Cuenta Manuel Toledo que allá por 1619 Alonso de Mizmanos en su testamento mandó construir una ermita junto al hospital de Yanguas para que por siempre jamás hasta el fin del mundo se dijera misa todos los domingos del año y las tres festividades de la cruz por el eterno descanso de su alma y el de su mujer Luisa de la Vega.
Esta ermita, llamada del Santo Cristo del Humilladero, está situada en la encrucijada de un camino tradicional, el de la ruta natural del Cidacos con el empalme que asciende hacia la iglesia de San Miguel y de ahí hacia el pueblo de La Vega. El entorno es hoy espacio suburbano de Yanguas aunque en el pasado se incluía dentro del recinto amurallado de la Villa Vieja, junto al antiguo hospital hoy habilitado como albergue.
Poco es lo que queda de esta ermita de propiedad particular que tras desmantelarse en parte, fue utilizada como cobertizo de una huerta donde hoy reina un abandono sembrado de zarzas, arbustos y maleza. A pesar de ello se conserva parte del alzado de algunos muros perimetrales. Lo que se aprecia sobre el terreno son los restos de un edificio rectangular, con un vano cegado en la pared oeste y un acceso muy simple en el sur.
Aún así, todavía hay quien recuerda algunos detalles del interior, como Vidal que comenta que estaba estructurada en capilla y porche, con cabecera en el norte, acceso a la capilla mediante dos puertas con arco de medio punto y al porche mediante vano único. Con esta descripción es evidente que su orden es el normativo de las ermitas de los siglos XVII-XVIII, la excepcionalidad está en que es en el lado largo en el que se sitúan cabecera y accesos. Recuerda también que en el este había una puerta que daba a un cementerio particular, propiedad de los dueños de la ermita. Sobre el tejado había un campanil en una pequeña estructura de piedra a modo de diminuta espadaña.
Hay en el pueblo quién se refiere a la ermita como la Virgen del Humilladero, advocación mariana que viene justificada por la existencia de una imagen de la Virgen en su interior y que Vidal recuerda con un manto negro, quizás una Dolorosa nos dice. Quizás sea la imagen de La Soledad que menciona M. Toledo y que parece está ligada a la ermita desde su fundación pues la capilla tenía todos los ornamentos litúrgicos y una imagen de la Quinta Angustia y de la Soledad. Nada queda hoy, solo unos muros cerrando una huerta y dispersos por el entorno algunos fragmentos cerámicos; entre ellos un fragmento a torneta, gris, con rayas incisas horizontales evocador del momento más antiguo en la vida de la Villa Vieja, la Alta Edad Media.
Idoubeda oros 2011 etnografía: Nuria MM., Cristina AP., Manuel CD., Eduardo AP.
Para esta entrada: Vidal (documentación y foto antigua), Manuel (análisis cerámico), Eduardo (Texto y fotos)
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