
Con razón gustan reivindicar en Vizmanos el carácter comarcal de la Virgen de Valdeayuso, también llamada la Virgen de los Pastores. Su devoción atrajo especialmente a este colectivo tan serrano, esencia cultural de la vieja comunidad de villa y tierra yangüesa. No solo era reconocida por los pastores del valle del Cidacos, también acudían a visitarla gentes de las lejanas tierras extremeñas a las que seguro que contagiaron la devoción nuestros pastores trashumantes.


La ermita se encuentra en buen estado gracias al empeño de los vecinos que recientemente consolidaron sus paredes y restauraron la cubierta.
Se estructura en tres partes, presbiterio,
nave central y espadaña, todo ello realizado con alzados de piedra local y cubierta de teja excepto la espadaña que se remata con amplias lajas de pizarra. La parte más antigua es la cabecera, absidiada y orientada al sudeste. En el interior la zona absidiada constituye el presbiterio, separado de la nave por un enrejado de madera en el que se tallaron motivos vegetales, ángeles y grifos, todo ello policromado. Este artesonado en madera polícroma se amplió al techo de presbiterio y nave. El presbiterio está presidido por un pequeño retablo y flanqueado por dos poyos laterales; en el norte se reutilizó como asiento una estela romana conservada íntegra aunque en dos fragmentos.
Otra estela romana sirve de umbral en la puerta de acceso, que se hace por la nave. A la derecha de la puerta una estela discoide medieval decorada con una estrella de cinco puntas sirve de pila de agua bendita. El suelo de la nave y también parte del presbiterio se hizo con canto rodado muy menudo dibujando motivos geométricos; dominan los circulares que repiten flores simétricas de seis hojas. En el fondo occidental y previo a la espadaña se conserva el coro, íntegramente realizado en madera.

En la descripción previa ha podido apreciarse cómo en la ermita
se reutilizan materiales de una época más antigua que el románico rural del ábside, lo que hace plantearse unos orígenes de la ocupación más remotos no vinculados a la estructura religiosa actual. La estela medieval remite a una necrópolis, esta sí, compatible con los tiempos originarios de la ermita. No así las dos estelas romanas, recuerdos de una niña y un adulto, ANTESTIA SERANA y AEMILIVS MATERNVS. Se trata de gentes serranas de unos tiempos paganos marcados por creencias tanto romanas, las cabezas esquemáticas representando a los difuntos, como por viejas creencias de tiempos celtibéricos que tienen a ciervo y toro como símbolos para la eternidad.
La prospección del entorno no avala una ocupación en tiempos romanos, aunque tampoco se p
uede descartar. Sí es evidente la ocupación de tiempos medievales; lo confirman algunos fragmentos de cerámicas a torneta y ciertas decoraciones con rayas incisas a peine con las habituales retículas y ondas. De cronología imprecisa pero muy frecuentes en época medieval son las grandes 'fichas' de piedra que han sido interpretadas como las tapaderas de sus ollitas. Parece que en el pasado la ermita estuvo acompañada por algún otro edificio o estructura que justifique los derrumbes de piedra que hay en el sector sudoeste. Salvo algunos muros de cerrados ganaderos situados más al norte no está clara su función; puede especularse con la existencia de alguna vivienda que habría de estar asociada a la ermita y a su mantenimiento.
Abundantes son las tradiciones de esta ermita, incluso aún se celebra ocasionalmente algún oficio religioso, como la misa y romería el día de su fiesta (8 de septiembre). Buena parte de sus festejos estaban relacionados con su tradicional vínculo ganad
ero. En la Ascensión (finales de
mayo), coincidiendo con la alegría que suponía el regreso de los pastores trashumantes, se acudía en romería a por la Virgen para trasladarla a la iglesia del pueblo. El 8 de septiembre se volvía y se dejaba en la ermita, donde pasaba todo el invierno. También se celebraba aquí la Anunciación (25 de marzo), acudiendo el pueblo en procesión para rezar una oración a la Virgen y 100 avemarías. Otra fecha clave en el ciclo anual rural era la propiciatoria bendición de campos que se hacía en los prados de la ermita el día de la Cruz de Mayo. Como nos contaba Juani, un detalle que habla del esmero y cuidado cotidiano por la Virgen, reflejo a la postre de devoción, era la muy romántica obligación que tenía la última mujer casada en el lugar (todas querían casarse en Valdeayuso), de mantener encendida vela de la Virgen; aún puede verse su soporte de hierro clavado en la pared meridional del presbiterio.

Para esta entrada: Nuria (dibujos autoCAD), Manuel (análisis cerámico), Eduardo (texto y fotos).

No hay comentarios:
Publicar un comentario