El interfluvio Cidacos-Linares entre los parcelarios de Las Villasecas y el portillo de Los Campos, con propiedad los altos de la Sierra de Alba, además de formar parte de la ruta natural comarcal entre la llanura adnamantina y el valle del Ebro en torno a Calahorra, tiene una serie de pasos trasversales que comunican por altos collados los territorios de dos viejas comunidades de villa y tierra vecinas, la yangüesa a poniente (cuenca del Cidacos) y la de San Pedro Manrique a oriente (cuenca del Linares).
Uno de estos collados se alcanza desde tierras sampedranas remontando el río Ventosa hasta su nacimiento. En el mismo alto se cruza con la carretera de Soria a Calahorra para caer, poco menos de un centenar de metros a poniente, sobre el valle del Cidacos a la altura de Las Aldehuelas. En torno a este cruce de viejas rutas y caminos, en un entorno de buenos pastos estivales, de agostadero de merinas, hay recuerdo de una antigua ermita. El topónimo, Zanquiles, dicen que es el recuerdo de un lugar sagrado dedicado a San Quiles. La ermita se ubicaba en la vertiente del Ventosa/Linares, por lo tanto aún en el término de Huérteles, pueblo distante unos 3 kilómetros. Según nos comentaron estaba a unos 100 m al norte de la actual carretera. Inmediata a la carretera por poniente una pista recorre el interfluvio uniendo la línea de aerogeneradores y junto a ella los mojones terminales de Las Aldehuelas, ya cayendo hacia el Cidacos. Muy cerca, no más de 200m al sudoeste más mojones terminales, los de Los Campos, otra de las aldeas yangüesas.
En definitiva, se asocia el recuerdo de la desaparecida ermita de Zanquiles a una confluencia de caminos y términos a caballo de dos viejas comunidades de villa y tierra, el orden territorial del antiguo régimen. Si sumamos al perfil de esta ermita lo alejada que está de cualquier pueblo, su emplazamiento muy elevado, en torno a los 1480 metros de altitud y el tradicional aprovechamiento merinero de ambas vertientes de la Sierra de Alba, es fácil dejar llevarse por recreaciones un poco soñadas en las que pastores y caminantes serían los principales testigos y actores en torno a esta ermita. A ambos lados de la carretera dos pequeñas lagunitas que dudan si verter al Cidacos o al Linares inciden en la singularidad del lugar.
Lugar de paso humano y lugar de tránsito migratorio, como todos los pasos de la Sierra. Nada se ve hoy que pueda asociarse a una ermita. Las ruinas de una vieja caseta para descanso de camineros junto a la carretera es la principal referencia. Aprovechada los últimos lustros por cazadores, de este refugio de peones camineros sale una línea salpicada de puestos cinegéticos de aves migratorias.
Salvo la confirmación del recuerdo de la ermita y su emplazamiento aproximado, nada más hemos podido saber de la ermita de Zanquiles. Hace casi 20 años, la empresa encargada de hacer el inventario arqueológico comarcal para la Junta de Castilla y León (Arquetipo) sí consiguió alguna información más jugosa, como el hecho de que no era un lugar sagrado asociado a ningún pueblo y, sobre todo, el recuerdo que se tenía del altar presidido por dos santos, Quiricio y Eurica... quizás San Quirico y Santa Julita, dos mártires de tiempos del emperador Diocleciano.
Idoubeda oros 2015 etnografía: Maricruz GC, Manuel CD, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (texto y fotos).
© idoubeda 2015

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