domingo, 3 de octubre de 2010

ERMITAS EN LA CUBETA DE MAYA Y EL VILLAR: SANTA CASILDA



Uno de los puntos principales en las comunicaciones del alto Cidacos fue el vado que ha dado nombre a uno de sus pueblos, El Villar del Río. Reflejo de esta importancia es la advocación mariana de su iglesia parroquial, Nuestra Señora del Vado. Parece lógico pensar que el origen medieval de la población y, sobre todo, su indudable papel como eje de las comunicaciones que vertebraron la desaparecida Comunidad de Villa y Tierra Yangüesa, haya que achacarlo al control de este punto estratégico de paso. Es por ello que río y vado han quedado reflejados en el nombre del pueblo y en su principal construcción religiosa. No parece casualidad tampoco que la talla de la Virgen que preside la parroquia se date en torno al siglo XIII, momento de consolidación del orden territorial castellano en puntos origen de las repoblaciones (las merindades) y en territorios desde ellas repoblados (las comunidades de villa y tierra).


La iglesia parroquial custodia la margen izquierda del río, a modo de bastión que controla los transeúntes que pasan el Cidacos. Pero la que nos interesa aquí es la otra orilla, la derecha. A poco más de 100m aguas abajo del vado antes de atravesar el puente, controlando a quienes, por la razón que sea, prefirieron no atravesar el río y seguir dirección al Ebro por la más complicada margen derecha, allí nos encontramos otro hito religioso, la ermita en cuestión, Santa Casilda.












Se trata de una ermita más antigua de lo habitual, aunque su estructura responde a la normativa capilla cuadrada precedida de porche a la que se accede mediante puerta gemela. La naturaleza de la piedra de construcción, su estructura que cuenta con elementos arrastrados del gótico como la cúpula sustentada en nervios labrados, los contrafuertes, las cornisas y vanos tallados, así como con otros elementos de gusto más clasicista como las puertas adinteladas que unen porche y capilla, apuntan a que es obra contemporánea de la iglesia parroquial, el siglo XVI, lo que incide en el vínculo entre ambas y su relación con uno de los elementos clave en el desarrollo del pueblo, el vado del Cidacos. En cualquier caso la ermita, aunque pueda ser algo posterior, es el referente arquitectónico en que se fijarán todos los humilladeros y demás ermitas que proliferarán en la comarca en los siglos inmediatos.

La calidad de la obra es evidente: cúpula, contrafuertes, cornisa, vanos, puertas... todo se realizó en piedra, con las piezas claves perfectamente labradas en forma de sillares. La previsión y regularidad de la obra se completa con su perfecta orientación oeste-este, su acceso por poniente y cabecera en el este.

Cuenta la tradición que Casilda de Toledo fue una princesa mora que llevaba alimentos a los cautivos cristianos allá por los principios del siglo XI, cuando Toledo era taifa andalusí en la que reinaba su padre moro. Sorprendida en una ocasión se produjo el milagro, los alimentos se trasformaron en rosas. A pesar de ello y a pesar de ser hija del rey fue martirizada. 'Milagro' es también que la ermita se conserve en aceptable estado gracias al arreglo de la cubierta, tanto de la cúpula como del tejado del porche. Un pero puede hacerse a su actual estado; se ha bloqueado acceso al porche, que se realizaba mediante vano único en arco de medio punto... El otro pero más que pero es lamento pelín romántico por la sustitución de tan sublime mártir por un rincón industrial donde se crían conejos, destino cunicular actual que ha servido con todo para dar por buenos los peros, que haya sobrevivido la estructura de la ermita.



Idoubeda oros etnografía 2010: Nuria MM., Cristina AP., Manuel CD., Enrique BC., Eduardo AP.
Para esta entrada: Nuria (dibujos autoCad), Eduardo (texto y fotos).

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