
Cerramos el periplo por las ermitas de Magaña ascendiendo desde la villa poco más de 500m por la carretera hacia Fuentes de Magaña y San Pedro Manrique. Aprovechando un mínimo rellano en el tajo que cortó el Alhama se construyó esta ermita a la que Gonzalo Martínez otorga categoría de parroquia en época medieval. Se trata de una ermita distante unos 300m del pueblo siguiendo un viejo vial de comunicación y asociada a un barrio desde hace tiempo despoblado al que dio nombre, San Miguel.
El edificio religioso, en el sector superior del barrio, se emplaza en un punto estratégico de las barranqueras del Alhama, controlando río abajo de Magaña, complementando de esta forma un control visual que carece el núcleo central de la villa y su castillo. Es por ello que quizás no es casualidad la advocación al arcángel guerrero, San Miguel.
Tiene la ermita planta rectangular con perfecta orientación este-oeste, de cabecera en oriente y acceso por el sur o, más probablemente, poniente. De sus ruinas se adivina que pudo estructurarse en dos cuerpos, la capilla en el este y delante una especie de porche cara al castillo de Magaña y el pueblo. No hay que descartar que esta diferenciación pueda corresponderse con una nave única dividida en presbiterio y zona de fieles. La cabecera es cuad
rangular al exterior que al interior presenta forma semicircular; su fábrica es de piedra trabada con mortero de cal, igual que su proyección en el presbiterio. Estos datos sugieren como probable una datación altomedieval, al menos en origen.
Datos que inciden en una supuesta cronología medieval son los restos humanos que afloran en la parcela
inmediata situada al este y sur: hemos visto vértebras, cráneos, mandíbulas, fémures, costillas..., parece que originalmente depositados en tumbas de lajas... pero las cerámicas no son tan concluyentes: fragmentos anodinos desde un punto de vista cronológico, y lo reconocible con seguridad moderno y contemporáneo.
La situación actual de la ermita de San Miguel es de ruina total: se aprecia perfectamente la planta en sector oriental, donde los muros conservan hasta dos metros de altura, en cambio es irrecuperable imaginar el cierre de su sector más occidental al estar arrasado desde los cimientos como consecuencia del trazado y ensanche de la carretera comarcal.

Idoubeda oros 2011 etnografía: Nuria MM., Manuel CD., Eduardo AP.
Para esta entrada: Cristina AP (dibujos autoCAD), Eduardo (texto y fotos)
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