Dos grandes procesiones anuales había en la vieja Comunidad de Villa y Tierra yangüesa que atraían en romería a gentes de toda la Comunidad, la del Cristo de la Villa Vieja en Yanguas y la del Santuario de la Virgen de las Escobillas en Santa Cruz. A ambas se acudía a lomos de caballería desde todos los rincones de Tierra Yanguas con las banderas y estandartes de pueblos y parroquias. Este hecho habla por sí mismo de la importancia de esta ermita. Pero son más los datos que inciden en su peso comarcal, por ejemplo sus posesiones que llegaban a pueblos como Camporredondo o los numerosos censos (préstamos) que obligaban al Ayuntamiento y algunos vecinos. Evidente es en este sentido la documentación existente sobre el arriendo del puesto de santero, posición deseada por la que se pagaba para conseguir la gestión de los bienes del santuario. Cuentan que solía ser un matrimonio el encargado pues la tradición habla tanto de santero como de santera, gente siempre muy pudiente de Santa Cruz.

Sus restos se localizan a unos 2 kms de Santa Cruz de Yanguas dirección oeste, a la entrada del monte, sobre el camino tradicional que desde el pueblo remonta el río Baos hacia los Cameros, hoy pista forestal que llega hasta el alto de Piqueras. El entorno cuenta con algunas particularidades que sin duda ayudan a entender este sitio como singular y sagrado. Una pared rocosa protegiendo lugar y ermita en cuya base manó antaño una fuente de aguas ferruginosas identificable hoy por los juncos que todavía delatan el viejo manantial. El propio barranco, denominado
del Palancar, cuya torrentera inmediata a la ermita cae en pequeños saltos. El lugar mismo, en la margen izquierda del Baos, la solana, elevado y dominando el lecho del río que fluye unos 200m por el sur, con el emplazamiento de la ermita entre los pequeños cortes rocosos que el torrente del barranco
ha ido erosionando y modelando.
Poco se sabe de cómo era la ermita, solamente algunos detalles recogidos de viejos documentos, generalmente económicos, como los que mencionan los dineros destinados a reparaciones del inmueble; así sabemos la existencia de un balcón de madera situado encima del pórtico. Este dato, sumado a algunas referencias que dicen que la ermita tenía aneja la vivienda del santero, nos hace imaginar que pórtico y balcón fueron el eje del conjunto con la vivienda al oeste y la estructura religiosa al este. Sobre el terreno aparece como evidente la forma alargada de la ermita cuyos derrumbes alcanzan el lecho del torrente. También claro es el acceso, por los datos referidos porticado, situado en el extremo oeste de la ermita. También hay referencias a una sacristía adosada; lógicamente debería estar junto a la cabecera y más que probablemente en el norte. Aún se recuerda que el terreno inmediato por el sur estaba empedrado, con un pequeño puente de piedra dirección Santa Cruz salvando el torrente del barranco. La fuente estaba al oeste, más allá de la supuesta vivienda del santero, a unos 2 m de la base rocosa; aún crecen los juncos propios del humedal. No se recuerda que tuviese una construcción o forma determinada; parece que era un simple manantial con algunas piedras delimitando el punto o pocita con el afloramiento del agua.
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
De su interior sabemos la anchura a partir de la de las rejas que separaban el presbiterio de la zona de los fieles y que fueron reutilizadas en la iglesia de Santa Cruz donde aún se conservan bajo el coro. En total poco más de 7m si sumamos a los 6m del enrejado el ancho de las paredes. También hay que imaginar a la ermita una espadaña o, al menos, una estructura donde ubicar la pequeña campana que también se conserva en la iglesia del pueblo. Una inscripción fecha su fabricación, 1699, e incluye la advocación a la Sagrada Familia (JHS MARIA JOSEPH) y la decoración de una cruz de Caravaca. También sabemos que en las dos esquinas de la cabecera había sendas peanas que sostendrían las imágenes de algún santo.
Durante el otoño pasado se mejoró el firme de la pista y, por desgracia, la maquinaria pesada desbordó en este punto el camino, penetrando y arrastrando los derrumbes a la altura de lo que fue el frente del pórtico y la estructura occidental. Esta destrucción, ya irreparable, ha aportado un mínimo de información, como la evidencia del uso de ladrillo tradicional que por la gruesa capa de mortero de cal que recubre una de las caras entendemos que se utilizó en suelos. No sería extraño su uso en el vuelo de los aleros o incluso como marco de ventana o arco de puerta. La evidencia también de un sillar de fragmentos menudos de cascajo encementado, similar a los utilizados en el pórtico de la iglesia de Santa María de Yanguas, además de otro sillar de toba, remiten a usos constructivos que transcienden por antiguos a los de la mayoría de ermitas comarcales, generalmente del XVIII o, todo lo más, del XVII.

