Hace poco más de una década tuve la ocasión de revisar los informes arqueológicos previos a la autorización de la apertura de canteras en el entorno de San Pedro Manrique. En ellos aparecía un lugar al que los arqueólogos denominaban San Juan y en el que localizaron un fragmento de vajilla de mesa romana y dos de tipología celtibérica. Las coordenadas UTM que proporcionaban me llevaron al otro lado del Puente de la Dehesa, a una pieza labrada situada entre la cuesta que sube a San Pedro el Viejo y la pista que conduce a las granjas localizadas al sur de la Dehesa.
La prospección que llevo a cabo entonces incidía en lo expuesto en los informes, contadísimos, diminutos y muy rodados fragmentos de vajilla romana y celtibérica. La lectura de los mismos es clara, el eco de la vida en el oppidum celtibérico-romano situado a unos pocos centenares de metros al otro lado del Linares, en términos arqueológicos la isócrona de los 15 minutos, resabios materiales propios del espacio suburbano allende las murallas y a no más de dicha distancia temporal a pie.
El verano pasado, gracias a Dolores Sáenz, llegó a mis manos un libro interesantísimo (y también entrañable) publicado el año anterior por Corpus Munilla. Además de la recreación de San Pedro Manrique en la década de su nacimiento (1920-1930), el autor reproduce algunos textos de los archivos parroquiales estudiados y comentados por Saturio Barrero, maestro de Matasejún en esa década. En ellos son explícitas dos referencias a una ermita de la villa que se nos había escapado a los que hemos indagado en el tema. Desde la primera lectura era evidente que había que relacionar el topónimo de las prospecciones arqueológicas con esta ermita, como creo que queda claro en los comentarios de Saturio Barrero.
En el primero de estos comentarios se dice que a las letanías de las ermitas tenían que acudir de cada parroquia un clérigo y el sacristán, correspondiéndole a la de San Miguel proveer de misa en la ermita de San Juan de la Dehesa el lunes de letanías. Mucho más claro está el segundo: a las procesiones que subían hasta San Pedro el Viejo tenían la obligación de acudir todos los clérigos que recibían algún tipo de beneficio eclesial y estuviesen el día de la procesión en la villa (el día de San Pedro, en Pentecostés, etc.). De esta obligación estaban exentos los curas viejos o impedidos a los que se exoneraba de subir al alto, eso sí, tenían que llegar hasta la ermita de San Joan de la Dehesa, so pena de tener que pagar como multa dos reales. Se les liberaba en definitiva de subir los duros repechos de San Pedro el Viejo.
Queda claro en estos documentos que la ermita nada tiene que ver con la parroquia homónima situada en la ladera del castillo, que su nombre casi obliga a un vínculo físico con la Dehesa por localizarse dentro de ella o en sus inmediaciones, y parece evidente también que por su relación con las procesiones a San Pedro el Viejo habría que buscarla entre el Puente de la Dehesa y el primer repecho de acceso a las ruinas de la iglesia monasterio.
Idoubeda oros 2018 etnografía: Maricruz GC, Eduardo AP.
Para esta entrada: Eduardo (texto e imágenes).
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