Desde que Avelino Hernández mitificase los despoblados de las barranqueras del Linares en su afortunada colaboración sobre los ríos de Soria, el occidente de Alcarama mantiene ese halo de leyenda en la que inciden las construcciones religiosas que nos ocupan, como la ya vista de San Fructuoso de Taniñe, la Virgen del Monte de Sarnago que ahora presentamos y alguna más que iremos dejando caer en el futuro. El tiempo y sobre todo las rutas senderistas han facilitado el acceso a los despoblados de muchos aficionados a andar caminos. Aún así estos bosques siguen escondiendo gratificantes misterios para el aventurero, lugares imposibles de localizar si no se tienen buenas referencias; las ruinas de este viejo templo y sus edificios anejos son un ejemplo, reliquias del pasado escondidas bajo la solapa verde que es la espesura de Alcarama.
El camino tradicional que desde el pueblo llevaba a la ermita se ha perdido, arrasado en los dos tercios más próximos a ésta por la repoblación de pinos. Desde Sarnago hay que tomar el camino que sale del cementerio dirección norte; lo dejaremos a 1'5 km, en la curva que salva el primer arroyo que baja del este. Remontando este arroyo enseguida nos encontraremos con el comienzo de dos cortafuegos; ascenderemos por el más septentrional. Aparecerán las ruinas a media ladera, en un entorno siempre agreste, hoy envuelto en la inmensidad de coníferas que es Alcarama.
El conjunto de ruinas que se sostienen se ordena en torno a lo que parece ser la vivienda que centró la vida del lugar en sus últimos tiempos. Tiene ésta la distribución habitual de las casas serranas: planta baja que incluía cuadras, primera planta con cocina y habitaciones, y somero. A espaldas de la casa corrales y tenadas sugieren la presencia de ganado, e inmediata por el norte la ermita, que en estos tiempos finales habría perdido su función religiosa y parece reutilizarse como un encerradero más: se ha dividido en tres espacios, parece que cuadras, precedidos a la entrada por dos corrales, y se ha levantado el alzado de las pareces norte, este y oeste, las últimas con caída progresiva hasta conectar con la sur, lo que dejó el edificio con cubierta a un agua. De estos tiempos recientes debe ser la historia que dice que el lugar era propiedad de una mujer de la familia de los Hidalgo. Su marido, aficionado al juego (las cartas según cuentan en Sarnago), apostó primero la casa, que perdió, y después a su mujer, que también. Su cuñado, un Hidalgo, tuvo que negociar con el ganador para recuperar tanto la casa como a su hermana.
Descartados los elementos aparentemente ajenos a lo que fue la estructura sagrada, quedan los restos del antiguo templo de la Virgen del Monte. Tiene la ermita planta rectangular de 23'30 x 8'50 metros con cabecera en el este y acceso por el sur. El ábside es semicircular con toscos canecillos de piedra; tuvo la cubierta de teja apoyada al interior sobre bóveda de horno en su mitad oriental. La mitad occidental parece independiente y, a falta de otros indicios, debió cubrirse con tejado a dos aguas soportado al interior por vigas de madera. En el interior oeste se aprecia a media altura el repunte de una viga de madera que atravesaría todo su ancho, seguramente soporte del coro. En la pared sur hay dos accesos, el más oriental conserva una jamba de pequeños sillares que no sabemos si soportaron un acceso adintelado o un arco dovelado; en cualquier caso este último estaría más en consonancia con el ábside medieval. Sí es evidente el arco de medio punto en la entrada más occidental, originariamente de 2'10 metros de ancho y casi 3 de altura. Este acceso se remozó en época moderna, cuando se convirtió el edifico en cobertizo anejo, colocando una travesera de madera en la base del arco y rellenando su interior salvo el punto donde estaba la clave, que se dejó como pequeño ventanuco; el ancho del acceso también se redujo con piedra a ambos lados de las viejas jambas hasta dejar convertido el rural pórtico medieval en una sencilla puerta rectangular.
Los muros son todos de mampostería, que en el repunte conservado de la bóveda mantiene restos de un revoque enlucido con cal, revoque que también embelleció al menos las paredes del presbiterio. En el interior quedan los restos de un par de pilastras no relacionadas entre sí, una próxima al tercio este en la pared norte, quizás separación entre presbiterio y oratorio, otra en el tercio oeste de la pared sur, que pudo servir de fijación para algún elemento del coro. En la pared norte del coro hay una oquedad cúbica de medio metro de lado, a modo de hornacina.
Reutilizados en la vivienda, los edificios anejos y en la propia ermita se han localizado abundantes sillares de toba. Este dato apunta a que el templo medieval descrito pudo asentarse o sustituir a otro más antiguo. En definitiva, tres son los momentos que se aprecian en el complejo de estructuras de la Virgen del Monte. El más antiguo, alto o pleno medieval, intuido en los sillares de toba reutilizados. El segundo, también medieval, el templo descrito, con al menos tres cuerpos correspondientes a otros tantos momentos constructivos: un cuerpo inicial (ábside y presbiterio), otro de ampliación (oratorio y coro) y otro de consolidación (refuerzo exterior del ábside). El tercero y último moderno, originado hace tres o cuatro siglos, en el que se edifica la vivienda actual y con el correr de los años la ermita entra en desuso como edificio religioso y acaba convirtiéndose en un edificio anejo más de la casa.
Aún se recuerda en Sarnago que antaño se iba en romería el día de la Trinidad chiquita (lunes siguiente al domingo de la Trinidad) haciéndose un descanso a mitad del camino donde actualmente se conserva una estructura preparada para un campanil. Una vez abandonada la ermita y desaparecido el camino por la repoblación de coníferas, la romería con la Virgen finalizaba en este punto.
Esta entrada es versión renovada y corta del artículo La Virgen del Monte: rastros y leyenda, publicada en el nº 6 de la revista Sarnago. https://idubeda.wordpress.com/2013/09/03/la-virgen-del-monte/
Idoubeda oros 2017 etnografía: Maricruz GC, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (texto e imágenes)
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