La antigüedad de esta ermita está fuera de dudas por la documentación existente sobre ella. Ya Luis Camporredondo menciona en su Miscelánea un documento de 1451 en el que se habla del Santuario de la Virgen de las Escobillas. También Félix Jiménez ha trabajado con sus libros de cuentas del siglo XVII donde se menciona y se remite a libros de asientos más antiguos. Por la información conocida es indudable que el Santuario de la Virgen de las Escobillas tuvo una vida podríamos decir que boyante hasta las desamortizaciones de mediados del XIX o algo antes, pues parece que la Guerra de la Independencia también le afectó. Sus posesiones hacían rentable la gestión por lo que salía a subasta el puesto de santero y que se pagaba por el arriendo; en 1736 se pagaron 153 reales en este concepto. La Iglesia controlaba dicha gestión acudiendo a revisar las cuentas periódicamente el propio obispo, o en su defecto un visitador.

Con las desamortizaciones y la consiguiente pérdida de posesiones llegó una rápida decadencia. Muy mermada en terrenos, el puesto de santero ya no fue rentable, hubo entonces que pagar a una persona para la función. Al no poderlo mantener pronto se quedó la ermita sin santero, estando entonces el cura de Santa Cruz obligado a subir todos los domingos a decir misa. Cuentan en el pueblo que un domingo dejó de subir y, como castigo divino, a las dos semanas el cura murió. Desde entonces la ermita se abandonó llevándose la imagen de la Virgen a Santa Cruz donde hoy preside el retablo y se saca en procesión el día de la fiesta. Ninguna persona viva ha conocido la romería aunque los más mayores aseguran que sus abuelos y en algún caso sus padres sí lo vivieron. Debió perderse esta tradición a finales del XIX o, tal vez, a principios del XX. Sí que se han conocido todavía algunas paredes con varios metros de altura, las peanas laterales, el empedrado exterior, el puentecillo... hasta que se desmanteló definitivamente durante la construcción de la pista que sube a Piqueras y con la reutilización de su piedra en la construcción de la Casa del Cura en Santa Cruz, todo ello hace unos 50 años.
Poco se recuerda de la romería salvo el hecho de su equiparación con la de El Cristo de la Villa Vieja y que entre las actividades no faltó la comida campestre. Hay quien quiere recordar que era en primavera y que no tenía fecha fija pues variaba en función de la Semana Santa, como la mayoría de fiestas religiosas primaverales. La otra fiesta de la ermita, la de la Virgen de las Escobillas, era el 8 de septiembre, la Natividad de María. En los libros de cuentas se aprecia cómo no se reparaba en gastos: un buen predicador que durante unos años se trajo de Logroño, un importante gasto en pólvora, etc.
-
Sí que está muy clavada en la memoria popular la razón por la que decayó la ermita: el castigo por impiedad y egoísmo. Dice la tradición que de la fuente manaba aceite, un aceite que se utilizaba exclusivamente para alumbrar la candileja de la Virgen. Cuentan que la santera, para aumentar sus rentas, comenzó a vender el aceite y que desde entonces dejó de manar y se convirtió en agua. Un milagro de la Virgen que castigó la impiedad de la santera y que acabó por arruinar el Santuario al perderse lo más sagrado del mismo, la fuente de aceite.

Idoubeda oros 2009 etnografía: María LP., Nuria MM., Cristina AP., Manuel CD., Enrique BC., Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (texto e imágenes)
M. Toledo en su libro sobre la comunidad de Villar y Tierra de Yanguas dice que la romería a la Virgen de las Escobillas era el día de San Pedro (29 de junio).
ResponderEliminar