viernes, 31 de marzo de 2017

SAN PEDRO EL VIEJO (SAN PEDRO MANRIQUE)

 
 
Ruinas de San Pedro el Viejo
nido de
alcotanes fieros
que supieron doblegar
el valor de tus guerreros.
 
Este verso  que un grafitero anónimo de los de a viejo lápiz pintó en la pared interior del ábside, resume de forma afortunada mito y realidad de lo que son unas ruinas alimentadas por la leyenda fantástica de un pasado de monjes guerreros y templarios, y un presente en el que destaca la silueta de su descarnada estructura en el alto dominante de la cubeta de San Pedro; en la soledad y altura de su cerro acoge a la vez que compite con el vuelo de las rapaces más despiadadas.

 La iglesia fortaleza de San Pedro el Viejo se emplaza en un alto estratégico que domina los pequeños rellanos aluviales del fondo de valle de la cubeta de San Pedro. Como bien supo ver Miguel Ángel San Miguel milenio y medio antes que el edificio religioso medieval este cerro estuvo ocupado por un pequeño poblado originado en la Primera Edad del Hierro del que aún puede apreciarse el talud de su recinto amurallado y en su interior rodar fragmentos cerámicos de las culturas castreña y celtibérica mezclados con los contemporáneos de los restos medievales y otros reflejo de cierta vida en tiempos modernos.

 

Como decimos atrás, domina el punto clave de las comunicaciones del alto Linares, está sin duda en el centro geoestratégico comarcal; localizado en la margen derecha del río no es casual que en la suave loma situada en la otra margen se emplazase la capital que centralizó el poder en época celtibérica y romana, Los Casares, y a poco más de un kilómetro la villa medieval y moderna. Se accede desde San Pedro Manrique tomando la carretera que se dirige al vecino valle del Alhama, apareciendo su imponente dominio a la izquierda de la carretera poco después de atravesar el Linares por el puente tradicional que lleva a Magaña y el Alhama.


La iglesia tiene planta basilical de 3 naves, la central con el doble de anchura que las laterales. En la cabecera esta nave central remata en ábside semicircular, la nave norte tiene el testero plano y la meridional da acceso a la torre cuadrangular. El conjunto tiene unas dimensiones totales de 32'00 x 14'90 m con la puerta principal centrada en la fachada sur.


La cubierta se ha perdido salvo su conservación parcial en sus cabeceras orientales. Las tres naves tuvieron bóveda de cañón, con la nordeste ligeramente apuntada y en el ábside de medio cañón rematada en bóveda de horno. La fábrica del conjunto de estructuras es de piedra con buenos sillares en las esquinas (sillarejo), y potentes muros exteriores de entre 1 y 1'40 m de anchura e internos de 0'80 y 0'90 m. El peso de la cubierta se contrarrestó con contrafuertes laterales como los dos conservados en la pared norte más pilastras y arcos fajones soportando la bóveda, tres en cada nave. El ábside tuvo dos vanos abocinados ricamente decorados en su exterior, sillares labrados por desgracia expoliados como los del pórtico del acceso principal. También por el exterior el ábside contó con un zócalo decorado, una moldura con bocel y filete. El interior estuvo estucado y encalado, enlucidos decorados con pintura mural roja, azul y negra apreciándose geométricos, algún medallón y un jinete.


La torre-campanario tiene planta cuadrangular de 5'40 x 4'20 m y conserva más de 12 m de altura. Contó con dos pisos separados por impostas de chaflán, el superior con vanos de arco de medio punto dovelado, el inferior con arcos apuntados. La datación del conjunto de edificios se sitúa en época plenomedieval, con su momento original en el siglo XII, probablemente avanzado.


Además de dar nombre a la propia villa, la vieja Comunidad de Villa y Tierra de San Pedro Manrique tuvo al apóstol como co-patrono junto a la Virgen de la Peña. No es extraño por tanto que en las fiestas locales salga siempre acompañando en procesión a la Virgen en los recorridos que ésta hace entre las ermitas del Humilladero y la Virgen de la Peña. Parece que originalmente la capilla del santo estuvo en lo alto de San Pedro el Viejo. Además de la talla que sale sobre andas en las procesiones, la parroquia local conserva otra imagen de San Pedro, más antigua y también sedente, que tal vez antaño ocupó esta capilla.

Cuenta Blasco en su Nomenclátor de hace ya más de un siglo que aún se conservaba en regular estado un torreón cuadrado con una iglesia y restos del monasterio que la tradición decía templario, aunque como tal sobrevivió pocos años: construido para 40 monjes de la orden, tenía las celdas del convento inmediatas a su sector oriental, unas celdas que aún se veían en tiempos de la relación de Tomás López a finales del siglo XVIII. Parece que es pocos años antes de esta relación cuando se demuele la hacienda y está en ruina lo que ya es definido como ermita. En base a lo escrito por Tomás López, Carlos Álvarez defendió hace dos décadas el origen templario del monasterio, en cambio Gonzalo Martínez por las mismas fechas lo pone en entredicho, visión esta última que tiene más predicamento en la investigación actual.


Una parte de la riqueza patrimonial de San Pedro el Viejo se ha perdido o está expoliada. Los sillares de sus esquineras y, sobre todo, los tallados en torno al sector exterior de los vanos del ábside y del acceso han desaparecido; los de la portada románica parece que se localizan en Nueva York. De las bóvedas de cañón de las naves quedan sólo los riñones y vestigios de la imposta achaflanada. Respecto a la pintura mural hay referencias también a un monje que blande su lanza en posición de atacar a una fiera, imagen de la que no hemos localizado vestigios. En un trabajo reciente, la Enciclopedia del Románico en Castilla y León. Soria, se ha calificado a los restos pintados de tardogóticos o renacentistas.

Quienes subscribimos este texto conocemos meridianamente bien la problemática que rodea a este bien patrimonial. Nos consta la concienciación de la opinión pública local, así como la buena voluntad y los esfuerzos realizados por los intelectuales y los poderes públicos sampedranos desde hace al menos dos décadas ante la situación un poco estancada de San Pedro el Viejo. Aunque su conservación no genera alarma, sí que hay cierta unanimidad al pensar en que el lugar no se merece el desangelamiento en que se encuentra. En esta situación no hay que buscar (ni hay) culpables, es una situación sobrevenida en la que con buena voluntad y, sobre todo, con altura de miras el Castillo de San Pedro el Viejo acabará ocupando el lugar que entendemos le corresponde, uno de los referentes patrimoniales de la vieja comunidad de villa y tierra sampedrana, de las Tierras Altas de Soria en general, y en particular de la villa, San Pedro Manrique.


 Idoubeda oros 2017 etnografía: Maricruz GC, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eva GV (dibujos autocad), Eduardo (texto e imágenes)

© idoubeda 2017


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