son las ruinas de Los Castellares hemos buscado indicios o restos de alguna estructura que sugiriese la presencia de una ermita y nada hemos hallado, sí el gran bastión o torre que custodiaba el poblado  por su punto más vulnerable, el norte, donde además de la torre se excavó un foso. Hemos seguido los derrumbes de los dos lienzos de muralla que cerraban el poblado por el este y el oeste, aquí con un muro tradicional superpuesto, seguramente para servir de encerradero de ganado. Hemos descubierto también el cierre sur con un pequeño pasillo en el sudoeste que seguramente sirvió de entrada... Pero nada compatible con lo que se presume pudo ser de una ermita.

 
En el interior del recinto algunos muros de cerrados tradicionales, robles y arces, todo el espacio interior está salpicado de arces notables, también matorrales y algún pino de repoblación que no acaba de cuajar. El lugar es un pequeño espectáculo de color en otoño: el rojo y pardo de los arces, el gris verdoso de los muros y derrumbes de piedra enmohecida... un pequeño rincón de los muchos que existen en nuestras Tierras Altas donde se aúna en perfecta simbiosis el patrimonio natural y el cultural.
 
 
¿Y de la ermita? Pues prácticamente nada. Sólo en el sector superior occidental de lo que fue el bastión hay un atisbo de muros que en apariencia nada tienen que ver con las estructuras de tiempos celtibéricos ni forman parte de los largos alineamientos que son los cerrados para el ganado: se trata de la base de dos muros, uno en sentido norte-sur del que se ven unos 5 m y otro este-oeste de unos 2 m. Nada concluyente, ni mucho menos.
 
De la ermita de Los Castellares queda una historia, un relato, tal vez el cuento de un abuelo a su nieto, del que no sabemos cuánto tiene de fundamento real, un relato con un nombre y apellido, la señora Clara, de los Ridruejo, y una devoción por una virgen y una ermita, la de Los Castellares.

En cualquier caso sí conviene decir que es frecuente la asociación entre castros y ermitas. En ocasiones la presencia de una ermita en un poblado castreño deriva de la pervivencia o reocupación del lugar en época romana y medieval; despoblado el lugar las gentes del entorno habrían mantenido vivo el lugar sagrado, su iglesia, ahora en forma de ermita. En otras ocasiones el miedo y la superstición ante unas ruinas de gentes de un pasado remoto y desconocido, habrían empujado a contrarrestar el poder de estas fuerzas paganas, en cierto modo del mal, santificando el lugar, cristianizándolo con una ermita.



Idoubeda oros 2015 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (texto y fotos)
© idoubeda 2015

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