Tiene Bretún una ermita semiescondida custodiando el sector oriental del pueblo. Aunque es visible desde la carretera que se dirige a Villar del Río entre la broza y los chopos al otro lado del barranco, el único acceso diáfano es desde el pueblo. Hay que llegar al puntal de su límite oriental y descender el corte rocoso por un zigzagueante camino los poco mas de 50m que separan la ermita del último edificio.
Tiene la ermita planta rectangular con casi perfecta orientación norte-sur. Su estructura es la habitual de capilla cuadrada con cabecera en el norte y porche de acceso de cara al camino que pasa por el sur. El altar de la cabecera se corona con una hornacina. Clavos fijados por toda la pared norte apuntan a que en el pasado la cabecera estuvo presidida por un retablo o quizás una tabla. Sí hay recuerdo de que la hornacina estaba ocupada por un cristo que hoy se conserva en el coro de la iglesia local. En los laterales de la capilla (oeste y este) había sendos bancos corridos de piedra adosados a la pared. El acceso a la capilla desde el porche se hacía med
iante puerta única enmarcada por un arco de medio punto dovelado. El porche era totalmente abierto y contaba con sendos poyos laterales de asiento. La cubierta era a dos aguas (norte y sur), aunque algunos datos como la diferente fábrica del mampuesto superior de las paredes oeste y este apuntan a que en origen es posible que fuese a cuatro. Este conjunto de datos señalan al siglo XVII o XVIII como el de la construcción original de la ermita.
iante puerta única enmarcada por un arco de medio punto dovelado. El porche era totalmente abierto y contaba con sendos poyos laterales de asiento. La cubierta era a dos aguas (norte y sur), aunque algunos datos como la diferente fábrica del mampuesto superior de las paredes oeste y este apuntan a que en origen es posible que fuese a cuatro. Este conjunto de datos señalan al siglo XVII o XVIII como el de la construcción original de la ermita.
Nos contaban Saturnina y Vicente, hermanos nacidos en Bretún, que era tradición celebrar una procesión el Domingo de Ramos en la que el quinto de ese año llevaba la cruz desde la iglesia hasta la ermita y viceversa. Por la poca población del lugar no era frecuente que hubiese más de uno o dos quintos por año. Si así era se repetía la procesión el día de Jueves Santo y era el segundo quinto el encargado de llevar la cruz.Hasta principio de esta primavera la ermita estaba en ruinas, sin cubierta y con las paredes parcialmente derrumbadas, especialmente las del porche. Gracias a lo que parece ha sido una iniciativa privada, desde hace poco menos de un mes la ermita está totalmente restaurada, circunstancia que celebramos y felicitamos a los promotores, nos consta que desinteresados, de su reconstrucción.

Idoubeda oros 2009 etnografía: María LP., Nuria MM., Cristina AP., Manuel CD., Enrique BC., Eduardo AP.
Para esta entrada: Cristina (dibujos autoCAD), Eduardo (texto y fotos)


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